Movilizaciones populares y el ocaso del liderazgo político en Bolivia

En una reciente entrevista con el analista político Antonio Abal Oña, difundida por ADICH Radio, se ofrece un diagnóstico lúcido y preocupante sobre la coyuntura boliviana. En un escenario marcado por dos cabildos paralelos —el convocado por la CSUTCB a instancias del senador Nilton Condori y el de la Central Obrera Boliviana para el 1 de mayo—, el país asiste a una ebullición social que evidencia el agotamiento del modelo de gobierno actual y la crisis profunda de representación política.

Un gobierno que favorece a los ricos

Abal Oña no escatima en calificativos: el gobierno de Rodrigo Paz ha demostrado un posicionamiento político e ideológico que beneficia claramente a los sectores más acomodados del país. Parafraseando a Gualberto Villarroel, el analista sentencia que este es un gobierno «más amigo de los ricos», cuyas medidas económicas —incluida la cuestionada política de distribución de combustibles— responden a lógicas neoliberales que profundizan la brecha social. Mientras las amas de casa reportan un aumento diario en el costo de vida, el gobierno recurre a estrategias comunicativas basadas en el eufemismo y lo que Abal denomina «el terreno de la posverdad».

La incapacidad gubernamental para responder a demandas concretas —como la interpelación fallida al ministro de Hidrocarburos o el manejo de la crisis de la «gasolina basura»— ha generado un vacío de poder que diversas fuerzas sociales intentan llenar. Pero lejos de articularse en un frente común, estas fuerzas revelan tensiones históricas no resueltas.

Dos cabildos, dos miradas encontradas

El analista identifica con agudeza una disputa de larga data entre dos concepciones del movimiento popular. Por un lado, la COB representa una mirada «obrerista» —cercana al trade unionismo— que prioriza las reivindicaciones laborales urbanas. Por otro, la CSUTCB encarna una visión más totalizadora que sitúa el problema colonial como estructura central de la formación social boliviana, tal como quedó plasmado en el manifiesto de Tiwanaku de 1973.

Lejos de ser un debate académico estéril, esta tensión definirá el rumbo de las movilizaciones. Abal advierte que ambas fuerzas son «creativas» y no necesariamente excluyentes, pero su falta de articulación podría diluir el potencial transformador del descontento. Mientras tanto, un tercer actor —los pueblos indígenas del oriente boliviano, ya movilizados contra la ley 157 o «ley Marinkovic»— posee su propia agenda y memoria histórica, como la heroica marcha por el territorio y la dignidad de 1990.

El fenómeno Edman Lara: el influencer que no supo gobernar

Uno de los pasajes más reveladores de la entrevista es el análisis sobre la meteórica y accidentada carrera del vicepresidente Edman Lara. Abal sostiene que su caída no fue casual: el «influencer» político supo conquistar el afecto popular mediante redes sociales, pero carecía de un proyecto político sólido. La contradicción entre su discurso anticorrupción y actos de nepotismo —como sus viajes al exterior— selló su destino. «Ahí está la muerte de cualquier mediático», sentencia el analista, subrayando que el manejo hábil de TikTok no sustituye la correspondencia entre palabra y acción.

Este fenómeno revela un problema estructural: la desaparición de los partidos políticos como organizaciones programáticas. Las elecciones subnacionales recientes, dominadas por «personajes» sin militancia ni teoría política, han reducido la política a un mercado de promesas vacías —puentes, edificios, plazas— mientras se ignoran temas sustantivos como el medio ambiente o las identidades culturales.

¿hacia una articulación inevitable?

Abal Oña plantea un escenario de «tormenta perfecta»: si confluyen la fuerza urbana —transportistas, maestros y amas de casa, duramente golpeados por la crisis de los combustibles— con el movimiento indígena movilizado contra el avasallamiento territorial, el gobierno enfrentará una situación insostenible. «Ya no van a funcionar los cantos de sirena», advierte.

Sin embargo, el analista sostiene, no existe «bola de cristal» para predecir si los cabildos paralelos lograrán converger o si, por el contrario, profundizarán las fracturas. Lo que sí queda claro es que la única vía de reivindicación en la Bolivia actual es la presión en las calles, ante la absoluta falta de canales institucionales confiables.

Críticamente, cabe preguntarse: ¿están estos actores sociales a la altura del momento histórico? La COB, la CSUTCB y los pueblos indígenas del oriente arrastran desconfianzas mutuas y agendas parciales. La ausencia de un proyecto político nacional articulado —que trascienda el liderazgo carismático y las reivindicaciones sectoriales— podría desembocar en más de lo mismo: estallidos sociales que se disipan sin transformar la correlación de fuerzas estructural.

Mientras tanto, la ciudadanía —especialmente los sectores populares urbanos y rurales— sigue esperando respuestas concretas. La gasolina adulterada, la inflación silenciosa y la tierra avasallada son síntomas de un modelo que ha perdido toda brújula ética. La historia, como bien titula el programa radial, aún no está escrita. Pero los capítulos que vienen se definirán no en los salones del parlamento, sino en el asfalto caliente de las carreteras bloqueadas y en la memoria viva de quienes ya no estamos dispuestos a esperar.

Fuente: ADICH – Radio

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