Un ocho de octubre, para la conmemoración del Día del Guerrillero Heroico, llegó a Vallegrande Jaime Junaro. Traía su guitarra, su voz inconfundible y su deseo ferviente de rendir homenaje al comandante asesinado. Sin estridencias ni alharacas, se tomó el tiempo para deleitar a la audiencia con canciones que hablaban de amor y de nostalgias. Le pedimos que cantara aquellas que tenían que ver con las luchas de nuestros pueblos, pero se sonrió socarronamente y no cambio de repertorio.

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