Antievismo

En el anterior artículo expuse el evismo como factor articulador de la política y lo político, es por donde circula el conflicto, la disputa de la coyuntura electoral, los liderazgos de las organizaciones sindicales, populares y campesinas, del sentido colonial y anticolonial del tiempo político en el Estado Plurinacional, y de la composición política del poder.

El evismo surge como el factor contrahegemónico al republicanismo colonial racial, el antievismo emerge del sustrato que está en la subjetividad colonial capitalista del establishment nacional político, económico, de la nobleza eclesial, de la élite cruceña, sectores de clases medias urbanas: el racismo. Al racismo no se puede pretender exponer como discriminación, sino como superioridad manifiesta expresada en las relaciones sociales, económicas, culturales, religiosas y en las estructuras de poder, es decir, el racismo era y aún sigue siendo la normalidad impuesta para mantener una lógica civilizatoria impuesta con la invasión y el republicanismo colonial.

Lo indígena representa la inferioridad, sus formas de vida son admitidas como folklore y los indígenas tienen aceptación mientras no alteren la cotidianidad urbana criolla blanca, los modelos contemporáneos de esta sumisión son los Víctor Hugo Cárdenas, el Tata Rafael Quispe, Marcial Fabricano y otros que tienen el brillo de su imagen, pero con conciencia alienada.

Felipe Quispe, el Mallku, Evo Morales, son la ruptura con la colonialidad del poder, no aspiran al reconocimiento y un lugar dentro la sociedad colonial; por el contrario, lo enfrentan para transformarlo, el evismo se manifiesta como vocación y estrategia de poder.

Las frases “tierra territorio”, “votar por nosotros mismos”, “de la protesta a la propuesta” sintetizan el horizonte conciencial que tiene que ser combatido no por la lógica liberal democrática, sino por dispositivos emocionales raciales, la razón de la sin-razón; el antievismo personifica el estado de ánimo de superioridad porque no pueden aceptar ni permitir que los y el indígena insubordinado estén por encima de su estatus social privilegiado.

El evismo implicó la ruptura política e ideológica del viejo sistema político neoliberal, los otrora partidos-Estado fuertes, porque detentaban el monopolio del poder, fueron derrotados en sus propias reglas, fueron desplazados por decisión soberana del pueblo a la condición marginal de ser oposición por sobrevivencia electoral, no tienen capacidad de defender su pasado, menos ofrecer una alternativa de gobierno, peor aún de Estado.

El antievismo ideológico no se manifiesta explícitamente, busca cobijarse en fraseologías y consignas: “libertad y democracia”. Se autoimpusieron la aureola para mostrarse como paladines de ideales subliminales: “si no luchamos por la libertad y la democracia qué futuro les espera a nuestros hijos”. Es la plataforma que necesitan y requieren para mostrar al evismo como el enemigo de ese ideal que aparentan representar.

La wiphala anticolonial como símbolo patrio no niega a la República, la grandeza está en flamear junto a la tricolor, nos está mostrando una nueva era de complementariedad descolonizada, pero como no comprenden la subjetividad de este tiempo en el Estado Plurinacional, las reacciones (de las derechas) al quemar e impedir que icen la wiphala sintetizan lo que ideológicamente representan: no es la “libertad y la democracia”, sino el lumpen del republicanismo servil y racial.

El evismo, para las izquierdas, fue la superación ideológica y política; las izquierdas, reducidas a tener participación en espacios sindicales, a alguna representación parlamentaria, a la resistencia al neoliberalismo con consignas obreristas, se encontraron en la lucha con lo indígena campesino constituido en movimiento constituyente, ese encuentro representa otro tiempo, la posibilidad fáctica de ser poder por la vía democrática como horizonte antiimperialista y anticolonial.

El antievismo para quienes se proclaman del proceso de cambio aparece como la descalificación a Evo y lo que representa para nuestra historia contemporánea, este acto representa la negación del presente y aparenta ser la nueva era dentro la revolución democrática y cultural.

El antievismo no es coyuntural, es estructural y multifacético, los interesados ideológica y políticamente en derrotar y destruir el factor de la política y de lo político que es el evismo están sentados en el norte imperial. Ellos conocen, porque son estrategas de las desestabilizaciones violentas en nuestro continente, no está en su agenda solo las elecciones, sino mas allá, el evismo no puede seguir siendo la columna vertebral del Estado Plurinacional.

La fragmentación del bloque indígena campesino es el paso previo, exacerbar los discursos incendiarios implosionará el núcleo del proceso, ahí la autocritica será mea culpa melancólica, nos reduciremos a la resistencia fragmentada; el nuevo factor de la política podría ser un nuevo republicanismo plurinacional, neocolonial y capitalista.

(*) César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda

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