Cierre del año escolar gestión 2020

La Gestión escolar 2020, por determinación del gobierno de facto, fue clausurada en el mes de julio afectando a los establecimientos fiscales; contrariamente, las unidades educativas privadas, han seguido pasando clases y en este mes (diciembre) están en fase de conclusión. La clausura del año escolar ha sido desastrosa para el futuro del país y de los estudiantes; en el área rural las escuelas se cerraron desde mediados de marzo cuando se decretó la cuarentena. Sin mucho análisis, estos simples datos nos muestran la brecha educativa que se ha generado en esta gestión, sin tomar en cuenta la ya existente, anterior a la pandemia, como con los que tienen acceso a la tecnología y los que no la tienen, producto de las desigualdades económicas y de clase.

La pandemia pasada, que parece prolongarse, nos obliga a planificar para educar a distancia, sacrificando la sociabilidad y la interacción entre alumnos y con sus maestros, tan importantes y necesarias en el desarrollo de los niños y de los jóvenes. La asistencia a la escuela de niños y niñas debe garantizarles el aprendizaje necesario para que tengan un futuro esperanzador en lo individual y como constructores colectivos del país.

Por ello pensamos que el actual gobierno elegido democráticamente y que ha expresado su deseo de eliminar las desigualdades, debe desarrollar acciones inmediatas para subsanar el retraso y las brechas de desigualdad existentes en el ámbito educativo. De no tomarse determinaciones importantes se corre el riesgo de que la brecha educativa se amplíe aún más entre los escolares de los diferentes niveles de nuestra sociedad amén de las que se han generado al interior de cada curso debido a la desigual participación generada por la pandemia y los problemas económicos y sociales emergentes de ella, pues los niños en el encierro han tenido que soportar problemas de desempleo de sus padres, disminución de los ingresos familiares, divorcios, violencia intrafamiliar, y otro importante, que no todos los padres y madres tenían el tiempo ni el conocimiento para acompañar y apoyar el cumplimiento de las tareas escolares diarias. Todo esto ha afectado su rendimiento.

Es necesario un debate público sobre el sector educativo, su adaptación en la pandemia y la post pandemia, el tipo de educación que queremos para nuestros hijos y para la sociedad, qué tipo de país queremos, qué futuro queremos para nuestros hijos. Son preguntas sobre las que se debe trabajar.

La educación debe tener como objetivo el desarrollo pleno del ser humano, de la comunidad, a partir de nuestras aspiraciones colectivas, no para oprimirnos sino para ser libres, para ser iguales en la diferencia, en la pluriculturalidad, para crecer en el respeto y la autoestima individual y colectiva para construir el orgullo nacional, no la vergüenza, el rechazo, la subestimación, la discriminación y la descalificación que tanto daño nos hace.

Debemos construir, a partir de una nueva educación, una sociedad basada en los Derechos Humanos, en la fraternidad, la solidaridad, la búsqueda del bien común, frente a un modelo de educación capitalista que funciona con pensamiento patriarcal y colonial y se expande con la competitividad, el individualismo, la explotación IRRACIONAL de la naturaleza y del ser humano.

La innovación y transformación educativa en la era digital debe reinventar, redefinir los roles y competencias para los docentes y las herramientas que necesita para llevar a cabo la transformación. Estamos conscientes de que son necesarios muchos esfuerzos y recursos pero también estamos conscientes de que se pueden establecer sinergias que nos permitan salir adelante para mejorar la calidad educativa.

Es tiempo de que el magisterio organizado, sin abandonar lucha salarial, retome prioritariamente la tradicional lucha por una educación de calidad, innovadora y transformadora y con equidad del conocimiento escolar. Su resistencia a la Ley Avelino Siñani, opaca esta propuesta educativa que es novedosa y sobre todo emerge de una experiencia nuestra en Warisata y se enfoca en aspectos importantes para la transformación de la educación y que los maestros así como la sociedad civil deben considerarlo para contribuir en su profundización y mejora para tener la educación que todos aspiramos, por lo que me permito señalar aquello que es importante destacar de esta Ley:

  1. Enseñanza centrada en las necesidades de los niños y niñas.
  2. Carácter activo y participativo, que pone acento en el aprendizaje, incentiva el pensamiento y análisis crítico.
  3. Cambia en la orientación de la educación, de una visión castellanizadora y civilizatoria, ésta entendida como la integración de la mayorías a la clase dominante, a una educación cuyo núcleo central es la descolonización, con una currícula escolar que incluye los valores, prácticas, conocimientos de las culturas nacionales antes ignoradas o negadas por el carácter civilizatorio de la educación pública, (herencia colonial) que fue el sentido dominante de la educación en el siglo XX. Considero importante esta orientación y sus contenidos porque es en la colonia donde se lastimó bruscamente nuestra autoestima, su revaloración es importante, no para retroceder sino para avanzar en la dinámica intercultural.
  4. Ha universalizado el conocimiento en las comunidades indígenas, con una currícula única y los idiomas nativos se han generalizado para los estudiantes urbanos y rurales, superando la castellanización y la educación bilingüe sólo para el área rural.

Será necesario profundizar en la Ley Avelino Siñani denominada “Modelo educativo socio comunitario y productivo” que tanto los maestros como la sociedad civil deben considerarlo para contribuir en su profundización y mejora, para que el país tenga una currícula educativa regionalizada, coherente y didáctica y que nuestro sistema educativo forme a nuestros niños y jóvenes para la transformación de la sociedad en equidad y justicia social.

Adicionalmente, quiero referirme a la propuesta de Don Simón Rodriguez, que provenía de sus críticas al sistema educativo del fin de la colonia y el inicio de las repúblicas en América latina, planteaba “la nueva educación como un camino fundamental para superar la condición colonial y todo lo que significaba atraso: exclusión, marginación, ignorancia”. Pensaba la educación desde la perspectiva de la inclusión social proponiendo educar un nuevo ciudadano para no reproducir el orden social establecido. Educar poniendo el mismo valor a la educación técnica como a la educación intelectual. Educar para la vida, para la acción, para ser un elemento útil que ayude a forjar el progreso del país, en los aspectos sociales económicos y culturales conociendo el contexto, sus derechos y obligaciones, capaz de cristalizar el tipo de sociedad a que aspira el conjunto de la población. El fin de la escuela, decía, es la sociabilidad y la formación para el trabajo, evitar la subvaloración de la educación técnica, de ahí su propuesta de la escuela-taller y la formación de un ciudadano solidario y productivo.

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