Estado Plurinacional punto de partida
Un día como hoy hace 16 años se refunda el Estado boliviano con un proyecto histórico que es el Estado Plurinacional. El Estado no es un objeto terminado, sino es una relación social condensada, es un campo de fuerzas en constante tensión. Pronunciar “Estado Plurinacional” y pensar que con el nombre basta es como nombrar el fuego y creer que por esa acción ya calienta. El nombre es importante, claro que sí, en la dimensión subjetiva interpela, sin embargo, para que tenga consecuencias concretas, el potencial nombrador debe desembocar en un programa que al ser en si mismo también es trinchera ideológica.
No hemos fundado un mito nuevo si sólo cambiamos las formas jurídicas a medias y dejamos intacta la base económica. La plurinacionalidad, para ser real y no un insumo retórico, necesita una revolución en la propiedad de la tierra, en el control de los recursos naturales que lo hicimos de manera parcial, y en la estructura productiva que poco se cambió. Sin una economía descolonizada y socialista, el Estado Plurinacional será una coraza bonita, útil quizá para el folklore turístico, pero estéril para la emancipación de los pueblos. Quizá el error fue creer que un contrato social aparente, por sí solo, podía derrotar siglos de despojo material y subjetivo.
La construcción del Estado es una guerra prolongada en términos guevarianos. Se gana una batalla constitucional, sí. Pero la guerra continúa en cada ministerio burocratizado, en cada juez que aplica la vieja ley colonial con palabras nuevas y decoradas, en cada transnacional que extrae nuestra riqueza. Considerarlo una conquista dada es desarmarse ideológicamente y caer en una quimera. La conquista se defiende y se radicaliza cada día, con organización y movilización ininterrumpida.
El Estado siempre fue y es un campo de batalla y pensar que estaba consolidado en su variante plurinacional fue no entender que las clases dominantes y su mentalidad no se dan por vencidas; se recomponen, boicotean, cooptan, y vacían por dentro. La plurinacionalidad exige un análisis epistemológico constante ¿desde qué razón, desde qué matriz civilizatoria, se gobierna o se resiste?
Los revolucionarios, a veces también escribimos epitafios prematuros. «Aquí muere el Estado colonial, viva el Estado Plurinacional». Pero el muerto no estaba tan muerto. Sigue vivo en el racismo cotidiano, en el palacio de gobierno entreguista, en sus intentos de decreto.
El movimiento nacional popular es quien construye día a día, en asambleas, en defensas del territorio y recursos, en los bloqueos, la verdadera plurinacionalidad. El error fue institucionalizar sin radicalizar, fue subsumirnos en la democracia burguesa y sus formas y no profundizar en las otras.
La refundación del Estado Plurinacional no fue un punto de llegada, fue el punto de partida de una lucha más compleja y más profunda que deberíamos asumir ya.





