El TSE más que un factor de poder
Finalmente, se impuso la conveniencia. Porque lo que se vio en estos días no fue democracia, sino un concurso nacional de mentiras. Participaron políticos reciclados, partidos de alquiler y un árbitro —el Tribunal Supremo Electoral (TSE)— que dejó de impartir justicia para convertirse en operador de conveniencias.
Con la decisión del TSE de lavarse las manos como Pilatos y retirar el balotaje en La Paz, gran parte de la población se indignó. En ese escenario no ganó el más votado: ganó el más creativo para vulnerar la norma. Ante los ojos del mundo, el TSE nos ha develado su apego al poder y ha dejado claro que no sirve para garantizar un proceso electoral, ni el estado de derecho.
El ejemplo más claro viene de dos casos idénticos con resultados opuestos. Mario Cossío, con certificación oficial de refugio otorgada por Paraguay, queda inhabilitado. Luis Revilla, con una simple solicitud de refugio en Brasil —ni siquiera concedida—, ¡queda habilitado! Ambos bajo la misma sentencia constitucional, ambos apelando al mismo criterio. Pero claro, en Bolivia la ley no es la ley: es una sugerencia editable según el cliente.
Entonces uno se pregunta: ¿qué ha evaluado el Tribunal Supremo Electoral? ¿La legalidad o la simpatía? ¿La documentación o la conveniencia política? Porque si el requisito es acreditar la condición de refugiado, ¿desde cuándo pedir refugio equivale a tenerlo? ¿Acaso ahora basta con la intención para cumplir la norma?
La respuesta es incómoda, pero evidente: el TSE ya no arbitra, selecciona. Mientras tanto, los políticos hacen lo suyo: decir una cosa, hacer otra y luego indignarse con cara de moralistas de utilería.
Hoy Bolivia, al margen de un gobierno que miente, sigue mandatos imperiales, una Asamblea Legislativa que no convoca ni para censurar a ministros, no tiene un sistema electoral débil: tiene un sistema electoral desacreditado. No tiene políticos incoherentes: tiene políticos funcionales a la incoherencia. No tiene normas vulneradas: tiene normas diseñadas para ser vulneradas. Es una lástima cómo se desacredita la propia democracia, todo por complacer a quienes se acomodan al poder.
El TSE ya había quedado en la historia como uno de los más controvertidos, especialmente por dos decisiones en las Elecciones Subnacionales de 2015, luego reconocidas como violaciones de derechos. En ese entonces, argumentando omisión del requisito de residencia, se impidió competir por alcaldías a dos precandidatos: Rebeca Delgado y Eduardo Maldonado. Más tarde, arguyendo incumplimiento de una norma sobre encuestas, se inhabilitó toda la alianza de Ernesto Suárez en el Beni. En el primer caso, la CIDH ordenó al Estado resarcir a los afectados. En el segundo, el TCP declaró inconstitucional la norma aplicada.
Ahora, Tuto Quiroga —ese viejo zorro de la política— denuncia «maniobras» y reparte calificativos contra el dueño y presidente de NGP, con la solemnidad de quien cree tener la autoridad moral intacta. Por si faltara dramatismo, compara la situación con lo ocurrido en 2019. ¡Qué memoria tan convenientemente selectiva! Porque parece haber olvidado que su propio partido participó en condiciones más que discutibles en las últimas elecciones subnacionales.
La Alianza «LIBRE» no cumplía el requisito de antigüedad, no podía participar, pero participó. Y no, no fue una «alianza»: fue esa vieja especialidad nacional llamada interpretación creativa de la norma, la misma que hoy indigna cuando no juega a su favor. En medio del caos, Revilla —habilitado por obra y gracia del criterio flexible— pide sanciones contra otros por «escándalos» y repartijas. Es decir, el beneficiario del sistema denuncia al sistema. El producto critica a la fábrica. Ironía en su máxima expresión.
Pero en medio de ese panorama, no podemos hacernos los ciegos ante algo llamativo dentro de las grandes contradicciones que vimos: las declaraciones del jefe máximo del evismo. Sin disimulo, sin pudor, lo admitió sin titubeos: usaron siglas opositoras para competir. Así, sin anestesia. «Usamos la sigla de Tuto Quiroga», dijo, como si además quisiera dejar en evidencia que algunos son implacables en el discurso.
Finalmente, hoy el TSE y los partidos con gran influencia de poder político y económico se han convertido en factores de poder. Este es un hecho innegable. Existen algunas expresiones que relativizan este aspecto, pero por otra parte consolidan su propiedad y le dan la orientación de acuerdo a sus intereses.
¿Seguiremos creyendo, así, en un TSE que no garantiza procesos electorales?
Luis Camilo Romero, comunicador boliviano para América Latina y el Caribe





