Del bosque prometido a las torres de cemento: el caso ex Matra

El terreno del Bosque ex Matra, ubicado en la zona del Colegio Federico Froebel y frente a la Iglesia de los Mormones en Cochabamba, fue producto de la cesión de la urbanización Cablebol, con una extensión de 32. 104 metros cuadrados. Esta área estuvo abandonada durante un tiempo, ya que el GAMC no tomó posesión del terreno ni lo inscribió como propiedad en Derechos Reales. En 2014, gracias a las acciones de concejales, se consiguió una resolución de la Procuraduría que solicitó la toma de posesión del predio por parte de la Alcaldía y que se realice un proceso de descontaminación, pues la empresa Matra utilizaba productos altamente contaminantes para preparar los postes de luz.

Los vecinos del lugar se apropiaron de la idea de bosque urbano y están dispuestos a defenderlo, a pesar de que la dirigencia parece tener otras ambiciones.

En la actualidad, se tiene conocimiento de que el GAMC ha autorizado la construcción de 6 edificios de 12 pisos en predios del Bosque Urbano ex Matra, decisión altamente cuestionable y potencialmente contraria al interés público, por razones urbanísticas, ambientales y sociales. En primer lugar, existe la declaración del alcalde a la prensa, quien en 2024 indicó que el ex Matra debía ser el mejor bosque urbano y un importante pulmón de Cochabamba.

Podemos argumentar también que un bosque urbano no es un «terreno disponible», porque cumple varias funciones esenciales para la ciudad: reduce las islas de calor regulando la temperatura, mejora la calidad del aire al servir como pulmón ecológico, permite la infiltración de agua al suelo y es un espacio de recreación y salud mental.

Al aprobar esas construcciones, se convertirá en un área de alta densidad habitacional, reduciendo en la práctica un bien común a un uso privado. Pero, principalmente, tendrá un impacto ambiental irreversible, pues seis torres de 12 pisos implican: tala o reducción de la cobertura vegetal, compactación del suelo, aumento de cemento y asfalto, mayor contaminación sonora y atmosférica, y pérdida de hábitat para aves y fauna urbana. Aunque se prometa un área verde haciendo un parque para esos edificios, un parque artificial o jardines no reemplazan un ecosistema urbano consolidado.

Anular el Bosque ex Matra con un proyecto de ese tamaño significará un aumento de presión sobre los servicios públicos, como el incremento del tráfico vehicular, mayor demanda de agua potable, aumento de la generación de basura, presión sobre el sistema de alcantarillado y mayor consumo eléctrico. En general, puede empeorar la calidad de vida de todos los vecinos.

Indudablemente, en ciudades como Cochabamba muchas veces se justifica este tipo de proyectos con el discurso de «desarrollo», pero en la práctica el beneficio suele concentrarse en constructoras, inmobiliarias y actores privados con mayores recursos económicos, lo que evidencia un conflicto entre la planificación urbana y el derecho ciudadano. Autorizar torres en ese espacio puede interpretarse como una ruptura de la planificación urbana y del derecho ciudadano a un ambiente sano.

Si el área estaba reconocida como bosque urbano por los habitantes del barrio y por organizaciones ambientalistas, su destino debería ser la conservación, ampliación de áreas verdes y bosques, y la protección ambiental.

Autorizar 6 edificios de 12 pisos en el Bosque Urbano ex Matra es una mala decisión para Cochabamba, porque implica sacrificar un espacio ambiental estratégico por un proyecto inmobiliario que puede generar beneficios económicos privados, pero costos colectivos enormes, mientras la población pierde un espacio verde que era parte del patrimonio colectivo.

Si el municipio quería «desarrollo», lo correcto habría sido impulsar proyectos en zonas ya urbanizadas o degradadas, no en un área verde con función ecológica.

Cochabamba, abril de 2026

Arq. María Isabel Caero P.

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