Categoría: Opinión

  • La Generación de Proteo

    La Generación de Proteo

    En 1977 se estrenó la película “La Generación de Proteo” aunque su título original fue “The Demon Seed”. Luis Espinal (el más grande crítico de cine que hubo en Bolivia. Información para la generación desinformada) nos dirá en sus reflexiones críticas de cine: “Es un film en que la computadora se vuelve un dictador totalitario (…) en este caso sería el peligro de que el hombre se deje dominar por sus propias creaciones”. Esta rica cita de Espinal puede ser aplicada a la actual tecnología de las “granjas de bots”, que a nivel mundial están transformando el ejercicio del poder político.

    No debemos envidiar al mundo “desarrollado” ya que nosotros también estamos siendo víctimas de este gran adelanto tecnológico (nota mental, es ironía) y por supuesto ya somos territorio del tecnofeudalismo. Cuando el presidente nos prometió que pondría a Bolivia “en el mundo” no imaginamos que se refería a este proceso, así pues, estamos en la “generación de Cerimedo” y como en la película, esta semilla promete un futuro dominado completamente por la máquina (léase indistintamente celular y/o computadora).

    La lectura de Luis Espinal se enmarcaba en lo que se denomino “ciencia Ficción” y claro Espinal no pudo ver los cambios a partir del invento llamado celular. Hoy ya no podemos hablar de ciencia ficción porque “todo es posible”, los autómatas de siglos anteriores hoy tienen nuevas generaciones que ya trabajan en la vida diaria de la humanidad, que saludan y pueden mantener conversaciones fluidas con sus “dueños” (¿?) en contrapunto a este gran despliegue tecnológico tenemos millones de seres humanos que no pueden tener los alimentos necesarios para seguir viviendo.

    El descontrol del uso tecnológico ha hecho que la realidad sea una construcción imaginada, que el proceso de enajenación haya logrado penetrar en lo más profundo de la subjetividad humana y anular la gran tarea cerebral del pensamiento. Y las consecuencias de este proceso es la paulatina destrucción de todo lo humano conocido como civilización.

    El campo de batalla mundial por el dominio de la mente humana, ha convertido al mundo en un gran laboratorio, el “sistema mundo” viene librando una guerra geopolítica de largo aliento, en la que Bolivia se encuentra como parte del botín, debido a que la generosa Pachamama nos ha brindado sus favores y que nuestras culturas ancestrales, en su reconocimiento mantienen una relación espiritual profunda (despectivamente denominada “pachamamismo” por un personaje argentino que caminaba en los pasillos del Palacio Quemado en los primeros tiempos del gobierno de Evo Morales) pero volvamos al tronco y dejemos las ramas, este desarrollo tecnológico demanda materias primas, que bien pueden ser utilizadas para mejorar la situación de la población boliviana, pero no, desde muy antiguo existe la perversa costumbre de tomar provecho personal de estos dones comunes (los recursos naturales pues) y por ese trauma colonial entregar todo lo que se pueda a la voracidad de las hoy llamadas empresas transnacionales, que no son otra cosa que los antiguos piratas que asaltaban y se apropiaban de lo ajeno, protegidos por sus reyes y reinas (que aún existen y obran en consecuencia) esa vieja mentalidad de ser “pueblos elegidos” y “obrar en nombre de Dios” es la base ideológica de este tecnofeudalismo y sus adoradores.

    No está lejano el día que los templos serán los Data-Center y los peregrinos, arrodillados le pedirán clemencia, el poder del tecnofeudalismo esta ya escribiendo otra historia, otra base de datos de lo que será la civilización del futuro, por eso existe un odio a todo libro escrito, a toda lectura crítica de lo que se señala como “verdad”.

    Estamos dejando atrás una era de la humanidad y estamos entrando en otra donde la tecnología, las máquinas están reemplazando al ser humano y mientras esto ocurre una densa niebla nos cubre desde las pantallas de los celulares, de la televisión y las deslumbrantes luces de la atracción sensorial que ocupan nuestras neuronas, desplazando su tarea de producir pensamiento crítico.

    Así pues, estamos ubicados en el primer mundo de la manipulación tecnológica y ya no existe posibilidad de negar que estamos “en el mundo y para el mundo” promesa hecha realidad de nuestro gobierno que desde un Tiktok confirma nuestra condición de “siervos tecnológicos” sin derecho a réplica de las verdades de la nobleza que nos gobierna.

  • La Servidumbre y el Placer

    La Servidumbre y el Placer

    Ignacio Ramonet, en su texto: “Las masas manipuladas” (Propagandas silenciosas, Editora Política, La Habana, 2002) realiza una cita de Aldous Huxley que señala: «un estado totalitario, verdaderamente eficiente sería aquel donde el todopoderoso comité ejecutivo de los jefes políticos y sus ejércitos de directores gozarían de plena autoridad sobre una población de esclavos a la que no habría que forzar, pues disfrutarían su servidumbre.

    Inculcarles ese sentimiento sería la tarea asignada en los estados totalitarios de hoy, a los ministerios de propaganda, a los jefes de redacción y a los maestros de escuelas». De esta cita que, según Ramonet es de los años 40; nos interesa destacar la frase “disfrutarían su servidumbre”, porque justamente es lo que se ha logrado en Bolivia en los más de 400 años de colonización. Existe un sector de la población boliviana que “disfruta su servidumbre”, en este caso servidumbre al modelo de explotación capitalista, que supone una servidumbre a la moda, al consumismo y a su concepción de mundo.

    El sistema colonial se edificó sobre una sociedad jerarquizada, los indios y negros en la base, los criollos en el medio y en la cúspide los europeos, la necesidad de una sumisión completa obligó a incorporar las funciones de mayordomo, capataz, o reconocer autoridades originarias para mediar en el sistema de sumisión, poco a poco estos intermediarios asumieron el rol de “autoridad” como espejo del patrón europeo, primero, y después del criollo republicano.

    La descendencia del estamento criollo, poseedor de la mentalidad colonial expresada en el sistema de haciendas, los obrajes y las minas, se mantuvo como una constante en la sociedad boliviana definiendo la sociedad estamentaria, que pese a las reformas de 1952 no han desaparecido en Bolivia. El proyecto de una “burguesía nacional” consolidó una sociedad con claras diferencias entre los enclaves urbanos de habla castellana y el resto de la población generalizada con el adjetivo de campesino, pretendiendo superar el adjetivo “indio” de contenido peyorativo.

    Los esfuerzos por superar la discriminación, por parte de los migrantes rurales hacia las ciudades, tuvo como resultado un proceso de asimilación de las pautas de comportamiento de las “personas de bien” por parte de los migrantes rurales y los “nuevos” ciudadanos a partir de las reformas de 1952. Este proceso de asimilación, al ser una copia de los sectores dominantes también significó una modificación de las conductas y comportamiento respecto a la aceptación del proceso modernizador implementada por el MNR en sus largos años de gobierno de su primera época.

    La economía capitalista con atisbos de modernidad, se aceleró con la “marcha hacia el oriente” lugar donde la migración europea encontró un nicho de realización hasta constituir la elite dirigente económica/política y claramente diferenciada del resto del país, esta elite dirigente logro influir ya en el siglo XXI a otros centros urbanos que en conjunto se denominó “la media luna” con una clara propuesta separatista. Y es desde aquí donde podemos aplicar la afirmación de Huxley respecto al disfrute de la servidumbre por parte de la sociedad de estas regiones y el conjunto del país, en el que el caso más emblemático de esta situación es la ciudad de Santa Cruz donde la gran mayoría de sus habitantes, que no pueden ser considerados parte de la elite agroindustrial, salen en la defensa de estas elites cuando peligran sus privilegios o se asumen medidas para frenar las ambiciones de una expansión de un “modelo” depredador del medio ambiente y cuyo crecimiento siempre estuvo ligado a los favores del Estado.

    El disfrute de la servidumbre se manifiesta en los grupos de choque defensores de las elites, en las agresiones racistas y en la repetición de usos de la elite como son los concursos de las “mises” y sus “frater”, en los dirigentes que se prestan para apoyar a los representantes del poder, en las “selfis” junto a “personalidades”, etc.

    El denominado “progreso” cuya imagen es la sociedad norteamericana, ha calado como discurso en gran parte de la población boliviana anulando cualquier posibilidad de análisis de la condición y posición de la población que no puede asumir una postura crítica y que se encuentra subsumido al “todopoderoso comité ejecutivo de los jefes políticos y sus ejércitos de directores” que tienen plena autoridad sobre una población a la que durante más de medio siglo se ha condicionado para lograr que pueda disfrutar de esta relación de servidumbre.

  • BOLIVIA no está en Venta: Crisis Económica, la sombra de la Injerencia y Soberanía.

    BOLIVIA no está en Venta: Crisis Económica, la sombra de la Injerencia y Soberanía.

    Cerimedo fue asesor de comunicación de Paz, aunque el Gobierno sostiene que no era funcionario público. Actualmente enfrenta investigaciones en Bolivia por violencia doméstica, manejo discrecional de fondos del Estado y una tercera investigación por presuntos vínculos con el narcotráfico. Al mismo tiempo, la administración atraviesa graves dificultades económicas; el Congreso censuró al ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, quien fue posteriormente removido.

    Bolivia vive una de las etapas más delicadas de su historia reciente. La crisis económica golpea el bolsillo de las familias, aumenta la incertidumbre, escasean combustibles y divisas, crece la pobreza y, peor aún, se extiende la preocupación por el futuro. Sin embargo, desde el Gobierno se desvaloriza a quienes osan cuestionar las declaraciones oficiales.

    En este contexto, el Gobierno de Rodrigo Paz tiene la obligación de ofrecer respuestas claras, transparentes y soberanas. Pero, en lugar de certezas, aparecen cada vez más preguntas: ¿Quiénes toman realmente las decisiones del Estado? ¿Quiénes tienen acceso al poder? ¿Qué intereses económicos están detrás de determinadas políticas? ¿Qué papel desempeñan operadores extranjeros vinculados a la política regional? Y, sobre todo, ¿estamos ante decisiones soberanas del Gobierno boliviano o ante una creciente influencia de intereses externos?

    Existen dudas sobre Cerimedo. Actuó con una política de injerencia externa. Sería necesario exigir una investigación para determinar de dónde proviene esa injerencia y si forma parte de un nuevo Plan Cóndor mediático para dominar y decidir en nuestro país.

    La presencia de Fernando Cerimedo en el entorno presidencial merece una investigación seria y transparente. Este caso no puede reducirse a un problema personal. El propio Gobierno confirmó que asesoró a Rodrigo Paz en comunicación, aunque negó que tuviera un cargo formal en la administración pública. No obstante, diversos reportes periodísticos han señalado una influencia considerable de Cerimedo en el entorno presidencial.

    Actualmente, Cerimedo está detenido preventivamente y enfrenta investigaciones en Bolivia por violencia doméstica y otros delitos más graves, como el enriquecimiento ilícito. La Fiscalía anunció una tercera investigación por presuntos vínculos con el narcotráfico.

    Pero existe una cuestión política que no puede ignorarse: ¿cómo pudo una persona extranjera, vinculada anteriormente a la política argentina y a sectores de la derecha regional, adquirir tanta cercanía con el entorno del poder boliviano?

    Esta pregunta no es xenófoba ni partidista. Es una pregunta democrática. Cualquier gobierno tiene derecho a recibir asesoramiento extranjero, pero cuando esos asesores tienen acceso privilegiado al poder, participan en estrategias políticas y mantienen vínculos con actores de otros países, la sociedad tiene derecho a saber quién los financia, qué intereses representan, cuál es su verdadera influencia y cuáles son sus ganancias. En cualquier caso, la injerencia extranjera debe investigarse.

    Por ello, el debate debe plantearse en términos de soberanía, transparencia e independencia nacional: ¿Existen gobiernos extranjeros interviniendo en decisiones bolivianas? ¿Existen empresas extranjeras que financian operadores políticos? ¿Existen consultores foráneos con influencia sobre decisiones económicas? ¿Existen contratos o negocios vinculados a esos operadores? ¿Qué relación existe entre las decisiones gubernamentales y determinados intereses empresariales? ¿Quiénes se benefician de las políticas sobre combustibles, minería, oro, litio, hidrocarburos y empresas públicas? ¿Qué compromisos está adquiriendo Bolivia con organismos financieros internacionales?

    Estas preguntas deben responderse públicamente.

    La soberanía nacional no significa únicamente defender las fronteras territoriales. También significa tener capacidad para decidir qué hacemos con nuestros recursos naturales, qué modelo económico queremos construir, cómo administramos nuestras empresas públicas, cómo protegemos el patrimonio nacional, qué condiciones ponemos a los capitales extranjeros y, fundamentalmente, cómo protegemos a nuestra gente.

    La salida de la crisis no puede consistir simplemente en reducir el Estado, disminuir la inversión pública, eliminar políticas sociales, entregar empresas estratégicas o recurrir al endeudamiento externo sin una estrategia productiva nacional.

    Bolivia necesita estabilizar su economía, pero también necesita producir, industrializar, generar empleo y proteger a las familias. Bolivia no puede salir de una crisis económica entregando su capacidad de decisión.

    La experiencia histórica de América Latina demuestra que las crisis económicas pueden convertirse en oportunidades para imponer agendas que, bajo el discurso de la modernización, terminan debilitando al Estado, privatizando bienes públicos, reduciendo derechos sociales y entregando sectores estratégicos a intereses privados.

    Por eso debemos mirar con especial atención las políticas económicas que impulsa el gobierno de Rodrigo Paz.

    No se trata de culpar de la gravedad de la crisis a los gobiernos anteriores. Se trata de preguntarnos ahora quién paga el costo de la crisis y quién obtiene beneficios de las soluciones, si es que las hay. La pregunta fundamental no es únicamente cuánto dinero puede conseguir Bolivia, sino: ¿para qué se va a endeudar, quién administrará esos recursos y quién pagará la deuda?

    No queremos dependencia de ningún imperio: ni del norte, ni del capital transnacional, ni de organismos financieros, ni de gobiernos extranjeros.

    Queremos una Bolivia soberana. La defensa del Estado Plurinacional también es económica.

    La Constitución Política del Estado no concibe a Bolivia únicamente como un mercado. Reconoce un Estado Plurinacional, con recursos naturales estratégicos y con responsabilidades sociales y económicas. Por eso, defender el Estado Plurinacional significa defender: el litio, el gas, los minerales, el agua, los bosques, la biodiversidad, las empresas estratégicas, la seguridad alimentaria y el patrimonio público.

    Pero también significa defender la democracia, la transparencia y el derecho de la ciudadanía a saber quién toma las decisiones.

    Cochabamba, agosto de 2026

    Por María Isabel Caero

  • El Fetichismo del Poder

    El Fetichismo del Poder

    ¿Cómo caracterizar al gobierno, en este momento de crisis? Aplicando el instrumental teórico de Enrique Dussel, podemos calificar al gobierno como un gobierno corrupto, esta calificación tiene que ver con las características que señala Dussel, partiendo de la definición del fetichismo del poder que es denominada como la corrupción originaria y que consiste en la creencia que la fuente del poder político es el actor que se autorreferencia, por ejemplo cuando escuchamos a un ministro decir que toma una decisión, “ porque es el ministro”; esta autorreferencia es la señal que su poder esta corrompido. Siguiendo con Dussel, nos dirá que el representante del poder corrompido “puede usar un poder fetichizado, por el placer de ejercer su voluntad, como vanagloria ostentosa, como prepotencia despótica, como sadismo ante sus enemigos, como apropiación indebida de bienes y riquezas”. Estas características no son exclusivas del actual gobierno, sino del conjunto de la llamada “clase política” en toda la historia boliviana, el paradigma de este ejercicio del poder fetichizado ha sido, sin lugar a dudas Mariano Melgarejo.

    Los últimos días, en Bolivia han sido testigos de un “sismo político” definido así por el vocero presidencial; el origen de este sismo ha sido la declaración de un intento de asesinato de una operadora política de larga trayectoria, por parte de su compañero sentimental, conocido en el mundo de los “asesores” electorales y denunciado en la Argentina por actos fraudulentos.

    El gobierno y todos sus dispositivos han realizado grandes esfuerzos por minimizar la influencia de este asesor personal del presidente, esfuerzo que le ha tocado al vocero presidencial, que en este empeño ha perdido la poca credibilidad que tenía, ya que sus declaraciones afirmativas de negar el rol del asesor, fueron desmentidas, a través de las redes sociales, con innumerables registros audiovisuales y fotografías, y testigos presenciales que han dado su testimonio del poder que ostentaba el asesor; tal parece que el vocero no ha tomado en cuenta los registros que permite la actual tecnología de la comunicación como criterio de verdad.

    Los gobiernos de la derecha boliviana, han tenido siempre la “colaboración” de personal de inteligencia de los gobiernos norteamericanos, especialmente para el nombramiento de Ministros y otras autoridades; en este caso queda la duda del tipo de opiniones que tenía la “Embajada” acerca del asesor, abriendo la especulación de afirmar que el asesor es personal de una de las instituciones de inteligencia norteamericana.

    La figura y actos de este asesor importante e imprescindible para el gobierno es el reflejo de lo señalado por Dussel en lo referido al uso del poder fetichizado como apropiación indebida de bienes y riquezas, debilitando aun más la maltrecha práctica política boliviana, retornando a las épocas donde el ejercicio de la política era sinónimo de enriquecimiento personal.

    Ahora bien en este escenario dramático de la historia boliviana, es pertinente volver a Dussel cuando señala que “la corrupción es doble cuando el gobernante se cree sede soberana del poder, y la comunidad política se lo permite”, aquí debemos entender a la “comunidad política” como pueblo, como sociedad y en esa medida debemos asumir nuestra cuota parte en esta doble corrupción del poder político, por permitir ese uso arbitrario, fetichizado del poder, que repetimos no es exclusivo del actual mandatario sino una constante en nuestra historia.

    El fetichismo del poder, en nuestro país es una herencia del hecho colonial, la figura del conquistador, poseedor de todo el poder se ha establecido como el modelo de los gobernantes bolivianos, pese a los esfuerzos de Russeau, J. Locke, y el propio Marx para relativizar el poder concentrado. El fetichismo del poder es contrario a todo concepto de democracia en el sentido del gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo, la evidencia empírica nos demuestra que no existe democracia allá donde el poder se ha fetichizado y este es uno de esos momentos de su materialización a los ojos de quienes incluso se niegan a ver.

    Año de la crisis de gobierno – Antonio Abal O.

  • Estado de situación

    Estado de situación

    En estos días aciagos de una lucha a muerte entre la ambición el poder y su inseparable sombra que es la muerte, los bolivianos y bolivianas nos encontramos envueltos en una trama que desnuda los recovecos del poder político y la acumulación de riqueza.

    Bolivia tiene una historia plagada de tragedias, grandes fortunas amasadas con el sufrimiento de hombres y mujeres que desde tiempos coloniales son el sujeto del desprecio. Los arrebatos racistas que caracterizan los discursos “civilizados” de una modernidad inconclusa, son la antesala de las tragedias que afectan duramente a ese pueblo que sostiene sobre sus espaldas a las elites que les enajenaron no solamente sus territorios sino parte de su dignidad.

    El culebrón Beller-Cerimedo ha desnudado esa querella por el poder, aquí no importa el montaje del escenario, tampoco importan los actores, sino los efectos de la obra sobre los indefensos observadores que angustiados estamos naturalizando estos acontecimientos cuidadosamente acumulados, para que por repetición sean aceptados como característica del poder. Indefensos como estamos, somos prisioneros de la angustia y el temor, materia prima para aceptar cualquier posibilidad que nos devuelva la tranquilidad en su versión de “salvadores de la patria”, nuevamente la perversa separación entre “clase política” y pueblo nos ha convertido en una especie de comarca feudal donde los nobles disfrutan de sus privilegios y al resto sólo nos queda festejar sus ocurrencias y sus confrontaciones.

    Las elites, en esta su confrontación por el poder saben que el pueblo en su veredicto electoral no volverá a repetir el “mal menor”, saben que su ciclo tiene su fatal fecha de expiración, por eso asumen medidas desesperadas para definir su hegemonía, para definir su derecho de propiedad sobre el Estado, sobre las vidas y haciendas.

    Por el otro lado existe un pueblo que no encuentra el cauce que redima sus angustias, sus temores, la llamada izquierda fue el peor ejemplo durante el gobierno de Luis Arce, y sirvió para que se pierda la legitimidad ganada en las bocaminas, en las fábricas, en las aulas universitarias y las jornadas de lucha callejera ¿cómo rearticular ese cuerpo fracturado?

    Hace pocos días atrás en Cochabamba se realizó un conversatorio justamente para encontrar respuestas a esta pregunta. Los matices de las respuestas tenían un punto en común: defender lo avanzado, que nos es otra cosa que la defensa de la Constitución, que tiene una sentencia de muerte dictada por el poder concentrado de las oligarquías agro-mineras-empresariales.

    Los escenarios violentos de ajusticiamientos, secuestros, robos asaltos, están acompañados de medidas económicas sorpresivas en forma de decretos, amparados en un Estado de excepción que no logra domesticar la furia popular. Las primeras rupturas de esta medida ya se han manifestado y es que tarde o temprano una gota hace que el agua se desborde, y esa gota se encuentra en el entramado de un triángulo amoroso (o tal vez un cuarteto) que arrastró a todo el país; las diferentes interpretaciones de este acontecimiento confunden mucho más al atribulado pueblo que deambula buscando alimento y carburantes, el gobierno ya no puede dar certeza de nada, su vocero en pocos segundos es desmentido en sus aseveraciones y sus palabras hilvanadas para explicar lo sucedido tratan de opacar la inteligencia que todavía nos permite discernir entre tanta caótica información que destila un color amarillento.

    La descomunal batalla entre un aparato mediático y los ciudadanos indefensos está logrando éxitos, ya que los temores se transforman en conductas decididas para aceptar “lo que venga” con la esperanza de ver, por fin, acabada esta desequilibrada realidad, que por otra parte fue culpa también de la decisión popular. No dejarse intimidar por el miedo y seguir caminando pese a las adversidades y tener claro que toda conquista se defiende o se la pierde, según la intensidad de la batalla, es pues la tarea cotidiana de nuestra existencia.

    Antonio Abal O.

  • Sin unidad popular, el Estado Plurinacional quedará en manos de sus sepultureros

    Sin unidad popular, el Estado Plurinacional quedará en manos de sus sepultureros

    El conversatorio «¿Fin de ciclo?», organizado por Nuestra Palabra para debatir la unidad del bloque popular y de los pueblos indígena originario campesinos, no fue un ejercicio de nostalgia ni una reunión para lamentar las derrotas recientes. Fue el espacio para una constatación urgente: el Estado Plurinacional está amenazado, pero su ciclo histórico no ha terminado. Lo que se agotó fue una forma de conducir el proceso; lo que sigue pendiente es la transformación profunda del Estado colonial.

    Las intervenciones de Adolfo Mendoza Leigue, Cintya Vargas, Antonio Abal, Horacio Villegas, Andrés Huanca Rodrigues y Jonás Rojas Guzmán coincidieron en un punto esencial: la derecha ha recuperado el gobierno para devolver el país a las élites económicas, el agronegocio, las transnacionales y los intereses de Estados Unidos. Mientras el pueblo soporta la escasez de combustibles, la falta de divisas y el deterioro de sus condiciones de vida, los nuevos dueños del poder preparan la entrega del litio, los hidrocarburos, la minería, las tierras raras y los territorios.

    El proyecto liberal se presenta como salvación, pero funciona como un caballo de Troya. Necesita convencer al país de que la Constitución y el Estado Plurinacional son responsables de la crisis. Así opera la doctrina del shock: profundizar el miedo y la incertidumbre para que la población acepte la entrega de los recursos naturales, la concentración de tierras y la pérdida de derechos.

    Sin embargo, la defensa del Estado Plurinacional no puede reducirse a proteger lo construido ni a idealizar los gobiernos anteriores. Las intervenciones también colocaron sobre la mesa las contradicciones del proceso: la economía comunitaria quedó relegada; la justicia indígena no recibió los recursos necesarios; algunos sectores empresariales capturaron organizaciones sociales; la minería aurífera avanzó sin control, y la izquierda perdió capacidad para interpelar la vida cotidiana de trabajadores, jóvenes y pequeños productores.

    La Constitución de 2009 continúa siendo el mandato del sujeto constituyente y la principal trinchera frente a la restauración oligárquica. Pero defenderla exige volver a discutir el programa: tierra y territorio, agua, litio, gas, minería, medioambiente, mercados de carbono, financiamiento climático y redistribución de la riqueza.

    La unidad tampoco puede construirse sustituyendo la voz de nadie. Debe nacer en las comunidades, sindicatos, organizaciones de mujeres, pueblos indígenas, barrios y espacios juveniles. Requiere escuchar la experiencia de las generaciones anteriores y las aspiraciones de quienes hoy buscan un horizonte propio.

    No basta con declararse anticapitalista y antiimperialista. Hace falta convertir esas definiciones en propuestas concretas y en una nueva conducción colectiva. La derecha ya está unida para saquear. El bloque popular debe unirse para recuperar el gobierno, reconstruir el Estado Plurinacional y devolverle al pueblo la capacidad de decidir su destino.

  • Buenas intenciones

    Buenas intenciones

    La Cumbre Minera concluyó en encuentros del Ministerio con actores sectoriales, cada uno por separado. La información dada a conocer al respecto no es completa, al contrario, es difusa y contradictoria. Se menciona la participación de los actores productivos: estatal, privados y cooperativistas. No se conoce, sin embargo, la posición y los planteamientos de la Corporación Minera de Bolivia, de la Corporación de las Fuerzas Armadas, ni de la Corporación de Seguro Social Militar, que son entes estatales con derechos mineros. Si bien se informa que hubo reuniones con el sector privado, la minería mediana y chica, no se especifica qué plantearon, ni cuáles son sus diferencias.

    El sector cooperativista sí participó, pero dividido. La Federación Nacional de Cooperativas Mineras de Bolivia (FENCOMIN) exigió del gobierno el cumplimiento de un acuerdo del mes de mayo que le reconocía como único representante del sector, oponiéndose a la participación del otro sector y abandonando la Cumbre. Los que sí participaron fueron el sector aurífero, con dos federaciones y una confederación nacional. Se informó que también se escuchó a exautoridades, profesionales, pero tampoco se conoce sus aportes. Al final de la ronda hubo una reunión con la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), quienes, además de dejar por escrito su posición, exigieron una plenaria de todos los sectores, para -por lo menos- acordar una ruta de trabajo.

    Los ausentes son otros actores que, sin participar en la producción, tienen en ella marcados intereses: los pueblos indígenas que reclaman el respeto a su territorio y lo defienden contra la depredación y la contaminación de la minería ilegal; los municipios a los cuales se les despoja de un recurso natural no renovable, que tienen expectativas sobre la compensación y la manera como la actividad minera les afecta; las autoridades departamentales que se benefician de la explotación minera, pero no logran empalmar esta actividad en un polo de desarrollo departamental; la sociedad civil que ve cómo la minería crea enormes fortunas y paralelamente bolsones de pobreza, cómo impávidamente se sacrifica a centenares de trabajadores en la labor extractiva, cómo los millones de dólares que produce la explotación minera no satisfacen a nuestras necesidades de medicinas, ni carburantes, y los planificadores que deben decirnos el rol del sector, enmarcados en un plan de desarrollo nacional.

    La verdad es que a todos nos debiera interesar la minería; un total de exportaciones $us 4.452 millones, a pesar de la caída de su volumen en un 12%, en el primer semestre del 2026, prevé superar los $us 10.000 millones al final de la gestión, superando el total de exportaciones de la gestión pasada. Sin embargo, cuál será el impacto de este crecimiento en la economía nacional: de eso se trata cuando de política minera se habla.

    Lo que se trató de hacer en la Cumbre Minera era el enjuiciamiento de la Ley 535 y de los preceptos constitucionales que le inspiraron. La visión de control del Estado sobre los derechos de uso de los recursos mineros, a través de la suscripción de contratos mineros, era el mecanismo básico introducido para fiscalizar y desarrollar la cadena de valor, incorporando la fundición y la industrialización.

    El índice de su fracaso son las 5000 concesiones que no se adecuaron, con otras 5000 solicitudes que están pendientes de aprobación. No fue posible aplicar la norma -establecida en la Constitución- cuando actores y burócratas venales la boicotean, añorando dar concesiones mineras sin importarles que éstas sean trabajadas o entraban al área de la especulación. La no concreción del contrato minero dio paso a una minería informal y en muchos casos ilegal, informal porque, si bien las cooperativas tienen un derecho preconstituido, no lo adecúan o no acatan todas las normas, como la presentación de balances contables; e ilegales, porque simplemente hacen a un lado la ley y actúan sin control en el desarrollo de la actividad minera.

    La situación es crítica: es necesario resolverla en un acuerdo de todos los actores. Con todo, esta intención debe partir del respeto a la ley como un imperativo, eludir las normas no traerá sino la impunidad como consecuencia. Los sindicatos mineros, con tino, han señalado su oposición a toda modificación a la Ley que viole los principios consagrados en la Constitución y valoran el esfuerzo realizado por plasmar la ley de minería actual en casi cuatro años de concertación de los tres actores mineros, que significó, además, el cambio de tres ministros.

    El tamaño de los intereses que están en juego es de la dimensión de las cifras precedentes, pero hay un sentimiento mayor: que esta riqueza es de todos los bolivianos y debe ser controlada por ellos, para lograr el desarrollo del país.

  • Nadie dice Nada

    Nadie dice Nada

    Hace pocos días un amigo, con quién conversaba, acerca del gobierno actual, en un determinado momento me dijo: “ y..nadie dice nada”, refiriéndose, con seguridad, a que dirigentes de distintos sindicatos, federaciones, etc, guardan un silencio muy parecido a la complicidad. Entonces surge la pregunta ¿quién o quienes son “nadie”?.

    En nuestra larga historia de luchas sociales en Bolivia, una de las características ha sido el protagonismo del pueblo, es decir esa conciencia colectiva que se descubre como el principal actor de la posibilidad del cambio. Pero esa energía acumulada en el seno del pueblo siempre estuvo ligada a un líder, a una dirección; pero existen experiencias recientes de los llamados “autoconvocados” grupos de ciudadanos y ciudadanas que reconocidas como pueblo, en el sentido de la conciencia colectiva, se atreven a ofrecer resistencia y victoria frente a la represión violenta.

    Hoy, un gobierno caracterizado por el nulo ejercicio de la ética en sus actos, no tiene al frente a ninguna organización sólida que pueda frenar la imposición de un ajuste estructural neoliberal y también contra el Estado Plurinacional. los desaciertos del gobierno de Luis Arce (la división de organizaciones sociales nacionales) ha sido el cimiento para que el gobierno desmovilice y derrote al movimiento popular; no habiendo fuerza política capaz de revertir esta situación, las organizaciones económicas y políticas de la derecha boliviana se apuran en amasar fortunas individuales y dejar el camino libre para el ingreso de empresas transnacionales para el nuevo saqueo permitido con el eufemismo de “inversión extranjera”.

    Frente a este escenario de ofensiva neoliberal, y en el contexto de una angurria del dominio imperial, la frase: “nadie dice nada” debe ser transformada para decir “todos y todas decimos todo” es decir retornar la auto-organización como el germen del poder popular, la dispersión existente de muchas voluntades revolucionarias permite la reproducción de la forma y contenido que nos gobierna, somos pues una especie de “revolucionarios gramaticales” como señalaba Gramsci.

    La experiencia de mayo y junio de este año, debe ser asimilada y superada, no por los dirigentes, si acaso existe todavía un poco de conciencia histórica en algunos de ellos; sino por nosotros como pueblo consciente de su destino, los pequeños pasos que se vienen dando en varios centros urbanos, es el aliento de vida de un cuerpo que ha sido herido, pero que no está dispuesto a morir tampoco esta dispuesto a guardar “un silencio parecido a la estupidez”.

    Los pasillos del poder, cada día nos demuestran el ácido olor de la corrupción mientras miles de familias con el ánimo decaído, por la frustración de la derrota de COB no encuentra un referente de confianza que le acompañe en su caminar, por otra parte la maquinaria del poder mediático en manos del gobierno, va debilitando toda posibilidad de futuro, justificando detenciones, denostando a dirigentes y ex autoridades, el ejercicio del poder punitivo “legal” tiene su efecto: la sociedad se encuentra atemorizada no solamente por la violencia psicológica ejercida desde los medios, sino por la materialización de la violencia en las calles de los centros urbanos, violencia que no es frenada por el gobierno porque es parte de su estrategia de mantener la angustia social de sobrevivencia.

    “No hay mal que dure cien años ni pueblo que lo resista” dice una sentencia popular y los males ya superan 200 años de vida republicana, el Estado Plurinacional, que es la alternativa a esos 200 años tiene que que comenzar a volver a caminar con los pasos firmes de un pueblo que no está vencido.