La intensidad de la política y su trascendencia no está en la descripción mecánica de los hechos, ni en la enumeración de lo que sucedió o pudo suceder, sino en la implicancia de los hechos para el tiempo presente, ahí radica el sentido de su valor.
Los dirigentes campesinos de finales de los 80 y comienzos de los 90, en el tiempo hegemónico del neoliberalismo y el “fin de la historia”, decidieron superar la autoflagelación de la crisis del gobierno de la UDP y del movimiento obrero, se autoimpusieron la responsabilidad de superar sus fragmentaciones políticas al interior del movimiento sindical campesino; articulación y combinación de lucha sindical y electoral subordinada a la lógica orgánica de las decisiones, acciones, representó el triunfo democrático de la organización sindical, el dato no solo es el triunfo electoral municipal y de parlamentarios uninominales, sino el empoderamiento orgánico democrático en sus territorios.
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