¿Otra República?

La política es un conjunto de prácticas de articulación conflictiva de lo social, procesos que le dan sentido a las sociedades, a la forma de la disputa por el poder, a la forma de organización del Estado, son procesos que ordenan dialécticamente la vida social (Gramsci); la política tiene nivel de intensidad por el grado de politización de las sociedades y los grupos sociales en disputa.

La disputa por el sentido estatal son tiempos de crisis, el efecto de la resolución de las crisis constituye una nueva realidad que marca la nueva dinámica de la política. La crisis estatal del republicanismo colonial y capitalista de inicios de siglo fue resuelta a partir de una articulación sindical, territorial, política de lo nacional popular con liderazgo indígena anticolonial y antiimperialista, por la vía de la movilización social y democrática.

La transformación de la crisis no está limitada a la formalidad del triunfo electoral de 2005, sino a la constitución de un nuevo bloque hegemónico, una visión y propuesta estatal, la forma sindical territorial de la política y un liderazgo indígena carismático.

Desde las derechas la respuesta fue dando un viraje, concentrando la titularidad de la oposición en los grupos de poder económico y político de Santa Cruz, expresados en la institucionalidad cívico, política, corporativa, empresarial, mediática y religiosa.

Las figuras políticas nacionales como Tuto Quiroga, Doria Medina, Manfred, Mesa, agrupaciones ciudadanas y lo que quedaba de las estructuras partidarias, se fueron subordinando incondicional y sumisamente al mando único de la “cruceñidad cívica”, asumiendo las tesis regionalistas, oligárquicas y separatistas como síntesis de su unidad nacional.

Ser opositor partía por considerarse parte de ese núcleo, la validez de su razón no estaba en representar una propuesta nacional, sino subordinar lo nacional al ideal de la cruceñidad, al modelo “exitoso” cruceño.

El método que tuvo relativo éxito los primeros años fue la apropiación del departamento en la autodenominada “media luna” (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija), a través de cuatro pilares: el político, prefecturas, comités cívicos, municipios; el ideológico, Nación Camba, medios de comunicación, iglesias; el económico, empresas privadas; y el de la coerción, Unión Juvenil Cruceñista y otros similares.

La forma para intervenir políticamente prefiguró al enemigo: al indígena, al centralismo colla, al masismo. La forma de manifestarse y validarse socialmente es la violencia, esta lógica de generar conflicto como posibilidad de poder se expresó en el golpe de 2019 y fue la síntesis del gobierno de facto.

Los abanderados de la violencia fueron nuevamente derrotados por la manifestación democrática del soberano, pero la violencia como método político seguirá siendo el medio para que intervengan públicamente ante la ausencia de proyecto.

Figuras del pasado y nombres sensacionalistas del presente, envueltos en el ropaje republicanista, intentan superar el vínculo con la derecha cruceña con propuestas elaboradas y copiadas de la ultraderecha americana y europea.

Goni y el Zorro, con el auspicio de medios de comunicación privada, analistas “independientes”, divulgaron el proyecto de Constitución elaborada por el Kozolchyk National Law Center, influyente organización vinculada al establishment imperial, como si fuese de la autoría del expresidente.

El proyecto no solo que es retrógrado, sino que desconoce la demanda más importante de Santa Cruz y el establishment: la autonomía, pero en lo estructural es desconocer el sentido descolonizador del Estado Plurinacional y el rol del Estado en el desarrollo del país.

Las otras dos propuestas: la Tercera República impulsada por un grupo de personas que se visibilizan a través del programa Bunker, denominado por el periodista Pomacusi como la “cloaca mediática”, reivindican en lo central la misma tesis de la ultraderecha española Vox, “Patria, Hogar, Libertad”; y Al-Bus (Alianza por Bolivia Unida y Solidaria), del político socialista reconvertido en un fanático derechista antievista, propone reponer la República del nacionalismo de 1952 y a la “nación boliviana” como síntesis de identidad nacional.

Estas dos últimas ideas, que aparentan ser propuestas, son el intento de la ultra y de la derecha de querer superar la lógica regionalista y de estar subordinadas a Santa Cruz; segundo, los ejes ideológicos ya no parten por criticar la gestión de gobierno, sino por descalificar lo que representa el Estado Plurinacional, al bloque indígena popular, al liderazgo anticolonial.

Sus propuestas aún son balbuceos políticos, pero son los intentos de dejar atrás la imagen de frustración y derrota que representan sus excandidatos presidenciales —incluido Camacho—, quieren ser la renovación dentro la derecha con propuestas conservadoras del siglo pasado, que incluso el mismo liberalismo las considera retrógradas.

(*) César Navarro Miranda  es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda

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