De Príncipes y Principados

“El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, es una obra de primer orden para entender la política, no tiene nada que ver con “El Principito” el tierno personaje de Saint Exupéry”, el príncipe de Maquiavelo es una suma de todas las malas artes del poder y una de ellas, la mentira.

Los consejos de Maquiavelo han sido desempolvados para estas épocas de imperialismos decadentes y gobiernos colonizados, los príncipes pululan por los sillones dorados de los gobiernos, aplicando al pie de la letra los consejos del florentino; “es mejor ser temido que querido” nos dirá y las bombas caen para que el temor sea mundial, el león es insignia de siniestro personaje que entrega territorios ancestrales de territorio Mapuche y miente.

En Bolivia las mentiras tienen un ropaje de frases construidas cuidadosamente, el efecto está calculado, el creador de contenidos está detrás de bambalinas, prepara los relatos, y la magia de la niebla verbal elimina los problemas reales de la gente real.

Maquiavelo no está muerto, tiene discípulos de muy alto calibre, sus consejos son la biblia del primer cuarto del siglo XXI, la posverdad es el mejor tributo a Maquiavelo y sus discípulos se denominan “asesores de imagen” y tienen sus consultoras que construyen candidatos y mantienen gobiernos.

El tango argentino “cambalache” retrata esta permanencia del espíritu maquiavélico:

“El mundo fue y será una porquería, ya lo sé
En el quinientos seis y en el dos mil también
Que siempre ha habido chorros
Maquiávelos y estafáos’
Contentos y amargaos, valores y dublé
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De maldá’ insolente ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolcaos en un merengue
Y en el mismo lodo todos manoseaos “

El desarrollo de la tecnología de las comunicaciones, ligada a la política ha logrado que “en el dos mil también” la mentira se globalice y “esto implica, también, la aparición de elementos como la generación de un pensamiento uniforme, así como la proliferación masiva de discursos de desinformación deliberada”i y masas críticas como puntos focales de su aprehensión.

Las grandes mentiras sirven para justificar guerras, para ocupar territorios y practicar el viejo saqueo colonial, la máxima de “es mejor ser temido que querido” es lema imperial en la palaciega Blanca Casa, que encierra al zorro-león que amenaza con el apocalipsis nuclear, si no se cumplen sus deseos.

Una canción muy popular en Bolivia señala que: “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista” y estamos en esos momentos cuando la mentira ha sido rechazada por los pueblos que de la resistencia pasan a la ofensiva que también se nutre de estos clásicos que proponen salidas cuando el Estado ya no es garante de los derechos, el pueblo puede derrocar al gobierno, como señalaba el Inglés J. Locke.

La democracia, en tiempos de la posverdad y de los príncipes modernos se ha convertido en el gobierno de la mentira y los pueblos, cansados, exigen la verdad en las calles, porque han visto a los príncipes desnudos.

Antonio Abal O.

iHéctor A. Ramos Chávez. La era de la posverdad en la sociedad del riesgo. En La posverdad y las noticias falsas. UNAM 2018.

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