Etiqueta: Violencia Política

Carlos Mesa representa la oligarquía señorial, aquella que entrada en desgracia mantiene el boato de la aristocracia boliviana cuya raíz se encuentra en la soldadesca europea que sometió a los pueblos del Tawanti Suyu. En cambio Luis Fernando Camacho es un producto de la oligarquía regional modernizada y que juega a la política desde su posicionamiento económico territorial.

Estos representantes del liberalismo económico no tienen ninguna diferencia, salvo el acartonado saber de Mesa frente a una absoluta carencia de episteme en Camacho. Ambos son el reflejo de la estructura colonial del Estado, a su modo, ambos pretenden retornar a la “república” de los tránsfugas y dos caras como Casimiro Olañeta. Esa es su propuesta central, pues no tienen programa de gobierno sino, como alguien lo definió, “sólo tienen planes de negocio”.

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Recientemente se hizo público un documento sobre la situación de Bolivia, elaborado por la Clínica Internacional de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de Harvard1. Es el resultado de seis meses de investigaciones, e incluye testimonios y entrevistas a más de doscientas personas. Señala que bajo el actual gobierno “…la violencia promovida o respaldada por el Estado, la limitación de la libertad de expresión y las detenciones arbitrarias, han contribuido a un clima de terror y desinformación que ha socavado el Estado de derecho y la perspectiva de unas elecciones justas y abiertas…”. Identifica además cuatro áreas en las cuales las actuales autoridades han violado derechos humanos:

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La historia del periodismo en Bolivia tiene sus momentos luminosos y sublimes, como también manchas fecales de infamia. En el primer caso, baste recordar a Carlos Montenegro, cuya soberbia investigación sobre el rol de la prensa en nuestra historia diera pie a ese ineludible texto que es Nacionalismo y Coloniaje; o –por nombrar a un contemporáneo de aguda pluma– a nuestro entrañable Jorge Mansilla Torres, Coco Manto, que todavía escribe para gringos y kusillos, cociendo grillos en su crisol patrio.

Pero también están los otros, aquellos que nos llenan de vergüenza. ¿Cómo olvidar esa verdadera lección de infamia que nos diera Carlos Valverde, hacedor de una las fakenews más eficientes de los últimos tiempos? Con una historia que no tiene siquiera el mérito de una investigación periodística –que de por sí ya tiene valor– puso en vilo al país con la famosa historia del hijo de Evo Morales y la señora Zapata, niño que nunca existió pero que fue parido en el momento preciso para obnubilar a un pueblo sensible con una telenovela que sirvió para forzar un resultado electoral del 21 F del que hasta ahora se aferra la derecha.

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El martes 23 de junio, a eso de las nueve de la mañana, el canal alternativo Radio Kausachun Coca difundió la entrega de medicinas naturales por parte de los autoconvocados y la Coordinadora popular del Sur para la población del trópico que ahora vive su momento más difícil -como todo Bolivia- en relación a la pandemia. Sin embargo, a la media hora se supo que tres de los miembros de la Coordinadora popular del Sur habían sido detenidos. La imagen fue alarmante: arrestados por agentes encubiertos vestidos de civiles, en vehículos sin placa y sin ser de oficio policial.

Pasaron algunas horas y al medio día ya se sabía que estaban acusados por terrorismo y atentar contra la salud pública pero además que se tenía la intensión de llevárselos a La Paz. La gente de la zona sur afligida por no entender las razones del traslado y la aprehensión anunciaron bloqueos para el medio día. Un acercamiento a los comunicados recientes de la zona sur señala una profunda desconfianza en la justicia y el temor a la arbitrariedad dada la actuación que demostrado el gobierno de Añez desde noviembre del año pasado frente a sus rivales políticos y sociales.

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No cabe duda que el mes de noviembre ha significado un cambio profundo en la política de nuestro país. Este cambio ha llegado con mucha violencia, con muchos ataques a lo establecido y con agresiones personales y también porque no decirlo con resistencias de personas que han visto un retroceso en las conquistas logradas.

No olvidemos que se masacraron a quienes intentaron defender con sus cuerpos ese cambio forzado y violento que se realizó en base a mentiras de fraude por quienes permanentemente han estado en oposición al proceso, políticos que han perdido sus privilegios económicos y de clase.

Se ha roto el equilibrio y la estabilidad en la que nos acostumbramos a vivir durante 14 años, se ha desvirtuado aquello que llegó a ser un ejemplo para el mundo entero, que fue el gran adelanto de nuestra Constitución: el Estado Plurinacional, la ampliación de los derechos humanos de todos y todas, la propuesta de los Derechos colectivos de los pueblos y la inclusión de quienes fueron discriminados desde la colonia, los indígenas y las mujeres.

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El titulo de la columna, es una frase extractada de una conferencia que diera Augusto Céspedes (el Chueco), el 24 de julio de 1973 en el instituto de Investigación y Capacitación Política “Carlos Montenegro”.

En esta conferencia titulada La táctica del golpe del 21 de julio de 1946 Augusto Céspedes caracteriza a la oligarquía en Bolivia como el grupo social y económico que “se mantiene en el poder mediante la violencia, una violencia sistemática y metódica” de élite y casta que además “asimilaba todo aquello que se llamaba revoluciones; las neutralizaban o las absorbían y continuaban mandando sin mayor preocupación”.

En esta misma conferencia hace referencia a esa democracia falsa y entreguista denunciando los abusos de la casa Grace, la Railway, las compañías molineras y las grandes empresas mineras.

Argumenta que el gobierno de Gualberto Villarroel, el presidente derrocado y asesinado en un farol de la plaza Murillo ese aciago 21 de julio, era acusado de nazi fascista, por exigir mejores precios para el estaño que se vendía a los EEUU y sus aliados a precio de gallina muerta. Calcula en bases a estudios realizados entonces por Fernando Baptista, que Bolivia había regalado 600 millones de dólares de entonces para la defensa de la civilización occidental.

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