Apuntes Electorales

La dinámica política en Bolivia en los últimos 30 años, ha tenido transformaciones profundas, por ejemplo, los partidos con una estructura nacional, basada en una ideología, con estatutos que se respeten y una duración por lo menos 20 años de vida orgánica, con eventos centrales como Congresos o convenciones, prácticamente ha desaparecido.

Las reformas del año 2004, que permitieron una mayor organización política en las denominadas “Agrupaciones ciudadanas” quebraron el sistema de partidos nacionales. Hoy estas Agrupaciones ciudadanas son unidades de libre oferta y demanda, en muchos casos ligadas a réditos económicos, bajo la forma de alquiler.

Para las elecciones del año 2019 se puso en vigencia la Ley de Organizaciones Políticas, introduciendo el novedoso sistema de elecciones primarias con el objetivo de volver al paradigma de los partidos tradicionales en Bolivia. Este intento quedó frustrado con el golpe de noviembre del año 2019.

Para las elecciones de este mes de marzo (2021) nuevamente las “Agrupaciones ciudadanas” (cerca de 130) han retornado y con sorpresas, como es el caso de “Jallalla La Paz”, que según algunas encuestas tendrá un rotundo triunfo en la Ciudad de El Alto, una emblemática ciudad de la que depende la gobernabilidad nacional.

Pero los cambios también se han dado en los actores, la ciudad de El Alto, por ejemplo, es ya un territorio gobernado por la identidad aymara, lo mismo que la gobernación.

Félix Patzi inaugura la era del gobierno aymara, siendo el primer gobernador electo del departamento de La Paz y su sucesor será también un aymara, lo mismo ocurrirá en la Alcaldía de la ciudad de El Alto, este es el punto de no retorno de la transformación de la política y la identidad cultural, es la afirmación que el “gobernarnos nosotros mismos”, es ya un hecho en el mundo aymara del departamento de La Paz que es hoy un territorio con una clara identidad política, que debería también representar un proceso de descolonización, pero no es así, todavía falta mucho camino para dar el salto de la identidad hacia la descolonización.

Por ahora, en Bolivia, existen dos gobiernos que si bien son de origen aymara (Alcaldía de la ciudad de El Alto y la gobernación del departamento de La Paz, descontando el resto de alcaldías del departamento) no han podido cambiar una gestión pública basada en la modernidad liberal.

La descolonización de la gestión pública no ha comenzado, la vieja estructura colonial se mantiene, es más, el proceso modernizador del neoliberalismo mediante la llamada “Participación Popular” (que fue en realidad de una municipalización del territorio boliviano) ha fracturado ayllus, ahondando las fragmentaciones republicanas sobre la base de cantones y provincias, en lugar de reunificar los territorios ancestrales que sigue siendo una lucha constante por ejemplo de la nación Kara Kara y las que agrupa el CONAMAQ.

En el mundo quechua el proyecto político con identidad aún es débil, pese a que el departamento de Chuquisaca tuvo un gobernador quechua no puso el acento de la identidad, incluso se enfrentó con la nación Kara Kara Suyus. La densidad de la colonialidad impide romper con el viejo republicanismo de la élites coloniales y poner en práctica la construcción de un Estado plurinacional en sus tres niveles de gobierno.

La radicalidad de los planteamientos de Felipe Quispe, respecto a la república y las formas de gobierno, se constituyó en la alternativa de una gestión pública diferente, lamentablemente su inesperada muerte nos plantea una incógnita que no podrá ser despejada.

Esperamos que las elecciones subnacionales del próximo 7 de marzo, en el departamento de La Paz consoliden un nivel del Estado Plurinacional, en este caso un gobierno del pueblo aymara.

*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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