La cultura de la muerte

“¡Cristóbal Colón! Cuanto nos dice este nombre sobre el corazón de los Imperialistas europeos. Fue él quien “abrió” el camino a los saqueadores europeos de América, Inglaterra, Francia, España, Italia y Alemania; todos ellos participaron por igual en el saqueo, la destrucción y la devastación de la América “nativa”, erigiendo sus ciudades capitalistas y su cultura burguesa a costa de ella. Las invasiones de Europa por Tamerlán, Gengis Kan y otros príncipes mongoles, en toda la crueldad de su fuerza devastadora, palidecen en comparación con lo que hicieron los europeos en esta América que descubrieron.” Con estas palabras Mizra (Mir Said) Sultan Galiev, el notable militante bolchevique de origen tártaro, ponía en el tapete de la discusión el colonialismo, como origen del capitalismo europeo y su soporte de violencia y muerte.

El mundo actual, no tiene distancia histórica de lo señalado por Galiev, ya que la “Santa Alianza” de EE.UU y el sionismo, continúa sembrando la muerte en su obsesión de dominio mundial. No se trata entonces, de ser enemigo del moderno “eje de la muerte” y describir las atrocidades que comete en nombre de la “libertad”, no es solamente eso, sino se trata de dar batalla en todo lugar y momento, como se dio en Bolivia en los 50 días de la rebelión de las comunidades, como dijo Marx, no se trata solamente de describir la realidad, sino de transformarla, esta es la tarea de un proceso con doble objetivo: terminar con la colonialidad y fundar una nueva sociedad y Estado.

En Bolivia ya se ha recorrido buen trecho, podemos decir que existe el “mapa de operaciones” que eso es y no otra cosa la Constitución Política del Estado actual, producto de la fuerza popular que inició una larga batalla contra el Estado colonial que es funcional a la angurria geopolítica de los EE:UU.

Esta cultura de la muerte, es producto del proyecto de dominio nacido en el viejo régimen aristocrático y el desarrollo del pensamiento económico liberal, el secreto de la “mano invisible” se convirtió en una teología y sus devotos son una feligresía que se mantiene con el dogma de la libertad individual en contra de la comunidad, que es el sustento de cualquier sociedad.

En Bolivia el gobierno actual se encuentra alineado a esta cultura de la muerte, por eso su desinterés y oposición a todo lo que suene a colectivo, a comunidad a vida, la progresiva implementación de políticas económicas, ya conocidas y sufridas por el pueblo boliviano tienen el objetivo central de retroceder al país monocultural, con pensamiento único y con una elite enclavada en el origen colonial del Estado republicano.

La barbarie demostrada a nivel mundial de las políticas modernas/capitalistas, materializadas crudamente en Palestina, está presente en Bolivia con la sutileza que permite el discurso hilado con la experiencia de un mendaz practicante de la demagogia altoperuana, que tiene su auditorio asegurado en las cunas señoriales de las oligarquías regionales (tradicionales y “modernas”) Juan José Bautista no se equivoca cuando afirma: “ que el conocimiento producido por la modernidad no sirve para producir, reproducir y desarrollar la vida humana en general, sino sólo para destruirla”i .

Esta teología del mercado, se ha entroncado con las modernas iglesias, nacidas de la reforma luterana, que ponen al individuo como centro de todas las cosas, iglesias que han desplegado medios de comunicación que hacen coro a la reproducción del mercado total, junto a los medios comerciales. Han acumulado tanto poder que negocian, a nombre de país, con Estados cultores de la muerte como Israel, para pedir “ayuda” y perfeccionar los medios de represión para el pueblo, convirtiéndose en la cancillería paralela del Estado y con la venia del gobierno.

La guerra popular y prolongada que desarrollan los pueblos originarios del continente, tienen en Bolivia un desafío histórico: derrotar la cultura de la muerte y regenerar la comunidad como el centro de la cultura de la vida.

i Juan José Bautista S. CRÍTICA de la RAZÓN BOLIVIANA. Grito del Sujeto. rincón ediciones. 2010

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