El homenaje al Chato Peredo

El 8 de octubre de 2007, contrariando los consejos de muchos “prudentes” del momento, el entonces presidente Evo Morales Ayma se hizo presente en Vallegrande, para rendir homenaje al comandante Ernesto Che Guevara, en acto organizado por la Fundación que lleva el nombre del insigne guerrillero y que entonces presidía Osvaldo Chato Peredo. No fue un hecho menor: se trataba del reconocimiento que, por primera vez en la historia, hacía un presidente electo democráticamente en Bolivia al combatiente sumariamente ejecutado por el ejército boliviano cumpliendo las órdenes de la CIA.

Hace unos días, el también presidente democráticamente electo Luis Arce Catacora, ha llevado a cabo un sencillo como emotivo homenaje a Osvaldo Chato Peredo, aquel que también se levantara en armas en las montañas de Teoponte, detrás de la quimera de la Liberación Nacional y el Socialismo. Tampoco es un hecho menor: es el reconocimiento que se hace a toda una generación de valerosos combatientes revolucionarios que, en su momento, no dudaron en ofrendar hasta sus propias vidas detrás de un ideal humanista y revolucionario.

En este último homenaje, estuvieron presentes el Vicepresidente del Estado Plurinacional, el hermano David Choquehuanca; conjuntamente la ministra de la Presidencia, Marianela Prada; entre otras personalidades. Sin duda alguna, una acción que los honra y los distingue, pues Chato Peredo fue de esos leales a la causa; no de aquellos “incondicionales” que embargaron su palabra, sino de los que, crítica empuñada, siguieron dando batalla por los ideales a los que nunca renunciaron. Y Chato fue de los que estuvo hasta el último hálito de vida, entregado a la causa del pueblo, organizando con entusiasmo y a pesar de sus limitaciones físicas y de salud, la campaña por las elecciones sub nacionales que significarán nueva prueba para el MAS IPSP en los próximos meses.

Lo expresado, entonces, por el Presidente Luis Arce, refleja precisamente aquella faceta del guerrillero, que estuvo al pie del cañón y que tuvo un especial tino para lanzar sus advertencias respecto al futuro político de nuestro país. Amén de haber señalado con valentía los riesgos a los que se puso a prueba la continuidad del Proceso de Cambio con la postulación de Evo Morales a pesar de un veredicto popular en contra, vaticinó en una cena íntima con el binomio Arce Catacora – David Choquehuanca, el amplio triunfo popular que luego se concretaría en octubre del año pasado.

Destacables han sido las palabras de Marianela Prada, quien hizo un parangón con las enseñanzas del Che, afirmando de Chato que fue y es uno de esos compañeros que sentía la misma indignación del Comandante de América por cualquier injusticia que se comete en cualquier parte del mundo. Destacó no sólo su apego a ese internacionalismo revolucionario del que Chato fue un cultor fervoroso, sino los rasgos que dichos sentimientos deben caracterizar al revolucionario, que no son sólo de solidaridad, sino de identificación de un mismo destino y de una sola unidad contra el enemigo número uno de la especia humana: el imperialismo yanqui. La ministra de la Presidencia sintetizó, de esa forma, aquella coherencia entre el pensamiento y la práctica, que llevó a Chato y a sus compañeros del ELN a organizar la muy latinoamericana Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) en resistencia a las dictaduras aupadas por el imperio y que habían sembrado el terrorismo de Estado en el sur del continente con el tristemente célebre Plan Cóndor, que tantas vidas de revolucionarios cobrara.

Pero la intervención de Nila Heredia –quien compartiera con Chato esos momentos álgidos de lucha y sacrificio– es la que marca el rasgo indeleble y distintivo de la relación entre revolucionarios: la permanente crítica y autocrítica, tan alejada del servilismo y la obsecuencia, que da vida y sentido a la militancia revolucionaria. Nila, en nombre de la Dirección Nacional del Movimiento Guevarista de Bolivia, no vaciló en destacar las profundas diferencias que mantuvo en vida con el compañero entrañable, expresadas en el marco del más profundo respeto. Sólo ello puede explicar por qué Chato Peredo, hasta el final de sus días, fue militante activo sin, por ello, embargar su propia voz cuando su conciencia se lo dictaba.

Chato, irreverente pero de lealtad a toda prueba con la Revolución, es, como bien señalara Marianela Prada, de aquellos revolucionarios que no mueren.

PS. Sendos ampliados regionales del Movimiento Guevarista de Bolivia, realizados este fin de semana en Santa Cruz y en Cochabamba, adoptaron el nombre del menor de los Peredo para designar sus magnas asambleas. ¡Honor y gloria!

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