Hoy a título de libertad de expresión, algunos periodistas y sus medios han cambiado el chip para la lectura correcta de los acontecimientos. Hay talento y del bueno en las corporaciones periodísticas afines a la manipulación de sus propios empresarios, en esa vorágine de la desinformación hay expresiones de profesionalismo, de inteligencia. Pero en todo ello, hay mucho dinero de por medio y también poder.
Estamos todavía viendo a un periodismo que corresponde a intereses de las grandes corporaciones. Que favorece a la élite empresarial. Un periodismo que tiene como único fin manipular la información, que la desarticula, la mancilla, la falsifica. Todavía vemos, no en la generalidad, a un periodismo degradante que calumnia y que hace de la mentira su mejor arma.
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