En apariencia, y hasta con una buena dosis de inocencia en el imaginario colectivo, los bolivianos hemos asumido que estamos a puertas de asistir a una nueva «fiesta» democrática en la que eligiremos a nuestras principales autoridades, quienes se harán cargo de los destinos de nuestra nación. Pero los acontecimientos previos a la realización de las elecciones van en otra dirección, o en dirección completamente

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