Etiqueta: Golpe de Estado en Bolivia

Como muletilla y hasta usado de estribillo repetitivo, cansón llevado al hastío, la frase de persecución política fue el arma que los opositores manejaron para remarcar que es el gobierno quien efectúa una sañuda persecución a líderes políticos y cívicos quienes ejecutaron con la bendición de la Iglesia católica, el golpe de estado del año 2019.

La oposición considera que por los hechos que se dieron durante el gobierno de Añez y las acciones que desarrolló el ministro de la muerte, Arturo Murillo, quien, esposas en mano, amenazaba a ‘masistas’ con cazarlos y meterlos a la cárcel, el gobierno actual desarrolla una supuesta persecución de quienes finalmente fueron actores del golpe.

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El pasado año, un grupo interdisciplinario de expertos independientes en derechos humanos, conocido como el GIEI, dio a conocer un informe sobre las violaciones de derechos humanos cometidas en el contexto de la crisis que rodeó las elecciones de 2019 en Bolivia.

El documento de 468 páginas establece claramente que las fuerzas de seguridad del Estado boliviano perpetraron «masacres» tras el golpe de Estado que llevó al poder a Jeanine Áñez en 2019. El informe incluye una serie de recomendaciones sobre el trato a las víctimas, pide que los responsables de las violaciones de los derechos humanos rindan cuentas, y denuncia la prevalencia del racismo generalizado, tanto en el Estado como en la sociedad boliviana.

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Texto escrito para Nuestra Palabra

Los actos fascistas y de racismo del pasado 24 de septiembre en Santa Cruz y los que se derivan del golpe de noviembre de 2019 en relación a la wiphala no son aislados, o meramente simbólicos, debemos ubicarlos en el marco de una histórica lucha política, ideológica, y simbólica, porque detrás de esta lucha aparentemente simbólica hay nefastos intereses e intenciones frente a los cuales debemos estar en completo estado de alerta. ¿Pero entre quienes es esa lucha?

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Los recientes hechos en la ciudad de Santa Cruz nos obligan una vez más, a revisar las características del golpe de Estado de noviembre del año 2019, debido a la presencia de una constante discursiva que no es otra cosa que el racismo.

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Después de hace más de diez meses de recuperada la democracia en nuestro país, y más de 15 años de inaugurado el proceso de cambio, se puede identificar con mayor precisión la peculiar idiosincrasia “pitita”. Esta se ha desarrollado primero, a partir de enero de 2006, azuzando en la clase media el temor de perder casas y vehículos que serían expropiados por el gobierno de los indios, en algunos casos incluso llegaron a vender alguno que otro inmueble para emigrar a los states. Otros más confiados en su poder económico e influencia política, que todavía mantenían, auguraban un inminente fracaso de un gobierno de ignorantes e inexpertos.

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No tiene nada que ver con la película de Corin Hardy, (The Hallow) que la produjo en 2015, acerca de una monja que se suicida en una abadía rumana y que el Vaticano envía a un sacerdote y una novicia a investigar lo sucedido. Es una película del género del terror y sin tratar de incidir en los componentes del film, lo que decimos más adelante probablemente revele lo más terrorífico por alusión a otro personaje parecido en nuestro país.

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Se han cumplido 35 años de aquella Marcha histórica de más de 5 mil mineros que marcharon desde Oruro a la ciudad de La Paz interpelando al gobierno del MNR por la aplicación de la dura medida como fue la relocalización de más de 30 mil mineros de las minas, hoy una gran masa de pobladores del campo y de la ciudad continúa marchando, reclamando e interpelando al mundo “Por la Vida y la Paz”, como fue en 1986.

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El informe publicado la semana pasada por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) continúa provocando un remezón en la política boliviana; poniendo al descubierto la endeblez de la argumentación de la derecha por soslayar no sólo su participación en la violación de derechos humanos individuales y colectivos durante la dramática ruptura democrática, sino también insistiendo tozudamente en su discursiva de si fraude electoral no golpe de Estado. Pero más tozudos parecen ser los hechos. Día que pasa, se acumulan pruebas de aquel golpe que no fue, ni por asomo, expresión del “cansancio del pueblo boliviano con la dictadura de Evo Morales”, como sostienen todavía algunos porfiados opositores.

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