Etiqueta: Rodrigo Paz

  • De narcoterroristas, narcomaderas y otros narcos

    De narcoterroristas, narcomaderas y otros narcos

    Se va haciendo común en los discursos de Rodrigo Paz Pereira calificar a los movilizados de «narcoterroristas», aludiendo al mismo tiempo al propio Evo Morales. Paz repite esa frase: «Lo que sí no voy a dejar pasar es el narcoterrorismo. Sepan ustedes, lo he dicho en su momento, que sus días están contados».

    A todo ello se sumaron las declaraciones de Marco Rubio, quien de forma atrevida dijo: «No permitiremos que criminales y traficantes de drogas derroquen a líderes elegidos democráticamente en nuestro hemisferio». Los medios de comunicación corporativos, como es su lógica, replicaron esta declaración sin contraste, cuestionamiento ni contexto alguno, lo que constituye una falta de ética y una deshonestidad periodística flagrante.

    Este discurso no es casual. Coincide con el reingreso de la DEA que, junto a otras siete organizaciones, ya opera en Bolivia y sobrevuela distintos territorios en tareas de vigilancia y recolección de datos para la elaboración de un nuevo plan de «lucha contra las drogas».

    Cualquiera que observe de cerca el conflicto podría dar fe de que ni la dirigencia de la COB ni la de la Túpac Katari en La Paz muestran prueba alguna de estar vinculadas al narcotráfico o de recibir apoyo para sus movilizaciones. La acusación de Paz y de sus ministros sobrepasa los niveles de la especulación y la mentira.

    Conociendo la trayectoria de ambos dirigentes —Mario Argollo y Vicente Salazar—, el primero es minero proveniente de Huanuni, nunca tuvo relación con la dirigencia del Trópico ni mucho menos con Evo Morales, a quien recientemente calificó de ambicioso del poder. De igual manera, el dirigente de la Túpac, fiel a las decisiones de las bases, jamás ha tenido vinculaciones con el narcotráfico. De ahí que en las movilizaciones con bloqueos en El Alto y las provincias del departamento de La Paz no se haya comprobado que sus bases recibieran estipendios provenientes de esa actividad.

    Paz Pereira no conoce la verdadera historia de su padre en los años setenta, probablemente porque era muy niño. Sin embargo, nos imaginamos que sus parientes le habrán refrescado la memoria sobre finales de los ochenta, cuando Paz Zamora ya era presidente, y sobre sus serias implicaciones con el narcotráfico.

    La memoria histórica debe ser siempre el espejo donde veamos el retrato del pasado inmediato, que nos devela los hechos, visibiliza a sus actores y desdobla las implicaciones que tuvieron a lo largo de la historia.

    Paz Pereira debería conocer a fondo que su padre, Jaime Paz Zamora —más conocido como «El Gallo»— llegó a la política gracias a esa democracia pactada del siglo anterior y al dictador Banzer de los años setenta. Paz Zamora cruzó ríos de sangre al pactar con quien masacró a muchos dirigentes del MIR en los ochenta.

    Pero lo más llamativo de este gobierno —que tenemos que relacionar con las expresiones recientes de su hijo Rodrigo Paz Pereira— es ver otra vez a Jaime Paz haciéndonos volver a la historia del siglo anterior, cuando su partido se vio envuelto en uno de los escándalos más grandes del narcotráfico y su principal ideólogo purgó la pena que le impuso la ley.

    Al MIR de Paz Zamora no le gustó la acusación sobre «narco vínculos». La Cámara de Diputados encontró indicios de culpabilidad por encubrimiento y, en una resolución, dispuso el juicio de Óscar Eid y la investigación de las hermanas de Paz Zamora, de su exministro Samuel Doria Medina, y de Hugo Muñoz Leaño, Jorge Méndez, Edgar Fernández Lazcano, entre otros.

    Fue también en ese periodo que conocimos a grandes personajes como Isaac «Oso» Chavarría y Carmelo «Meco» Domínguez, quienes involucraron a Jaime Paz Zamora y a otros dirigentes miristas, entre ellos Óscar Eid Franco.

    «Jodidos, jodidos estamos todos», fue una de las frases de Eid Franco durante una conversación grabada que sostuvo con el testigo «clave» en los narco vínculos, Edgar Fernández Lazcano, a fines de 1994. Esa cinta llegó, de manera misteriosa, a manos del entonces comandante de la FELCN, general Renato López Leytón.

    Como producto de ese escándalo, Eid fue apresado y condenado a cuatro años de cárcel por encubrimiento a un narcotraficante. En enero de 1996, el gobierno de Estados Unidos retiró la visa de ingreso a Jaime Paz Zamora y a su más estrecho colaborador, Carlos Saavedra, exministro del Interior de su gobierno.

    En 1995 estalló el caso más grande de nuestra historia: el «narcoavión». Un viejo carguero DC6-B boliviano fue interceptado en Lima llevando 4,1 toneladas de cocaína, cuyo destino final era México. La droga estaba valuada en más de 100 millones de dólares en el mercado estadounidense. Luis Amado Pacheco Abraham, alias «Barbaschocas», estuvo involucrado en ese hecho y fue condenado a 13 años de cárcel.

    Inexplicablemente, el avión no fue detenido en La Paz. La ineficiencia —y algo más— de la FELCN y de la DEA norteamericana provocaron una crisis, la destitución de autoridades de la FELCN y una mancha de supuesta protección desde el ministerio de Gobierno a cargo de Carlos Sánchez Berzaín.

    En el contexto actual que compromete al gobierno de Paz Pereira, se decomisaron 108 toneladas de droga impregnada en cargamentos de madera procedentes de Bolivia, en un operativo realizado por autoridades chilenas en el puerto de Arica, Chile. El decomiso, considerado el más grande registrado en la historia de Chile, asestó un golpe estimado en 8.300 millones de dólares a las estructuras criminales dedicadas al tráfico de sustancias controladas.

    La operación se ejecutó entre la Fiscalía Regional, la Policía Marítima y el Servicio Nacional de Aduanas en los puertos de Arica, San Antonio y Valparaíso, después de seis meses de investigación. La droga estaba en 45 contenedores que iban a ser enviados a más de 14 puertos alrededor del mundo, principalmente en Europa, Estados Unidos y Oceanía.

    En estos días, Jorge «Tuto» Quiroga, en conferencia de prensa y en sus redes sociales, calificó el caso como una «enorme vergüenza nacional» y aseguró que el hallazgo refleja la capacidad de operación de redes vinculadas al narcotráfico dentro del país.

    Quiroga señaló que, mientras varias regiones enfrentan dificultades por los bloqueos y problemas de abastecimiento, grandes volúmenes de mercancía vinculada a actividades ilícitas logran atravesar rutas nacionales y llegar a mercados internacionales.

    Este es ya otro bullado caso, bautizado como «narcomaderas», que comprometerá el futuro político de Rodrigo Paz. Porque ni él ni sus ministros han dado respuesta satisfactoria a quienes exigen esclarecer cómo se enviaron esas cargas hasta Chile.

    Los analistas han agotado sus análisis por su relación con el caso «narcomaletas». La clase media urbana, seguidora del gobierno, se queda perpleja. Algunos periodistas prefieren callarse y otros se inventan relatos sin justificación, regodeándose en la incompetencia de Paz y su gobierno. La pregunta sigue flotando en el aire: ¿Cuándo saldrá la verdad de los hechos?

    Luis Camilo Romero, comunicador boliviano para América Latina y el Caribe

  • Chau diálogo, la consigna se mantiene

    Chau diálogo, la consigna se mantiene

    La COB y los movilizados ya tienen trazado su único camino. No aceptan ir al diálogo. Su consigna se mantiene: el panorama es más claro que nunca. No retrocederán en su propósito de exigir la renuncia de Paz Pereira.

    Cuando se hablaba de diálogo, sus promotores desplazaron a los verdaderos actores del conflicto. Hace más de una semana, a esos actores los calificaron directamente de «vándalos», «delincuentes» y otros adjetivos semejantes. Al no ver una actitud diferente por parte del Ejecutivo, los movilizados —en su ampliado— rechazaron cualquier convocatoria al diálogo. Los tiempos para el gobierno se acabaron. Sus interlocutores ya no son válidos.

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  • El Menos Peor: Ascenso, Traición y Levantamiento en la Bolivia de Rodrigo Paz Pereira

    El Menos Peor: Ascenso, Traición y Levantamiento en la Bolivia de Rodrigo Paz Pereira

    En menos de siete meses de gestión, el gobierno de Rodrigo Paz Pereira ha logrado lo que pocos hubieran imaginado posible: reunificar en la indignación a comunidades indígenas, campesinas y al pueblo trabajador boliviano. El binomio Paz–Lara llegó al poder tras unas elecciones marcadas por la desconfianza: en primera vuelta, los votos blancos y nulos alcanzaron el 21,92%. En segunda vuelta, Paz obtuvo el 66% no por convicción popular, sino como «el menos peor» frente al retorno de Tuto Quiroga, figura ligada a la privatización y a los peores índices de desigualdad de las últimas décadas.

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  • Seis meses bastan

    Seis meses bastan

    Hay gobiernos que mienten ocasionalmente. Y hay gobiernos que han convertido la mentira en el único método que saben aplicar. El de Rodrigo Paz pertenece a la segunda categoría, y seis meses son tiempo suficiente para saberlo.

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  • De fantasmas y diálogos

    De fantasmas y diálogos

    Las últimas 24 horas, muchas organizaciones sociales, han tomado la decisión de plegarse al pedido de renuncia del presidente. La paralización (parcial) de actividades en la ciudad de La Paz y en la ciudad de El Alto, se ha radicalizado, se puede decir que los dos centros urbanos, uno sede de gobierno, se encuentran cercados completamente.

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  • «No, No señor Paz, no cuadra nada»

    «No, No señor Paz, no cuadra nada»

    «¿Cuadra o no cuadra?… No estuve muy lúcido, ¿no?»

    A una sola voz y en coro, seguramente muchos ya le han respondido: ¡no cuadra!

    Detrás de ese lapsus en el mensaje presidencial, que se filtró casi al final, encontramos una frase que merece ponerse en primer plano. Porque forma parte de las grandes contradicciones de un discurso que, en vísperas del Día del Trabajador, no convenció a más de uno.

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  • Otro golpe a la institucionalidad

    Otro golpe a la institucionalidad

    Con el reiterado argumento de reestructurar las instancias del Estado, Rodrigo Paz tira un mazazo duro a la Vicepresidencia para reducirla a la mínima expresión, anulando Direcciones, Unidades en esa repartición estatal, calificado también como un golpe a la institucionalidad y un excesivo abuso de poder.

    La reducción de un total de 28 dependencias, entre ellas la Secretaría General, siete direcciones y 14 unidades dependientes, además de la Agencia para el Desarrollo de la Sociedad de la Información en Bolivia, que dependían de la Vicepresidencia del Estado, es un llamado a que las instancias que velan los intereses de la institucionalidad y el estado de derecho, deban pronunciarse con respaldo en la Constitución Política en actual vigencia.

    El ministro encargado de esa bestial estrategia para liquidar al segundo hombre más importante del Estado, José Luis Lupo, esta vez con el DS 5552, traspasa a su cartera de estado y a 3 ministerios, las dependencias de la vicepresidencia, además se eliminaron las unidades de Auditoría y la Unidad de Transparencia y Lucha Contra la Corrupción, haciendo que las unidades del Ministerio de la Presidencia ejerzan sus funciones sobre las actividades, operaciones y personal de la Vicepresidencia, según la norma.

    Se ha hecho una costumbre en éste nuevo tiempo, gobernar por decreto. Vimos desde inicio que, Rodrigo Paz Pereira, al no contar con respaldo a su gobierno aplica decretos para todo, como lo viene haciendo desde inicio de su gestión.

    Ese nuevo Decreto Supremo 5552, firmado entre gallos de medianoche, fue calificado por el propio vicepresidente como un duro golpe a la democracia, hoy relegan al segundo hombre del estado a la mínima expresión, destrozan la estructura de la Vicepresidencia y ponen bajo dependencia del ministro de la Presidencia.

    Es muy lamentable que por el solo hecho de llevar a una guerra personal entre el presidente y el vicepresidente se destroce la institucionalidad de un Estado. Rodrigo Paz aprovechando el desgaste mediático y de las redes que sufre el vicepresidente, tipificándolo como “retrasado mental”, “bipolar”, “opositor principal del gobierno”, pretenda anularlo del escenario político y administrativo.

    La marginación de Edmand Lara en la política boliviana está siguiendo una combinación de factores estructurales, políticos y también personales, es un mensaje directo para decir que el vicepresidente, no encaja en los bloques de poder de éste gobierno, lo que quieren es anularlo directamente en todo.

    Edmand Lara desde que llega al gobierno soporta una guerra por todos los flancos en un escenario político donde, tiene más elementos de perder que ganar. Es él quien construyó rápidamente una imagen de forastero honesto, alguien que “pagó el precio” por enfrentarse a la podredumbre institucional y quien supo utilizar un lenguaje directo, cargado de moralismo e indignación.

    En ese marco, el propio Lara ya ha realizado la presentación de acciones constitucionales contra la norma y exhortado al Tribunal Constitucional Plurinacional y a las instancias llamadas por ley a “fallar con justicia”.

    El famoso DS 5552 limita atribuciones que la CPE otorga directamente al Vicepresidente, le quita funciones constitucionales, lo excluye de órganos donde la Constitución ordena su participación y altera el orden de sucesión presidencial. En consecuencia, en este caso, se puede confirmar la inconstitucional del Decreto 5552, porque un decreto no puede modificar la Constitución.

    Pero no solo es a ese Decreto que se observa por su inconstitucionalidad, estamos siendo testigos que el gobierno sigue sacando como naipes decretos para asegurar su gobernabilidad que fue quebrada desde el fracaso de su tan anunciado DS 5503, ya que para un control del ciudadano u organización, el Ministerio de la Presidencia inició un proceso de contratación para adjudicar el “Servicio de Monitoreo de Redes Sociales y Plataformas Digitales”, en otras palabras el gobierno hará un control y seguimiento si alguien dice algo contra éste para luego iniciarle un proceso judicial.

    La nueva artera estrategia tiene como objetivo dotar al Ejecutivo de una herramienta de “escucha social” basada en Inteligencia Artificial y Big Data para medir la percepción ciudadana en tiempo real.

    Estamos ante un entramado de contradicciones por inconstitucionalidad de los decretos que ya tienen elementos polémicos frente a la Constitución, pero quien debe dilucidar su constitucionalidad es el Tribunal Constitucional, que tal como está, seguramente será servil al gobierno de Paz.

    La política en Bolivia con ese tipo de medidas de un dizque presidente, que jamás se imaginaba sentarse en la silla presidencial, ha retornado al siglo XIX, cuando caudillos unas veces a caballo y otras en carruaje, se disputaban el gobierno utilizando los sables o las chequeras, cada uno con su proyecto individual, desde esa época es que se personaliza la política y Paz Pereira está en ese juego.

    *Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y el Caribe

  • A cien días de gobierno: alerta popular ante el avance del modelo extractivista y la concentración del poder (*)

    A cien días de gobierno: alerta popular ante el avance del modelo extractivista y la concentración del poder (*)

    A cien días de gestión gubernamental, el panorama político y social en Bolivia se presenta como un escenario de profundas tensiones. El análisis del contexto actual, marcado por la postergación del decreto 5503 y la posterior aprobación del 5516, revela una estrategia oficial que, aunque cautelosa, avanza progresivamente hacia la consolidación de un modelo económico de corte neoliberal, al servicio de intereses transnacionales y en detrimento de los derechos y riquezas del pueblo boliviano.

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