Esbozo de una crítica de la tradición internacionalista boliviana (Primera Parte)

I

La Modernidad, la civilización que permite la producción y reproducción del capitalismo está en una crisis terminal de la cual no parece que vaya a salir intacta. Algo nuevo se está preparando, surge una nueva mundialidad, un nuevo sistema internacional que debe hacer frente a problemas existenciales determinantes: el calentamiento global; la inteligencia artificial; la bio y nanotecnología; la siempre y ahora más posible destrucción de la vida por una guerra atómica; la gigantesca brecha entre una minúscula parte de la población enriquecida escandalosamente y la otra, empobrecida por la primera; la colonización de marte…

Si queremos sobrevivir como especie humana necesitamos tomar consciencia de los modelos ideales que han sustentado el funcionamiento de sucesivas formas estatales del sistema mundo todavía vigente. Uno solo puede superar algo de lo que es consciente. Esto es, superar la crisis de la Modernidad y todo lo que ella conlleva significa tomar consciencia de los mitos y utopías que fundamentan el funcionamiento y la razón de ser de nuestros Estados. No se trata de renegar de los mitos y utopías sino de asumir una relación consciente y crítica con tales fundamentos afectivos y racionales. Dicho de otro modo, los Estados son modelos de funcionamiento perfecto, creaciones metodológicas cuya razón de ser consiste en proveer la solución de los más grandes problemas humanos. Asumir una relación lúcida y crítica con nuestros marcos categoriales, de eso se trata.

Tales marcos, no aparecen de modo transparente y directo. Se encuentran embutidos en los discursos de política exterior, en los códigos geopolítico de un país, aparecen como ideología que sostiene una utopía y presupone un mito para legitimar la necesidad de su instauración y funcionamiento.

Las Relaciones Internacionales sea como Derecho Internacional, Historia Diplomática, Diplomacia, Geopolítica, Economía Internacional o lo que sea, se construyeron como un discurso justificante de la conquista, dominio y explotación imperialista de territorios coloniales de parte de las metrópolis. Este discurso fue trasplantado a Latinoamérica y Bolivia a fines del s. XIX y la primera mitad del s. XX sin cuestionar sus presupuestos ontológicos, mucho menos su método ni categorías.

En nuestras tierras, entonces, pensar la realidad mundial consiste en saber estar al tanto de conceptos que otros, antes que nosotros, producen. El contenido nos viene dado; la concepción histórica, geográfica, los marcos categoriales son producidos siempre en el exterior lejano de Estados Unidos o Europa.

Por tanto, nosotros no pensamos, nosotros ejecutamos, otros piensan por nosotros y nosotros aplicamos lo que otros, lejanos, piensan por nosotros.

Ante el realismo empirista, pragmatista, juridicial, historiográfico, ante el coyunturalismo, es urgente y más importante asumir la construcción de un pensar crítico a largo plazo que, aunque no tenga brillo mediático tendrá, por supuesto, solidez teórica pertinente a los proyectos de liberación y autodeterminación de nuestro pueblo.

Mientras las reflexiones metodológicas y epistémicas brillen por su ausencia continuaremos reproduciendo en nuestras academias diplomáticas, universidades, centros de investigación, currículos de formación y programas de estudios, un conjunto de problemas y elementos teóricos que bloquean el conocimiento de nuestra propia realidad.

La experiencia me ha mostrado que prevalece un rechazo y un conocimiento superficial, limitado, incluso desdeñoso sobre nuestras propias tradiciones internacionalistas. Y esto vale tanto para las tradiciones internacionalistas nacionales como continentales, o sea «latinoamericanas» o ibero-lusitanas como para las tradiciones asiáticas, africanas, euroasiáticas y del Medio Oriente.i Sabemos mucho más de lo que se escribe y piensa en Estados Unidos y Europa que sobre nosotros mismos. Sucede lo que Marcello Gullo describe:

“en los países periféricos […] los expertos en relaciones internacionales tienden con demasiada frecuencia a reflejar más o menos servilmente y con algún retraso las “modas” norteamericanas –los debates y las categorías de análisis en boga–, y al hacerlo reflejan, y sirven también, al interés político de Estados Unidos, dada la conexión existente en dicho país entre el mundo académico y el mundo del poder,”ii

Y sin embargo, nuestras tradiciones existen a pesar de ese desprecio y olvido. Y cuando sostenemos que existen nos referimos a que existen como discursos teórico-ideológicos que merecen ser sistematizados críticamente porque son mucho más que discursos: son nuestros proyectos de vida. Continuar, en cambio, reproduciendo los discursos internacionalistas metropolitanos sería un despropósito, un sinsentido en un momento en el cual necesitamos no solo la creación de un nuevo orden mundial que no es apenas “ una tarea técnica sino filosófica, mucho más difícil de resolver que derrotar a Occidente en otro choque táctico”iii

Para avanzar hacia el futuro necesitamos ajustar cuentas con el pasado lo cual significa redimirlo.

II

La tradición no puede ser solo tradicional, o sea conservadora, pues de ese modo terminaría siendo caduca, impráctica e incluso opresiva. Toda superación de lo dado solo puede ser posible a partir de la consideración sistemática y crítica del pasado ya que…

“La reconstitución del pensamiento crítico no significa hacerlo de nuevo o inventar algo completamente diferente. La reconstitución solo es posible en la continuidad. No obstante, se rompe con dispositivos del pensamiento que han sido considerados como centrales o esenciales, [esta reconstitución] … no puede ser una ruptura con este pensamiento, sino la elaboración de sus elementos que han sido dejados de lado y marginados. Por eso tiene que ser una crítica desde adentro, no una crítica externa. Se trata necesariamente de una autocrítica.”iv

Ni solo tradicional, ni solo crítica y, sin negar otras tradiciones, concentrada en la localización epistémica-histórica de su circunstancia, pero –y esto es ineludible– sobre todo estimada, reconocida y preservada como objeto espiritual de estimación e identidad multiversa en reconstrucción.

Una tradición es un modo de concebir al mundo y un modo de vivir en él y por tanto merece ser conservada como algo valioso y por ello se transmite y reproduce como un deber sagrado. Se trata de un discurso que da sentido al proyecto de un pueblo, una comunidad y que, por ende, exige ser re-actualizada mediante la crítica.

En ese marco nuestras tradiciones son nuestras utopías.

III

Sostengo que Bolivia produjo al menos cuatro tradiciones internacionalistas, cuatro proyectos de vida, cuatro discursos de sentido.

La invasión y conquista del Tawantinsuyu fue la desgraciada circunstancia que llevo a Huamán Poma de Ayala a escribir su Nueva Coronica y Buen Gobiernov para rebatir el dominio sobre toda el espacio andino que él entendía en un sentido original, esto es, como un todo geográfico con lo que hoy es Colombia, Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Bolivia. Huaman Poma de Ayala fue el primer pensador internacionalista crítico de la Modernidad que tomo consciencia de pertenecer a una civilización sometida por una metropolí europea. En su obra plantea la necesidad de ir ganando espacios de ejercicio del poder en el sistema colonial subordinado pero autónomo del Tawantinsuyu ante el imperio español que tendría tanto en la sofocada insurrección de Túpac Amaru como en la fallida Confederación Perú-Boliviana impulsada por Andrés de Santa Cruz Calahumanavi sus representantes ejecutivos más audaces y en la obra de Julio Alberto D’Avisvii su última expresión teórica. Esta es, pues, la primera corriente al interior de la tradición internacionalista boliviana.

La segunda tradición surge ante el fracaso de la primera: no se consolida la unión con Perú, debido a intereses británicos y las proyecciones geopolíticas de Diego de Portales estalla la guerra con Chile y la invasión al Litoral. Esta será la tradición de más largo desarrollo y será también aquella que sabrá producir un discurso más convincente al derivar de la centralidad geográfica un proyecto de vida estatal. Postula la gestión ventajosa de nuestra mediterraneidad; ocupar nuestro espacio interno mediante la construcción de sistemas de fluidez, fundamentalmente carreteras, ferrocarriles y ductos; defender mejor las fronteras externas y lograr, en base a todo lo anterior, un gran desarrollo económico como consecuencia. Su primer pensador fue Julio Méndezviii que en su obra Realidad del equilibrio hispano americano y la necesidad de la neutralización perpetua de Bolivia formuló la neutralidad como doctrina de política exterior debido a “la armonía del sistema internacional” que no debe ser trastocada so pena de turbar el natural equilibrio de poder existente entre los países. Su continuador, Jaime Mendoza,ix recogerá las frustraciones geopolíticas acumuladas hasta el momento (perdida de El Litoral, El Acre y la Guerra del Chaco) y desarrollará por primera vez, un pensamiento geopolítico y geoestratégico que no contempla ni la articulación con el Perú, como sostenía la tradición anterior, ni la necesidad de hacer de Bolivia una especie de buffer country que absorba los políticas externas de sus vecinos, como quería Julio Méndez,sino que sostendrá la “Tesis Andinista” como criterio metodológico para la elaboración de políticas externas, la necesidad de hacernos “fuertes” y la “unidad” como valores potenciadores además de la construcción de un sistema vial, en la misma línea de Méndez, como mediación tecnológica para la transformación y apropiación del territorio. Inspirado en la concepción histórica y geográfica de la obra mendocina surgió el breve opúsculo «Bolivia, Tierra de Contactos»x del canciller Fernando Guachalla en el cual expone la síntesis del programa de esta corriente. En coherencia con ello, su amigo y sucesor en el cargo, Alberto Saavedra Ostria, en su libro, Una obra y un destino,xi testimonio de su ideario y práxis diplomática expone los azares y victorias de las negociaciones para la exportación de hidrocarburos a Brasil, Argentina y la construcción del ferrocarril Puerto Suarez-Santa Cruz. Saavedra buscará sacar a Bolivia de su “desmesurado aislamiento” que padece las secuelas económicas y políticas post-guerra del Chaco. En efecto, será el pensamiento de Saavedra plasmado en su libro la expresión discursiva de la única tradición internacionalista que parece ser la única en Bolivia consciente de sus orígenes, contenidos y desarrollo y que, por ello, ha logrado instalarse en la cultura política boliviana, en el sentido común, como el “único proyecto geopolítico genuino en la historia de Bolivia, después de la Confederación del Mariscal Andrés de Santa Cruz.”xii sin advertir que entre una y otras existen diferencias cualitativas, metodológicas y ontológicas realmente importantes.

La tercera tradición se forja, quizás sin proponérselo, al compás del desarrollo del Nacionalismo Revolucionario. Es una tradición que a diferencia de la anterior no asienta sus coordenadas de concepción de la realidad en la preponderancia del espacio sino, por el contrario, en el tiempo. Esto es, si la tradición anterior partía de la centralidad geográfica vs el desequilibrio de la balanza de poder en esta, en cambio, se parte del sujeto popular sustantivado como «la nación» ante y contra lo colonial (los imperios de turno y la rosca) en una lucha a muerte en la historia.

En esta tradición el campo internacionalista no aparece explícitamente sino como resultado de su metodología. Su análisis de la realidad nos muestra a la “antinación” encarnada en las élites nacionales cosmopolitas y la apropiación imperial de los recursos naturales, en particular británica y estadounidense. Sus representantes más importantes fueron Sergio Montenegro que prestó junto a Sergio Almaraz y Marcelo Quiroga Santa Cruz mucha atención a las transnacionales mineras y petroleras durante el siglo XX.

Finalmente, la tradición más juridicista e historiográfica de todas corresponde a la que se consagró a la cuestión marítima. Esta tradición es sin duda la que más atención recibió en la cancillería, la academia y la cultura política bolivianas. En este artículo no abundaremos más al respecto.

Notas

i Cfr. Acharya, Amitav; Buzan, Barry (2010) Non-Western international relations theory: perspectives on and beyond Asia. Routledge: London

ii GULLO, Marcelo Omodeo. (2015) La insubordinación fundante: Breve historia de la construcción del poder de las naciones. Fundación Editorial El perro y la rana: Caracas. p. 20

iii Rt. (2023, 1 agosto). Timofey Bordachev: Here’s why building a new world order to break western hegemony won’t be an easy task. RT International. https://www.rt.com/russia/580626-building-new-world-order/

iv Hinkelammert, Franz. 2010. “Yo vivo, si tú vives.”: El sujeto de los derechos humanos.Palabra Comprometida Ediciones/ISEAT: La Paz. p. 115

v Cfr. Guaman Poma de Ayala, Felipe. 1980. Tomo I y II. Biblioteca Ayacucho: Venezuela.

Que Guaman Poma de Ayala sea incluido dentro de los pensadores internacionalistas ya no solo andinos sino sudamericanos me parece ser algo que nadie antes que yo propuso. En efecto, la obra de Guaman Poma no sigue los marcos de delimitación disciplinarios hoy tan comunes en nuestras academias y centros de enseñanza. Para nuestros intereses, la Coronica es un texto que contiene categorías históricas y geográficas políticas, por tanto, categorías de totalidad que son la base de una teoría sobre la realidad mundial que Guaman Poma elabora para justificar la posición subordinada pero autónoma del Tawantinsuyu en el moderno sistema mundo naciente en ese entonces liderado por España. En cualquier caso, el abordaje de obras coloniales como las de Guaman Poma pero también Bartolomé de las Casas para el Caribe y Antonio Viera para el Brasil, desde un ángulo «internacionalista» es una empresa inédita.

vi Cfr. Sobrevilla Perea, N. 2011. The caudillo of the Andes. Andrés de Santa Cruz. Cambridge University Press: Cambridge.

vii Cfr. D’Avis, Julio Alberto. 1944. El Estado boliviano y la unidad peruana. Editorial Universitaria: Cochabamba.

viii Cfr. Méndez, Julio. 1874. Realidad del equilibrio hispano americano y la necesidad de la neutralización perpetua de Bolivia. Primera parte. Atacama y el Chaco. Impr. La Patria: Lima

ix Cfr. El factor geográfico en la nacionalidad boliviana. Biblioteca del Bicentenario de Bolivia: La Paz. 2° ed.; 1926. El Mar del Sur. Imprenta “Bolívar”: Sucre; 1927. La Ruta Atlántica. Imp. «Bolívar»: Sucre; 1933. La tesis Andinista. Bolivia y el Paraguay. Ensayo. Sucre: Imp. Bolívar; 1933; (1935) 2016. El macizo boliviano. Biblioteca del Bicentenario de Bolivia: La Paz. 2° ed.

x Cfr. Guachalla, Luis Fernando. 1937. Mensaje. Fundación Mundial de Radiodifusoras de Boston: Washington.

xi Cfr. Ostria Gutiérrez, Alberto. 1946. Una obra y un destino. La política internacional de Bolivia después de la Guerra del Chaco. Editorial Ayacucho: Buenos Aires.

xii http://www.resumenlatinoamericano.org/2020/01/15/bolivia-geopolitica-del-golpe-de-estado-control-de-corredor-bioceanico-litio-agua-gas/

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