Gramsci para bolivianos
¿Cómo entender la actual situación política de Bolivia? La elaboración teórica de Gramsci acerca de la hegemonía nos puede dar muchas luces para entender el proceso que vamos viviendo. Una pregunta inicial es: ¿Cómo se puede soportar un gobierno con todas las características abiertamente corruptas? Y una primera aproximación a este tema tiene que ver con la hegemonía, un proceso construido en la vida cotidiana, por eso mismo con apariencia de “natural”.
El dominio colonial tuvo su momento fundacional cuando el cura Valverde le ofreció la biblia al Inca Atawallpa, y el discurso del pecado se volvió sentido común. A partir de ese momento el discurso se fue remozando hasta terminar en el lema: Dios Patria Hogar.
La construcción de la hegemonía tiene que pasar por consolidar ciertas “verdades” como eje de la vida a partir de un nuevo universo, de un cielo y un infierno y un representante de dios en la tierra que disponga de vidas y territorios, así nació el imaginario colonial dominante, vigente hasta nuestros días.
El proceso pedagógico, que requiere toda hegemonía jerarquizó la sociedad, entre dominados y dominadores, con esa lógica se santificó la “guerra justa” y las muertes de los idólatras salvajes. Eso no es el pasado de nuestra historia es el presente construido y donde la disputa de los valores impuestos siguen cuestionados, como en 1536, 1780, 1899, 1947, 1952, 1967, 1970, 1978, 2000, 2003, 2020, 2026, todos momentos de pulsación para quebrar la hegemonía colonial, que sabe remozarse, que elabora los precisos discursos para reafirmar su poder.
El discurso, ese mágico instrumento de persuasión ha sido siempre el mejor aliado para construir hegemonía, en el caso boliviano el “civilizado progreso” como promesa de redención frente al retardatario indio incivilizado, hoy ha sido actualizado y se resume en el Bolivia…Bolivia…Bolivia frente al sambenito “masista”.
“Masista” se ha convertido en la palabra que reemplaza a la despectiva y peligrosa designación de “comunista” utilizada por B. Mussolini para aglutinar en torno a un “enemigo” a las dispersas fracciones italianas de la burguesía moderno occidental; no es la primera vez que se utiliza esta denominación para justificar la violencia, lo hizo René Barrientos, lo hizo Hugo Banzer, pero a diferencia de lo que vivimos hoy, utilizando e lenguaje gramsciano existía un discurso y acción contrahegemónica, desde la izquierda boliviana y desde las organizaciones obreras y populares. Entonces el discurso unificador es el “antimasismo” coreada frecuentemente en el estribillo “cualquier cosa menos el MAS” o la actualizada frase de “los 20 años”
Este atimasismo, en su cabal comprensión es un posicionamiento “anti-indio” y aquí es donde encontramos la articulación con el discurso hegemónico colonial, con la particularidad de una nula resistencia organizada, diferente a lo vivido en los tiempos de dictadura (o en el mismo periodo colonial) ¿a que se debe esta debilidad del movimiento popular?
Gramsci fue testigo de la derrota del movimiento obrero en 1920 en Italia y su conclusión fue que los obreros fueron derrotados porque lucharon solos; lo mismo podemos decir de movimiento campesino de mayo-junio de este año en Bolivia.
Esta lenta construcción del antimasismo tiene como uno de los mejores aliados al discurso religioso en sus diferentes expresiones, así católicos y evangélicos de origen aymara, quéchua, guaraní o de los pueblos y naciones de la amazonía, son actores en contra de sus propios intereses, salvando las experiencias de un evangelio liberador que aún mantiene algunos enclaves urbanos y rurales.
Podemos concluir estos apuntes señalando que no se ha generado un movimiento histórico contrahegemónico, lo más próximo a este intento es el conjunto de interpretaciones acerca del carácter colonial de la estructura socioeconómica en Bolivia y las propuestas anticolonizadoras incluso presentes en la Constitución Política del Estado, pero que no fueron desarrolladas.
El histórico rol del proletariado minero ha llegado a su punto más crítico al tomar la iniciativa de colaborar con el gobierno de R. Paz y llevar a la misma Central Obrera Boliviana a traicionar, un momento crucial, la resistencia del movimiento campesino. Los llamados a la unidad tienen el viejo sentido de “unidad en torno a mi propuesta” y no una genuina voluntad de creación colectiva, que pensamos es la tarea urgente que debemos desarrollar.
En el mes dedicado a la Pachamama. Antonio Abal O.





