Balance comercial
¡Albricias! La balanza comercial de Bolivia durante los últimos seis meses es positiva, se exportaron productos por un valor de $us 6.407,5 millones y se importaron otros por $us 4.738,5 millones, con un saldo positivo de $us 1.669 millones. Tomando en cuenta este indicador ¿cuál es el comportamiento de la economía?
En el juego del mercado de oferta y demanda debiera traducirse en un fortalecimiento de la moneda boliviana, sin embargo, los resultados son contrarios: en el último mes el boliviano perdió su valor en Bs.1,15. Lo que significa que exportar es sacar del país, pero no es lo mismo que hacer ingresar divisas, y si éstas no ingresan en el sistema financiero nacional, no influyen en el mercado.
Las perspectivas de las exportaciones son muy buenas. Sólo en el sector de minería se supone que las exportaciones llegarán este año a $us 13.000 millones, cifra suficiente para cubrir nuestras importaciones y crear un colchón financiero. Con todo, no hay garantía que este monto sea ofertado en el mercado nacional e influya en el mercado del dólar.
La economía nacional ha crecido en los últimos años considerablemente, el PIB creció de $us 10.750 millones en el año 2005 a $us 64.250 millones el 2025; las exportaciones crecieron de $us 2.946 millones el 2005, a 9.600 millones el 2025. En esta transición hubo un cambio cualitativo en las exportaciones; hasta el año 2014, las exportaciones estatales eran las predominantes, los dólares ganados cubrían todas las necesidades de los diferentes rubros de importaciones. Desde ese año, el sector privado fue ganando hegemonía, totalizando el 84% de las exportaciones el año 2025; no obstante, las obligaciones de disponer de dólares para la importación, particularmente de diésel y gasolina, siguen en manos del Estado.
El crecimiento económico de los últimos 20 años se dio en la infraestructura productiva: carreteras, energía eléctrica, agua, etc., en sectores como la minería, la agricultura, la construcción, la ropa; todos ellos sectores que son ampliamente dependientes de insumos importados. Entonces, la falta de divisas o su encarecimiento provocan crisis sectoriales, con graves impactos en la economía nacional. Es esta situación que explica la contracción de la economía, la pasada gestión, en un 1.8%.
Para bajar la presión sobre la importación de combustibles, el Gobierno ha decretado la libre importación; sin embargo, hasta el presente no se concreta el volumen esperado por esta vía, lo cual no ocurrirá mientras exista un mercado con precios fijos y subvencionados. Al respecto, la nivelación que se dio en diciembre del año pasado a precios internacionales, casi borrando la subvención, tuvo su efecto; hoy, cuando no hay una estabilidad en el tipo de cambio, vuelve la subvención. Una confirmación: las medidas aisladas no solucionan el problema.
Otra medida que ha estado realizando el BCB es la compra de oro, unas veces a través de la coerción y otras, ofreciendo un tipo de cambio preferencial: si bien es una manera de cubrir la necesidad de divisas, en una posterior monetización, no es transparente por la liberalidad de la transacción.
La última medida que anuncia el gobierno es el préstamo del Fondo Monetario Internacional, un programa de largo alcance, pero que en un inicio significará un desembolso de $us 1.900 millones. El préstamo buscará cubrir el déficit de divisas en el Banco Central, pero la libre disponibilidad no garantiza que estos recursos se utilicen para cubrir las necesidades básicas de la población y la producción: tener a disposición dólares baratos siempre es una ocasión para acumular y especular. Así de la noche a la mañana desaparecerán los dólares del préstamo.
La concepción nacionalista que permitió la vertebración y diversificación del oriente y occidente de 1952-1982 se posibilitó con la entrega de divisas, por la COMIBOL y YPFB, para construir las carreteras que vinculen al país, lo mismo que los oleoductos, y así disponer del mercado cautivo de las pulperías en las minas para los productos de la agroindustria.
El Banco Central tiene la urgencia y necesidad de contar con divisas contantes y sonantes, en forma regular y permanente y éstas sólo pueden venir de la misma economía nacional, las generadas por las exportaciones de todos los agentes económicos del país. Ni modo, el Gobierno tendrá que combinar la política de buenas voluntades con los sectores exportadores con la huasca requerida por el privilegio que tienen de hegemonía en el mercado.





