Categoría: Artículos

  • El retorno del terrorismo de Estado

    El retorno del terrorismo de Estado

    En la década del 70, las dictaduras militares que asolaron América Latina con la bendición de los Estados Unidos, implantaron el terrorismo de Estado para anular a los movimientos populares e impedir a la ciudadanía, el ejercicio de sus derechos elementales. Se denomina terrorismo porque, provocando terror en la gente, la inducen a mantenerse callada, a no reclamar por las injusticias, a no expresar sus ideas ni a organizarse por mejores condiciones de vida.

    Esta estrategia de dominación y exterminio fue ideada por los gobiernos de Estados Unidos en su lucha contra el comunismo. Entonces acusaban a toda oposición de ser parte de la conjura soviética contra lo que graciosamente llamaban «el mundo libre».

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  • IMILLA P’ASPOSA”

    IMILLA P’ASPOSA”

    “Esta imilla p’asposa quiere ser presidente”, reza uno de los miles mensajes racistas, que circulan en las redes sociales. La destinataria de esta frase es, nada menos, que la presidenta del Congreso nacional, que al parecer queda disminuida con el nombre de Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP). Estamos hablando del único poder legítimo y legal de nuestro Estado y por supuesto el más democrático.

    La frase “imilla p’asposa” es la expresión de los genes racistas, que un estrato de la población boliviana conserva como un atributo de su complejo de superioridad.

    Hoy la práctica del racismo se ha naturalizado, el gobierno de facto se olvidó de la ley que castiga las prácticas racistas – seguramente por su propia naturaleza- que impulsaron la quema de la wiphala en los días de su violenta investidura.

    Estamos desprotegidos si no se cumple con la Constitución Política del Estado. ¿Cómo podemos esperar que se cumpla la Ley 045? Hemos vuelto en términos de sociedad al tiempo de Francisco de Ávila, primer cura que se encargó de la “extirpación de idolatrías” en 1608.

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  • Soluciones en la mano del Pueblo

    Soluciones en la mano del Pueblo

    El panorama nacional es tan o más desolador que el que nos muestran los medios de comunicación y las agencias de noticias con relación a la propagación del coronavirus por el mundo, con su secuela de muertes y paralización de las actividades humanas.

    Pandemia que se agrava día a día, negociados infames con la salud y la vida de la gente, parálisis económica, hambre y miseria en los hogares bolivianos, insubordinación de cúpulas de milicos, impunidad para los parientes de la presidenta y para sus grupos de paramilitares, cárcel y persecución al pueblo masista.

    Lo anterior es sólo una muestra del caos total al que nos estamos acercando vertiginosamente y que requiere, como los grandes males, grandes soluciones. ¿Dónde se encuentran ellas? En la iniciativa, la creatividad, la organización y la movilización de la gente. Multitudes que quieren ser escuchadas y no mandoneadas, pueblos que piden atención y no represión, jóvenes que demandan ser tomados en cuenta y no encarcelados.

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  • No queremos otros “salvadores de la Patria”

    No queremos otros “salvadores de la Patria”

    Zavaleta, al referirse a la identidad señalaba: “… se sabe a la vez que la historia es la única que nos define…” y es nuestra propia historia la que nos define como un país inestable, con cuartelazos violentos y paréntesis democráticos, incapaces de superar la condición colonial del Estado.

    La incursión de las Fuerzas Armadas a la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) nuevamente nos retorna a la cruda realidad: la Constitución y las leyes se subordinan a los intereses particulares de grupos de poder o de corporaciones.

    A la crisis política y de salud pública que nos ha sumido en la incertidumbre, debemos añadir la emergencia militar que de la manera más brutal nos muestra que no vivimos en un sistema democrático y menos en un Estado de derecho.

    El silencio cómplice del gobierno respecto a la incursión militar demuestra la absoluta falta de respeto a línea de mando señalada en la CPE art. 224 sobre los asensos. Además, la CPE señala: art. 243, “Las Fuerzas Armadas del Estado están orgánicamente constituidas por el Comando en Jefe, Ejercito, la Fuerza Aérea y la Armada boliviana, cuyos efectivos serán fijados por la Asamblea Legislativa Plurinacional, a propuesta del Órgano Ejecutivo”.

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  • ¡Muera la bota militar!

    ¡Muera la bota militar!

    Un tal Orellana, con rango de general, ha irrumpido en las instalaciones de la Asamblea Plurinacional de Bolivia, en traje de campaña, para exigir a este poder del Estado su conformidad con la orden de ascensos; más aún, ha dado públicamente un plazo de una semana para que esa decisión se tome de acuerdo a los gustos y preferencias de los milicos envalentonados en dictadura.

    Tal afrenta a la formalidad democrática –que no otra cosa se vive actualmente en Bolivia– es, hasta ahora, corolario de un irracional y atávico complejo de los generales golpistas de su supuesto rol de “institución tutelar de la patria”, que dio pie a los innumerables golpes militares que asolaron la vida republicana y que, desde la caída de Gonzalo Sánchez de Losada, se pensaban erradicados de nuestra práctica política.

    Carlos Sánchez Berzaín fue uno de los últimos políticos de la era neoliberal en sacar las tropas a las calles para reprimir al pueblo. Suya es la frase de que, con quinientos muertos más, la crisis política y económica que vivía el país podría ser manejable desde el punto de vista de quienes entregaron las riquezas nacionales a la voracidad extranjera. El pueblo puso el pecho y los afanes prorroguistas que contemplaban incluso trasladar la sede de gobierno a Santa Cruz, con la aquiescencia de militares cavernarios, fueron derrotados en las calles y en las carreteras.

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  • ¿Qué propone Carlos Mesa?

    ¿Qué propone Carlos Mesa?

    Fiel a su estilo, Carlos Mesa reaparece –video mediante– para dar su palabra ante la crisis que vive la dictadura. E inicia su speach afirmando que, si hubiera que elegir una palabra para este histórico 20 de mayo de 2020 en el que él nos habla, el vocablo elegido seria “decepción, gran decepción”. No es para menos, pues la dictadura presidida por la autoproclamada Jeaninne Añez debería ingresar, con méritos sobradamente propios, al libro de records de Guiness por la cantidad de delitos cometidos en ejercicio de gobierno, en un tiempo histórico extraordinariamente corto. Y don Carlos Mesa, junto a Luis Fernando Camacho, el otro padre putativo de la dama encumbrada, no puede menos que sentir decepción.

    Fiel a su estilo periodístico, se conforma con lanzar algunas preguntas sobre lo que está pasando. Y se cuestiona si la presidenta se enteró del escándalo de la compra de los famosos respiradores que ahora no la dejan ni respirar, por la vía de las redes sociales o por qué medio. Vaya preocupación de don Carlos Mesa; similar a la de cualquier padre que teme por los malos pasos que va dando la hija a la que cree haberle dado vida política, como si los verdaderos padres de este engendro fuesen ángeles asexuados y no demonios que hacen cumplir las órdenes que vienen desde Washington.

    Carlos Mesa, fiel a su estilo, está convencido de que es el tiempo de mostrarse como un papá bueno. Como tal, entiende que no todo es culpa de la pobre e inocente señora. Tiene ella nada más ni nada menos que enfrente a los verdaderos jinetes del Apocalipsis, encarnados en el MAS. Y arremete a renglón seguido contra la “violencia criminal” de los seguidores de Evo Morales.

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  • Echando mierda con ventilador

    Echando mierda con ventilador

    Literalmente, el escándalo por la compra de los respiradores o ventiladores hecha por la dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho, tira excrementos por todo lado e intenta –por la vía de los grandes medios– involucrar hasta al defenestrado MAS, como culpable del delincuencial y doloso negociado que se hace con la salud del pueblo.

    El tema, políticamente manejado, encuentra a dos seudo contrincantes en posición de apronte, aunque repartiéndose sonrisas por si acaso esto termine por favorecer al candidato de los salvajes e indios. Carlos Mesa se frota las manos, cada vez que salen a luz los nombres de los ministros, viceministros, directores, cónsules y demás comedidos que, de seguro, algo mordieron con el sobreprecio desvergonzado. Finalmente, piensa, son hombres y mujeres de la otra candidata.

    El tema es serio. No han sido unos cuantos centavos, ni el famoso “10% de comisión” de las compras estatales: se trata de un sobreprecio que va más allá de la prudencia; entre tres y cuatro veces el valor real de mercado, por cada aparato, además de caro, inservible. ¿Dónde está ese dinero? ¿Se evaporó? Tal vez una respuesta audaz del muy inteligente ministro Murillo es que esa platita está en los bolsillos del Evo en Buenos Aires, ya que su aparato de inteligencia ha detectado que “Fernando Valenzuela, responsable de la Dirección Jurídica del Ministerio de Salud, fue relacionado con el MAS ya que llegó a esa cartera de Estado junto a Gabriela Montaño”; como reseña una comedida nota de prensa. En suma, todos salpicados, menos el ilustre e ilustrado candidato Carlos Mesa, pieza de recambio de la embajada norteamericana, seguramente preocupada porque su mujer de confianza le salió corneta.

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  • Marear la Perdiz

    Marear la Perdiz

    En el lenguaje popular se dice “marear la perdiz”, cuando no se trata el aspecto principal de un tema o no se responde puntualmente a una pregunta. Este manejo de la información se está aplicando, de manera permanente, desde el mismo Ministerio de Comunicación que se ha convertido en el primer desinformador de la población.

    Este Ministerio pretende “marear la perdiz” con datos ya conocidos y no tiene capacidad ni voluntad para responder, por ejemplo, sobre el intento de suprimir la libertad de expresión y pensamiento o de explicarnos ¿por qué se cerraron las radios comunitarias, las radios de los pueblos indígenas, RPOs? cuando vemos hoy su importancia radical en el tema educativo.

    “Marear la perdiz”, tiene un sustento teórico en la comunicación, especialmente política y se denomina agenda setting, que es una selección de la información a ser difundida y la manera en que se hará dicha difusión, por ejemplo, en el tema de la intensión de “ser gobierno” de la senadora Copa, el Ministro Murillo previamente ha hecho circular una falsa noticia y luego sobre esa falsa noticia, tomada como verdad, elabora su tesis conspirativa de la presidenta del senado.
    Desde el gobierno se opera las 24 horas del día con esta técnica, ligada a otras, más amplias que tienen que ver con los públicos, pero no es intensión de esta nota ahondar en estos temas sino visibilizar su utilización cotidiana.

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