Etiqueta: Política boliviana

  • El Fetichismo del Poder

    El Fetichismo del Poder

    ¿Cómo caracterizar al gobierno, en este momento de crisis? Aplicando el instrumental teórico de Enrique Dussel, podemos calificar al gobierno como un gobierno corrupto, esta calificación tiene que ver con las características que señala Dussel, partiendo de la definición del fetichismo del poder que es denominada como la corrupción originaria y que consiste en la creencia que la fuente del poder político es el actor que se autorreferencia, por ejemplo cuando escuchamos a un ministro decir que toma una decisión, “ porque es el ministro”; esta autorreferencia es la señal que su poder esta corrompido. Siguiendo con Dussel, nos dirá que el representante del poder corrompido “puede usar un poder fetichizado, por el placer de ejercer su voluntad, como vanagloria ostentosa, como prepotencia despótica, como sadismo ante sus enemigos, como apropiación indebida de bienes y riquezas”. Estas características no son exclusivas del actual gobierno, sino del conjunto de la llamada “clase política” en toda la historia boliviana, el paradigma de este ejercicio del poder fetichizado ha sido, sin lugar a dudas Mariano Melgarejo.

    Los últimos días, en Bolivia han sido testigos de un “sismo político” definido así por el vocero presidencial; el origen de este sismo ha sido la declaración de un intento de asesinato de una operadora política de larga trayectoria, por parte de su compañero sentimental, conocido en el mundo de los “asesores” electorales y denunciado en la Argentina por actos fraudulentos.

    El gobierno y todos sus dispositivos han realizado grandes esfuerzos por minimizar la influencia de este asesor personal del presidente, esfuerzo que le ha tocado al vocero presidencial, que en este empeño ha perdido la poca credibilidad que tenía, ya que sus declaraciones afirmativas de negar el rol del asesor, fueron desmentidas, a través de las redes sociales, con innumerables registros audiovisuales y fotografías, y testigos presenciales que han dado su testimonio del poder que ostentaba el asesor; tal parece que el vocero no ha tomado en cuenta los registros que permite la actual tecnología de la comunicación como criterio de verdad.

    Los gobiernos de la derecha boliviana, han tenido siempre la “colaboración” de personal de inteligencia de los gobiernos norteamericanos, especialmente para el nombramiento de Ministros y otras autoridades; en este caso queda la duda del tipo de opiniones que tenía la “Embajada” acerca del asesor, abriendo la especulación de afirmar que el asesor es personal de una de las instituciones de inteligencia norteamericana.

    La figura y actos de este asesor importante e imprescindible para el gobierno es el reflejo de lo señalado por Dussel en lo referido al uso del poder fetichizado como apropiación indebida de bienes y riquezas, debilitando aun más la maltrecha práctica política boliviana, retornando a las épocas donde el ejercicio de la política era sinónimo de enriquecimiento personal.

    Ahora bien en este escenario dramático de la historia boliviana, es pertinente volver a Dussel cuando señala que “la corrupción es doble cuando el gobernante se cree sede soberana del poder, y la comunidad política se lo permite”, aquí debemos entender a la “comunidad política” como pueblo, como sociedad y en esa medida debemos asumir nuestra cuota parte en esta doble corrupción del poder político, por permitir ese uso arbitrario, fetichizado del poder, que repetimos no es exclusivo del actual mandatario sino una constante en nuestra historia.

    El fetichismo del poder, en nuestro país es una herencia del hecho colonial, la figura del conquistador, poseedor de todo el poder se ha establecido como el modelo de los gobernantes bolivianos, pese a los esfuerzos de Russeau, J. Locke, y el propio Marx para relativizar el poder concentrado. El fetichismo del poder es contrario a todo concepto de democracia en el sentido del gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo, la evidencia empírica nos demuestra que no existe democracia allá donde el poder se ha fetichizado y este es uno de esos momentos de su materialización a los ojos de quienes incluso se niegan a ver.

    Año de la crisis de gobierno – Antonio Abal O.

  • La hipocresía del pasado reciente; los mismos rostros, el mismo odio y racismo

    La hipocresía del pasado reciente; los mismos rostros, el mismo odio y racismo

    Cuando vemos y oímos cómo fluyen los conflictos sociales actuales, inevitablemente nos obligan a compararlos con aquellas acciones hipócritas del pasado reciente. Acciones protagonizadas por actores políticos como Tuto Quiroga, Carlos Mesa, Samuel Doria Medina y otros; por dirigentes cívicos, empresarios, la cúpula eclesial y los mismos medios de comunicación que hoy, en los hechos recientes de La Paz, guardan un silencio cómplice o cambian el libreto según la conveniencia.

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  • Un gobierno aparapita

    Un gobierno aparapita

    Fue Jaime Sáenz, ese hechicero surrealista de los andes que vestido de “Aparapita” nos demostró esa realidad de la sociedad boliviana esa compleja y abigarrada sociedad que no termina de construir un Estado de verdad y una sociedad madura que reconozca la diferencia como el cimiento basal de lo que realmente somos.

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  • De estatuas, bustos y otros símbolos

    De estatuas, bustos y otros símbolos

    La conmemoración del 9 de abril, aniversario de la Revolución de 1952, no solo trajo consigo actos recordatorios, sino también la restitución del busto del expresidente Víctor Paz Estenssoro, retirado del antiguo Palacio Legislativo en 2010. Un diputado allegado al MNR soltó una frase cuando menos forzada: «La historia no se borra y los legados no se olvidan. Hoy restituimos la placa y el busto de un líder que marcó al país».

    Los sacrificios o quijotadas por la patria tienen una larga historia en Bolivia. Están los héroes de verdad y los impostores, esos que en cada golpe proclamaban su “sacrificio” por la patria, tan parecido a lo que repite cónsonamente el actual presidente Rodrigo Paz. También existen héroes y heroínas anónimos del pueblo, aquellos que trabajan silenciosamente para superar el hambre, la pobreza, la explotación, los vejámenes y el sometimiento.

    Conviene aclarar que los bustos son referentes simbólicos, pero su significado depende en gran medida del contexto histórico y político. Por un lado, cumplen una función clásica: homenajear a figuras históricas que tuvieron un impacto profundo en el país. Para muchos, es innegable que el líder social más importante de Bolivia en el siglo XX fue Víctor Paz Estenssoro, cuyas ideas marcaron cerca de medio siglo de gobierno.

    Sin embargo, en Bolivia estos referentes no son neutrales. Algunas figuras generan orgullo y reconocimiento; otras pueden ser controversiales, según la ideología o la experiencia de la población. En el caso de Evo Morales, por ejemplo, su imagen fue vista como un símbolo de inclusión indígena, de lucha anticolonial y antimperialista.

    No obstante, no faltaron aquellos resabios del neoliberalismo colonial que se expresaron en los que pidieron sacar el busto de Evo Morales, sin justificativos claros, más bien como una manifestación de expresiones racistas, coloniales, repitiendo viejos esquemas maniqueos por falta de argumentos sólidos.

    La presencia de presidentes en monumentos (bustos, estatuas, avenidas, etc.) no es casual: responde a factores históricos, políticos y simbólicos. No todos los presidentes reciben ese tipo de homenaje; suele decirse que se erigen bustos a quienes murieron, a quienes ya no están, que demostraron características muy específicas en su trayectoria, ahí los tenemos a Simón Bolívar, líderes que simbolizan las luchas por la independencia de una nación o presidentes asociados a grandes reformas como Benito Juárez en México, el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana.

    Sin embargo, también existen quienes apostaron por convicciones verdaderas. Tal es el caso de Fidel Castro, quien antes de fallecer dio la orden expresa, mediante decreto, de que ningún monumento, estatua, busto o incluso piedra llevara su nombre después de su partida.

    Llegar a este punto nos invita a una reflexión necesaria sobre el culto a la personalidad, aquello que nos advertía David Choquehuanca, excanciller y exvicepresidente, quien señaló que el culto a la personalidad no es más que la exaltación excesiva de un líder por encima del colectivo.

    En su visión -inspirada en los principios del Vivir Bien-, el problema del culto a la personalidad debilita la participación colectiva, genera dependencia hacia un líder y puede derivar en autoritarismo o decisiones poco democráticas.

    El culto a la personalidad puede instalar una de las peores tiranías jamás conocidas, si no se vence el divisionismo y se sortean las rutas por donde transitan las fuerzas tiránicas y destructivas, o no se transciende el miedo por incapacidad de autogobernarse o por creer en las personalidades superiores.

    En la política boliviana actual, esta reflexión señala un problema muy concreto: la tendencia a que los proyectos políticos dependan de líderes fuertes, en lugar de construirse sobre estructuras colectivas. La propuesta de Choquehuanca es cambiar esa lógica hacia un modelo más comunitario, aunque en la práctica esto choca con una realidad política que todavía gira fuertemente en torno a figuras individuales.

    Pero la reflexión lleva también a reiniciar procesos de descolonización, para revisar en individuos su propia vida colonizada y su acontecimiento descolonizador. Es pues un desafió de práctica de vida, no de teorías etéreas a la que nos acostumbró la academia colonial. Descolonizar es romper los viejos moldes que deformaron la conciencia de apoyar a nuestros líderes, nuestras raíces, de nuestros símbolos y códigos.

    Luis Camilo Romero, comunicador boliviano para América Latina y el Caribe

  • De Príncipes y Principados

    De Príncipes y Principados

    “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, es una obra de primer orden para entender la política, no tiene nada que ver con “El Principito” el tierno personaje de Saint Exupéry”, el príncipe de Maquiavelo es una suma de todas las malas artes del poder y una de ellas, la mentira.

    Los consejos de Maquiavelo han sido desempolvados para estas épocas de imperialismos decadentes y gobiernos colonizados, los príncipes pululan por los sillones dorados de los gobiernos, aplicando al pie de la letra los consejos del florentino; “es mejor ser temido que querido” nos dirá y las bombas caen para que el temor sea mundial, el león es insignia de siniestro personaje que entrega territorios ancestrales de territorio Mapuche y miente.

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  • Evo Morales

    Evo Morales

    La historia política de Bolivia esta llena de odios, de asesinatos, la política en Bolivia es un campo de batalla permanente. Belzu y Villarroel, son los más emblemáticos símbolos de la furia política. En la última década el hombre, centro de la furia política es Evo Morales.

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  • ¡UNIDAD O DERROTA! LA IZQUIERDA BOLIVIANA DEBE REACCIONAR ANTES DE QUE EL FASCISMO REGRESE

    ¡UNIDAD O DERROTA! LA IZQUIERDA BOLIVIANA DEBE REACCIONAR ANTES DE QUE EL FASCISMO REGRESE

    PRONUNCIAMIENTO

    La Internacional Antifascista, capítulo Bolivia, llama con urgencia al reencuentro de las fuerzas del proceso de cambio para frenar la escalada de violencia y evitar que el caos allane el camino al retorno del neoliberalismo.

    La sangre comenzó a correr. Cuatro compatriotas han perdido la vida en medio de una pugna fratricida que desgarra a la izquierda boliviana desde sus entrañas.

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  • Bicentenario y balance (Recordando a Mariategui)

    Bicentenario y balance (Recordando a Mariategui)

    El texto de Mariátegui titulado “Aniversario y Balance” (en realidad es la editorial de la revista Amauta No. 17 de 1927) es el texto donde se encuentra la famosa frase «No queremos que el socialismo sea en América calco y copia debe ser creación heroica». En Bolivia estamos empeñados en la consolidación de un Estado Plurinacional, que ha sido una “creación heroica” obra inconclusa y en plena búsqueda de su definitiva consolidación; para esto, es innegable contar con un instrumento político y una ideología que supere el empeño electoral y se proyecte en ese objetivo estratégico.

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