El cabildo, una gran oportunidad

El cabildo de organizaciones sociales convocado por la CSUTCB ha puesto sobre la mesa el debate en torno a su legitimidad y legalidad, a partir de las resoluciones emanadas del mismo. En cuanto a su legitimidad, esta es tan grande en la actualidad que está a la altura de la historia que permitió transformar el país.

Dicha legitimidad tiene que ver también con el contenido de las resoluciones, que reflejan la respuesta masiva a la convocatoria, muy similar a aquellos tiempos en que el pueblo rechazaba la aplicación de ciertas medidas de corte neoliberal que se imponían mediante políticas y leyes.

El cabildo marcó así el inicio de movilizaciones que exigen al gobierno respuesta a un pliego de más de diez puntos, con un plazo de 15 días para su cumplimiento. De lo contrario, advirtieron con nuevas movilizaciones e incluso con exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz y de sus ministros.

Este cabildo se diferencia de aquellos convocados en el pasado con fines únicamente conspirativos, que sirvieron como plataforma para lanzar a sus dirigentes como candidatos a elecciones subnacionales y nacionales —como fueron los casos de Costas, Camacho, Pumari y otros—. También fue la bandera utilizada por sectores opositores, incluyendo, por supuesto, a los partidos que se disfrazaron de supuestos «ambientalistas», «defensores de la naturaleza» o «defensores de los pueblos indígenas».

Aquellos cabildos del oriente nos remiten a la memoria de lo ocurrido cuando se preparaban las estrategias para derrocar al gobierno del MAS, con la ayuda de la embajada de Estados Unidos y de Philip Goldberg, quien financió esos eventos conspirativos, en un momento en que Santa Cruz ya alentaba a imponer su autonomía por la fuerza.

Ese escenario altamente conspirativo imponía los mandatos de una dictadura regional ejercida por el Comité Cívico Pro Santa Cruz, con la eficaz colaboración de los medios corporativos de comunicación y de la cúpula de la Iglesia Católica, que en este siglo han permitido una mayor efectividad en el proceso de colonización de la subjetividad.

Lo que llama poderosamente la atención son las declaraciones del ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, quien, suelto de cuerpo, expuso públicamente sus versiones a título personal, llenas de evidentes mentiras sobre lo que fue el cabildo del 11 de abril.

Según Oviedo, la movilización tenía financiamiento, evidenciado por el traslado de personas desde diferentes regiones del país. Además, «se confirmó» que hubo movilización de asistentes provenientes de distintas zonas del territorio nacional.

La otra mentirilla es su afirmación de que asistieron únicamente «cuatro mil a cinco mil personas», cuando en realidad sobrepasaron los 50 mil. Le preocupa el respaldo a la movilización, la cantidad de buses, minibuses y vehículos desplazados, así como el pago de alimentación, alojamiento y viáticos.

Para responder a las preocupaciones de esa autoridad, cabe decirle que, al igual que en convocatorias anteriores —ampliados, congresos y otros cabildos—, los asistentes siempre se autofinancian, sin que medie apoyo alguno de organizaciones políticas, sociales u ONGs.

Es más, ni la CSUTCB ni Nilton Condori cuentan con recursos para garantizar una movilización que responde a un espíritu de autoconvocatoria militante y de convicción. Por eso mismo, su carácter es legítimo: no contó con el más mínimo respaldo de ninguna organización o partido político.

También nos llamó la atención que sectores del lado evista, en su clásico estilo de deslegitimar todo lo que no cuenta con el consentimiento de «su jefe», observen la convocatoria, cuestionen a Condori y a sus organizaciones, y la minimicen como un gesto antirrevolucionario, lejos de lo que se esperaría de un respaldo genuino a una manifestación que desafía al gobierno central.

Esperemos que eso mismo no ocurra con el anuncio que hiciera la COB para otro cabildo el próximo 1 de mayo, con motivo del Día del Trabajador, cuando ya se vislumbra otra convocatoria masiva de las organizaciones afiliadas a su ente matriz, y el pueblo las respaldará para exigir una respuesta del gobierno al pliego petitorio de la COB.

Asumir una militancia coherente con los principios ideológicos e identificados con las aspiraciones populares nos convoca sin reservas, sin clichés ni protagonismos personales. Ya lo dijo el comandante Che Guevara: en momentos cruciales, el «ser revolucionario», la teoría y la práctica deben ser el eje central de la práctica cotidiana.

Quienes ayer y hoy se autodefinen como revolucionarios deben hablar menos y ponerse a «cortar la caña», dar el ejemplo con sus organizaciones, ser transparentes, puros y sin manchas, solidarios con la sencillez y modestia de quien busca el perfil del Hombre Nuevo.

Una constante del pensamiento revolucionario es la coherencia, esa relación entre el pensar y el actuar. Esto solo es posible si estamos con el «espíritu lleno», es decir, si hemos consolidado la ideología del cambio en nuestra vida, si hemos aceptado el Vivir Bien como guía de nuestra acción.

El cabildo del 11 de abril se expresó como una gran oportunidad para poner a prueba nuestra verdadera convicción revolucionaria. Si somos coherentes en el pensamiento y la práctica, como dice el Che, debemos dotarnos de mayor convicción y fortaleza para las duras batallas que vendrán en los próximos meses, si apuntamos a cambios radicales como respuesta a un pueblo que nos demanda compromiso y transparencia revolucionarios.

*Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y el Caribe

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