Etiqueta: Colegio Médico

Todo es posible en estos tiempos de resurgimiento de corrientes atrabiliarias de extrema derecha que, contradiciendo su pertenencia al cristianismo, promueven el odio, la discriminación, la injusticia y la postergación de los sectores más desposeídos de la sociedad.

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Actualizado al 24/02/2021 – Horas 10:30

Bolivianos y bolivianas de la ciudad y el campo, junto a organizaciones sin distinción de ninguna clase, convenimos en firmar esta declaración EN DEFENSA DE LA VIDA, motivados por la necesidad de denunciar un verdadero atentado criminal contra la salud.

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Para nadie es un secreto que los profesionales de la salud que dirigen los colegios médicos de las principales ciudades del eje troncal de Bolivia representan a uno de los sectores más reaccionarios del gremio médico y de la sociedad en su conjunto, y reaccionan con medidas extremas de presión cuando les tocan sus intereses personales o de ese grupo de poder en su conjunto, y no tardan en organizar marchas y paros para demostrar su inconformidad. De esta manera, logran manipular a la población a través de las redes sociales y los medios de difusión, para lograr el apoyo a sus demandas. Ponen en riesgo la vida de muchos ciudadanos que acuden a los hospitales y centros de salud en busca de la atención médica necesaria en los diferentes niveles, dependiendo de la gravedad de su padecimiento.

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¿O el frente de Luis Larrea se ve perdido o están tratando de ganar tiempo? No sabemos cuáles son las intenciones del presidente del colegio médico paceño que otra vez propone cuarentena y postergar las elecciones subnacionales. O lo que es peor llamar a un paro medico que debería ser considerado como un atentado a la Salud Publica.

Curiosamente en la misma línea el dirigente cívico de Santa Cruz, Fernando Castedo, ha planteado a los tres niveles de gobierno que lo que se vive actualmente es mucho más duro que lo que se vivió el año pasado, en ese sentido, plantea la postergación de las elecciones del próximo 7 de marzo.

No es posible que los caprichos políticos y un estado de ánimo exaltado del dirigente de los médicos y ahora candidato a la alcaldía, intente cambiar el escenario electoral, que como sabemos, el TSE ha señalado que no habrá modificación del calendario. Cualquier consideración de postergación de las mismas debe sujetarse a informes y datos precisos, no a sensaciones, no a demandas políticas. La intensidad de la pandemia y el crecimiento del número de casos será una variable decisoria respecto a la temporalidad de la votación.

Habrá que esperar los reportes especializados. Es poco responsable por tanto adelantar criterio absoluto sobre si las elecciones deben realizarse o no en la fecha prevista. La movilización ciudadana durante la jornada electoral debe contar con todas las medidas de bioseguridad, como se hizo en los comicios de octubre pasado. Corresponde pues cuidar la salud ante el rebrote del coronavirus y, al mismo tiempo, preservar nuestro derecho a elegir en democracia.

No podemos olvidar los exabruptos de Larrea, sus palabras adjetivadas para referirse a las autoridades de salud del gobierno del ex presidente Morales, denotan un complejo de superioridad. Pero también su mala educación se hizo evidente en el diálogo propuesto por el ministerio que sin argumentos valederos y simplemente para demostrar su jerarquía y poder abandonaba las reuniones, no sin antes insultar a las anteriores autoridades.

Otro aspecto de sus afanes políticos que ya se había denotado en 2019 cuando, la otrora alianza “Bolivia dice No” de Oscar Ortiz le propuso ir como candidato a la vicepresidencia en lugar de Edwin Rodríguez. O quizás, más que llamar la atención, era la confirmación de la línea de ese frente político que buscaba a radicales y confrontadores. Larrea refleja esa vieja herencia colonial del desprecio a los demás. Las expresiones de éste, han definido su racismo respecto al actual gobierno y sus operadores de salud.

Tampoco debemos olvidar que Luis Larrea es militante del MNR y seguramente le aflige una doble frustración al constatar la virtual muerte de este partido político, ello hace que destile todo su odio a quienes considera culpables de esa situación. O es que lo que dicen que Larrea es hijo de uno de los asesinos de Lucho Espinal, Enrique Larrea, de ahí su carácter represor que se expresa en conductas violentas como las que evidenciamos.

Su pasado golpista, su mala educación y su comportamiento de intolerancia hacia otros actores de la vida política del país, desde su puesto de dirigente y ahora de candidato, evidencian su intención de dirigir las acciones del Ministerio de Salud. Bien sabemos que el gobierno no cederá a sus apetitos cuyo tinte político es muy evidente.

*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

El incremento de casos de contagio con corona virus y su virtual concentración en los departamentos de Beni y Santa Cruz, forman parte de las múltiples aristas que tiene el pésimo tratamiento de esta pandemia en el país. Cada día, la prensa amordazada y autocensurada da cuenta de nuevos casos, tanto de contagio como de desenlace fatal, desmintiendo los supuestos logros y avances con que quiere hacer campaña electoral la autoproclamada presidenta. La dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho coadyuva al empeoramiento de la situación con una pésima gestión salpicada por negociados y chambonadas que dejan al descubierto la esencia misma de un gobierno hecho por el imperialismo yanqui sin más propósito que alinearlo a sus políticas de dominación en su “patio trasero”.

Una primera pésima señal fue el cambio de ministro de salud, en medio de la crisis. No es que el anterior fuera una lumbrera ni mucho menos; es también parte de esa rosca de galenos que no vaciló en sabotear de manera permanente, salvaje e irresponsable, todo intento del gobierno popular y democrático de Evo Morales por reestructurar los servicios de salud en el país. Recordemos las huelgas por días, semanas y meses que dejaban a los pacientes a la intemperie del servicio, apoyadas por una muy bien financiada y orquestada campaña que se sintetizaba en la consigna “yo apoyo a mi médico”. En ese entonces, la “dictadura” de Evo, como todavía sostienen algunos despistados pititas, buscó de manera incesante el diálogo y la concertación, convencido de la buena fe de los galenos privilegiados que se escudaron y se escudan detrás de los colegios médicos.

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