«GAGNSTERISMO MEDIÁTICO” y mucho más

La vértebra dislocada

Les dijeron “Cartel de la Mentira”, “Cloacas mediáticas” y más recientemente “Gagnsterismo mediático”, conceptos extremos a los que se apelan para exhibir el mal periodismo que practican, para explicar a la gente la existencia de un proceso deformativo de la realidad, arropado por tintes políticos, que difunden narrativas de odio promoviendo así el acoso, la violencia y la descomposición de los valores democráticos del país, lo chistoso es que “ellos” dicen exactamente lo contrario.

Desde que irrumpieron las redes sociales, el mundo periodístico colapsó, los hábitos de consumo informativo cambiaron. El periódico, la radio y la tele fueron quedando atrás. Las redes se convirtieron en el portal informativo preferido, con ello se abrió una caja de Pandora tan compleja que nos demostró lo atrasados que estamos como Estado, al no poder comprender que nuevos tipos de regulaciones se deben aplicar para tratar de contener la emisión de información masiva (irresponsable) a la que estamos sometidos como audiencia. Muchas personas empezaron a difundir sus distintos puntos de vista, la gran mayoría optó por lo político, la dificultad se genera, cuando estos emisores se autoproclaman periodistas, asumieron que el simple hecho de emitir un criterio propio, válido o no, es suficiente para asumir que se practica periodismo y no es así.

Para ejercer el periodismo, se tienen que cumplir varios principios, en su mayoría relacionados con la ética, el estudio y la academia, los más básicos: parte y contraparte, además de ser objetivo, responsable, preciso; no especular, mentir, insultar, saber diferenciar entre informar y opinar, hasta escribir sin errores ortográficos. Ahora, la irrupción de cientos, sino miles de “programas digitales” que a diario cruzan los límites de la práctica entre un buen o mal periodismo. A este gran segmento se los puede llegar a comprender en el contexto de la libertad de expresión, pese a su falta de formación, a que priorizan lo emocional antes que lo racional, por permitir que su ingenuidad e inmadurez política los dominen y sobre todo su falta de rigurosidad a la hora de emitir criterio.

Ocurre que estas malas prácticas, las están aplicando una buena mayoría de los medios convencionales, los verdaderos periodistas, quienes en teoría no deberían hacerlo, tergiversan, sesgan, manipulan la noticia, informan a medias, se dejan llevar por sus emociones y todo lo asumen de forma personal, promueven y generan la violencia difundiendo y amplificando el mensaje del odio, a tal extremo que han dejado de ser medios de comunicación y/o empresas de comunicación se han convertido en actores políticos, asumieron una postura, especialmente relacionada con la derecha liberal. Están tan enfrascados en la lucha política que han olvidado las necesidades informativas reales de sus audiencias, lo único que hacen es afirmar lo mal que lo hacen los políticos adversarios a la línea ideológica del medio de comunicación.

Envueltos en una vorágine de frustración y odio, los medios locales se enfrentan hoy no solo a una crisis periodística y política, también a una existencial y económica, porque básicamente han realizado una mala lectura en todas las áreas posibles, apostaron a perdedor, no a un elaborado un estudio de audiencias que los guíe en su planificación periodística/empresarial y lo que es peor siguen atrapados en el mundo analógico, por ello, cuando hablan de “asfixia económica” reconocen que su bipolaridad los está destruyendo, son empresas de comunicación o medios de comunicación, hacen política o practican periodismo. La gente ya no compra periódicos para informarse, la radio es un motor de compañía diario; la tele, a no ser por sus novelas o realitys ya no informa, sus informativos son campos de batalla, sus periodistas/conductores prefieren vender comedia burda entre gestos y cuerpos esbeltos antes que criterio y análisis.

Son estas crisis las que en realidad los asfixian, puede que uno u otro diga que sin dinero (publicidad) del Estado mueren, que es el mejor y el peor cliente a la vez, si realmente dependen del gobierno de turno para generar estabilidad económica creo que no les corresponde definirse como periodistas, si su criterio ha de ser siempre el de “cuestionar al poder”. ¿Por qué ahora subjetivamente denuncian, publicitan, victimizan su franca dependencia?, mucho más cuando la torta publicitaria en estos tiempos no está definida exclusivamente para los medios convencionales, también por los alternativos (serios).

Es necesario conocer los verdaderos índices de audiencia y ventas (periódicos) para saber si son o no consumidos por los bolivianos, sería también maravilloso estar al tanto sobre qué consumen, así no dependemos de criterios confusos y relativos a la hora de analizar los factores que hacen del periodismo nacional un fracaso, porque la publicidad estatal no debería ser la columna vertebral de sus ingresos sino uno más entre muchos otros. Extraña señal que la empresa privada ya no invierta tanto dinero en ellos, como en el pasado, ¿Será porque ya no son atractivos, porque sus contenidos son débiles y pueriles o simplemente ya no justifican negocio alguno y se convirtieron en un “gasto absurdo”? Estos razonamientos tienen que ser estudiados, debatidos si es que los pocos medios que quedan desean sobrevivir.

Los medios critican con justa razón al sistema judicial nacional, por sus debilidades y vulneraciones a los derechos de todos, sin embargo, entran en contradicción cuando de juzgarlos a ellos se trata, si bien cuentan con “La ley de imprenta” que los protege y defiende, a la hora de “juzgarse” o “autorregularse” no lo hacen como se quisiera, un periodista/conductor rompen los códigos éticos y nadie le dice nada, no es sometido a una crítica/estudio “de oficio” que promueva la práctica de un periodismo responsable, por tanto entran en contradicción, juzgan pero no se juzgan, ellos mismos se generan “mala publicidad”, puesto que han ido debilitando su credibilidad, que al final de cuentas, es lo que más vale y no asumir un rol de victimización cuando en los hechos demuestran que no pueden administrar el poder social que les dota el ser periodistas y hacer periodismo.

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