A vencer los bloqueos criminales

Cuando un pueblo pacífico decide los rumbos propios que desea tomar, y éstos abren horizontes nuevos poblados de solidaridad, amor y trabajo mancomunado, el imperialismo yanqui monta en cólera, se enfurece y reclama que nadie puede salirse de su órbita. Brama que todo ejemplo de esa naturaleza es perjudicial para su “modo occidental de vida”; insta a la oveja rebelde a volver al rebaño, por las buenas y por las malas.

Aplica, entonces, con perversa cadencia, el garrote y la zanahoria. El primero también se reviste de acto civilizatorio; utilizará la fuerza bruta cuando ya los demás caminos se le hayan cerrado y la terquedad de los pueblos se manifieste en las calles, en los caminos y en las urnas. Así ha ocurrido en Bolivia; así está ocurriendo en Perú y Chile; así ocurrirá en el resto del continente, más temprano que tarde. Pareciera ser la eterna historia de nuestra América. No será un parto fácil -ninguno de ellos lo es-, importará sacrificios de diversa índole, y no pocas luchas de resistencia.

Pero el mayor ejemplo de ello, por más de sesenta años, es Cuba; cuyo pueblo se ha acostumbrado a responder con altivez propia de los dignos, todo tipo de agresiones de las que se ha podido emplear en la historia. Desde los bombardeos de aviones fantasma con falsa bandera a los centros de producción para ahogar su economía, pasando por la guerra biológica y otros horrores, hasta culminar con la agresión armada pura y llana… Una y otra vez, Playa Girón, esa gran derrota militar de los yanquis en la isla de la libertad, se reproduce en la heroica acción de ese pueblo.

Prueba entonces el imperio la infamia como arma. Utiliza a unos cuantos desesperados, traidores de sus hermanos y hermanas, para aparentar ante la comunidad internacional supuesta disidencia colectiva, ahogados intentos de oposición política y otras figuras que son cantos de sirena para incautos. Aceita, para ello, una feroz y sanguinaria maquinaria de guerra, disimulada en los grandes medios de comunicación, para difundir mentiras con apariencia de verdad. Imaginan supuestas adhesiones masivas que quieren provocar; pero, el pueblo, a contrapelo de los deseos del imperio, estrecha filas para defender lo suyo, su Revolución, sus conquistas. Sorprende cotidianamente, desde hace más de sesenta años, con la novedad de derrotar una y otra vez a la potencia político militar y económica más poderosa que ha conocido el género humano, ese enemigo de la especie que se llama imperialismo yanqui.

Tamaña gesta heroica no deja indiferentes a los más, a los sin voz, a los postergados de la historia, que le brindan su solidaridad y afecto; en todas las latitudes del mundo. Aquí, en Santa Cruz de la Sierra, desde hace unos meses, ha cundido la buena costumbre de expresarlo una vez al mes. Inspirados en la iniciativa conocida como Puentes de Amor, que ha nacido en la entraña del monstruo, en el mismo Estados Unidos, para manifestar el clamor del cese al bloqueo criminal norteamericano contra el pueblo de Cuba, bolivianos y bolivianos se juntan en la Plaza José Martí de la capital cruceña, para expresarles a sus hermanos del Caribe que no están solos, que mientras exista dignidad, habrá siempre una voz que se haga cómplice del amor.

Sentimiento que gana la calle y la plaza, no para explotar en justa violencia, sino para reavivar, con canciones en la voz encendida de Jaime, el reconocimiento al derecho a la autodeterminación de los pueblos. A recordar, en la voz de Humberto, que mientras el imperialismo yanqui continúa tirando toneladas de bombas en diferentes puntos del planeta, la Patria de Martí y Fidel riega tierras lejanas con un ejército de batas blancas, mandando médicos y médicas que alientan la ternura y socorren al necesitado, al pobre, al postergado, al que sueña con un mejor futuro para sus hijos e hijas.

Porque Santa Cruz no es lo que pintan los medios; territorio de violentos y racistas, de empedernidos odiadores que no toleran que el país empiece a levantarse y a remontar la crisis heredada del gobierno de facto que, en su momento, representó a esa élite a la perfección, mostrando los dientes y las uñas para enriquecerse a costa del sufrimiento y la salud del pueblo.

Santa Cruz, solidaria y revolucionaria, se levanta de una u otra forma, enfrentando los criminales bloqueos de los enemigos del género humano. ¡El amor vencerá!

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