No es novedad señalar que “el mejor oficio del mundo”, al decir de Gabriel García Márquez, ha sido despojado de sus principios éticos y sociales, para convertirse en un agente político, que escudado en las Leyes de protección a este oficio, realizan operaciones políticas para justificar, promover, legitimar, amplificar y consolidar intereses particulares, generalmente económicos, encubiertos como “noticias”.

Malcom X, un activista afroamericano por los derechos sociales en los años 60 del siglo pasado nos decía: “Cuídate de los medios de comunicación porque vas a terminar odiando al oprimido y amando al opresor”. Estas palabras fruto de la experiencia y la segregación racista, han sido confirmadas con los estudios de los efectos sociales de los media (Wolf 1994) y también las estructuras y funciones del discurso (Van Dijk 1996) que han logrado la colonización de la subjetividad (Merlin 2017).

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