¿A qué y por qué se oponen los colegios médicos?

Para nadie es un secreto que los profesionales de la salud que dirigen los colegios médicos de las principales ciudades del eje troncal de Bolivia representan a uno de los sectores más reaccionarios del gremio médico y de la sociedad en su conjunto, y reaccionan con medidas extremas de presión cuando les tocan sus intereses personales o de ese grupo de poder en su conjunto, y no tardan en organizar marchas y paros para demostrar su inconformidad. De esta manera, logran manipular a la población a través de las redes sociales y los medios de difusión, para lograr el apoyo a sus demandas. Ponen en riesgo la vida de muchos ciudadanos que acuden a los hospitales y centros de salud en busca de la atención médica necesaria en los diferentes niveles, dependiendo de la gravedad de su padecimiento.

Pero, ¿a qué se debe esa actitud inhumana de los médicos colegiados? En primer lugar, esta ley abrevia y evita la burocracia que existe en los diferentes hospitales públicos y de la seguridad social a corto plazo, lo cual facilitaría la atención oportuna de los pacientes. Ello implicaría que los médicos trabajen con mayor celeridad durante las 6 horas que dura normalmente su jornada laboral en los hospitales; no pudiendo salirse antes, como muchos lo hacen para irse a atender su práctica privada que es donde logran acumular cuantiosas ganancias a costa del dolor y la desesperación de nuestro pueblo. Además, esta ley evitaría los cobros exagerados de las clínicas privadas, de las cuales muchos de ellos son dueños y socios y donde además se exigen pagos anticipados.

Otro punto con el que no están de acuerdo con la ley propuesta es porque ésta prohíbe la suspensión de los servicios de salud en emergencia sanitaria, acción que constituye una actitud criminal en tiempos de pandemia al negar la atención a un paciente que llega en busca de atención de emergencia; lo que puede provocar hasta el deceso debido a las complicaciones, faltando así los galenos al juramento hipocrático.

Entendemos que los médicos y demás personal de salud que trabajan en la primera línea estén agotados por la ardua lucha durante la pandemia del Covid 19 y que muchos de ellos han perdido la vida en ese servicio. También sabemos que hay carencia de equipamiento, material e insumos; así como también de medicamentos y de recursos humanos en los hospitales. Pero, si hay necesidad de contar con más especialistas emergenciólogos, terapistas, intensivistas, neumólogos, cardiólogos, etc. y el país no cuenta con los mismos, se debería permitir que el gobierno central –a través del Ministerio de Salud– pueda contratar los servicios de especialistas de otros países para que vengan a reforzar a los equipos de trabajo de los hospitales. De esta manera, también se daría un respiro a los médicos bolivianos que están en primera línea, sin importar la nacionalidad de los mismos. Brasil es uno de los países que, en condiciones normales (sin pandemia), siempre ha contratado a médicos extranjeros para cubrir sus necesidades de material humano en sus diferentes estados, sin que nadie reclame por la contratación de los mismos. No es otra cosa que la actitud mezquina de estos grupos de poder que ven amenazadas sus pingües ganancias. También hay muchos médicos bolivianos que están desocupados a la espera de ser contratados en los diferentes hospitales para prestar sus servicios.

Otra de las causas del rechazo de la ley de emergencia sanitaria es que establece la regulación de los precios de los medicamentos; esto también afecta al sector debido a que muchos son socios o dueños de las grandes cadenas farmacéuticas del país. Durante la pandemia, estos negocios han estado especulando con los precios de los medicamentos a su regalada gana y sin control alguno (a rio revuelto, ganancia de pescadores) cobrando altos precios a la población que de por sí está sufriendo los efectos de la pandemia en su ya precaria condición económica.

Ilustrativo de la situación de la crisis sanitaria que vivimos en Bolivia con un sistema de salud colapsado, fragmentado y manejado por estos grupos de poder, es el caso de una familiar que hace unas dos semanas sufrió de un fuerte cólico vesicular por lo que fue llevada al servicio de emergencias del hospital de la Caja Petrolera de Santa Cruz. Allí le hicieron una placa de rayos x de tórax y la médico de turno le dice que esta con Covid; que, por lo tanto, será pasada a una sala de pacientes con Covid. La familia solicita que se le entregue la placa con el diagnóstico presuncional, ya que la paciente no presentaba más síntomas que los del cólico biliar. Al principio, el personal a cargo se negó a entregar el estudio. La familia de la paciente decidió llevarla a una clínica privada por temor a que la paciente se contagiara de Covid en esa sala del hospital de la Caja Petrolera.

Antes de la operación, en la clínica privada le realizaron la prueba de PCR, que dio resultado negativo. Al día siguiente se llevó a cabo la operación de la vesícula biliar que ya estaba complicada debido a que el cálculo biliar había pasado al intestino donde se obstruyó. La complicación derivada de la negligencia en la atención en la Caja Petrolera la obligó a permanecer 6 días internada con medicamentos intravenosos. Cuando la dieron de alta, la cuenta ascendía a 6.000 dólares.

Esas son las razones por las que los dirigentes de los colegios médicos están en contra de la ley sanitaria. Hay muchos médicos que tienen una formación ética e hipocrática, que practican una medicina humanista y solidaria con los pacientes; pero son los dirigentes que toman las decisiones por muchos médicos que seguramente apoyan la nueva ley sanitaria. Varios de ellos firmaron el acuerdo con el gobierno y fueron posteriormente desconocidos por los colegios médicos regionales. Una nueva ley sanitaria es necesaria, así como también echar andar en forma el Sistema Único de Salud (SUS) con la implementación de otros paradigmas médicos para brindar una atención integral, con un enfoque humanista mediante el uso de la medicina alternativa/complementaria y la medicina tradicional ancestral. Esto permitiría abrir un abanico de posibilidades terapéuticas, promoviendo en el país lo que se conoce hoy en el mundo moderno con el nombre de medicina integrativa.

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