Relaciones exteriores made in USA

El Departamento de Estado es la agencia de los Estados Unidos de Norteamérica encargada de manejar las relaciones exteriores del imperio. En la actualidad, su titular es el señor Michael Pompeo, uno de los hombres duros de la politica exterior que ha declarado públicamente sus preferencias, odios y pasiones en la materia. En una entrevista, jocosamente, confiesa que su gobierno ha mentido, ha chantajeado y ha iniciado guerras, en defensa de sus mejores intereses; léase, para salvaguardar e incrementar las ganancias de los gigantescos trusts y holdings de empresas que, en definitiva, son las que gobiernan a ese país.

Inmediatamente consumado el golpe de Estado de noviembre pasado en Bolivia, una de las primeras y efectivas tareas desarrolladas por los golpistas fue la toma de posesión de las embajadas y consulados del país en el exterior. La autoproclamada presidenta Jeaninne Añez no había completado todavía su gabinete, pero las principales embajadas y representaciones diplomáticas bolivianas ya tenían posesionados a los funcionarios que se harían cargo de ejecutar el inmediato realineamiento de nuestra política exterior, bajo los dictados del inefable Michael Pompeo.

Así, por ejemplo, el gobierno de facto hacía ingresar a los tropezones al país al denominado Grupo de Lima, una instancia promovida por los Estados Unidos con la única finalidad de apoyar toda forma de desestabilización del gobierno democrático y constitucional de Venezuela, acentuar la presión con el bloqueo infame a Cuba y consolidar bloques que perpetúen la ansiada unipolaridad yanqui.

Karen Longaric Rodríguez, canciller boliviana, demostró ser alumna aplicada. En pocos días, asimiló bien qué es lo que querían sus mandantes y aplicó con todo rigor los dictámenes de Washington, sin mayor rubor y como si fuese un gobierno democrático elegido por el pueblo, para dirimir de qué lado se pone Bolivia: o a favor del imperialismo yanqui o a favor de los pueblos. Es obvio que su opción expresa el agradecimiento a la potencia a la que le debe su existencia.

Así, inmediatamente, se rompieron relaciones diplomáticas con la República Bolivariana de Venezuela y se reconoció al “presidente encargado” Juan Guaidó, otra criatura fabricada también en Estados Unidos y a quien, dentro de Venezuela, nadie le reconoce otra cosa que su manifiesta estupidez para hacerse pillar en complots criminales, relaciones con narcotraficantes confesos y paramilitares terroristas, además de corruptelas con los fondos que generosamente provee el imperio, dizque para tumbar la tiranía de Nicolás Maduro. Idéntica suerte han tenido las relaciones con Cuba.

En el primer caso, el pueblo boliviano –por encima de las autoridades impuestas por la violencia antidemocrática– recuerda que fue el presidente Hugo Chávez Frías quien no vaciló un instante en poner los recursos necesarios para erradicar el analfabetismo en Bolivia, a través de un exitoso programa que contó con la participación decisiva de Cuba, país pionero en América en lidiar contra esta lacra consecuencia de la explotación y opresión imperial. También el pueblo boliviano recuerda a todos y cada uno de los médicos cubanos que trabajaron en aquellos rincones donde pocos profesionales en salud de Bolivia se atreven a ir, llevando alivio, medicinas y atención medica en un gesto solidario que no tiene precio.

En estos días, la C(h)anc(h)illería boliviana ha terminado su vergonzosa tarea de poner la politica exterior del país en manos del Departamento de Estado. Ha resuelto retirar las embajadas en Nicaragua –donde todavía le duele al imperialismo el color de las banderas sandinistas de liberación– y de Irán, un país con el que Bolivia comenzaba a impulsar acciones de cooperación en diversos campos.

Menos mal que estos entuertos serán revertidos muy pronto, con el desalojo de la dictadura mediante voto popular en septiembre.

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