Toda revolución ética y moral, trastoca la realidad material y simbólica del Estado y la sociedad, hoy estamos asistiendo a otro escenario donde un cargo público –en este caso del(la) Defensor(a) del Pueblo- es una especie de manjar exquisito para ir sobre él y atraparlo a como dé lugar, pero sin entender a fondo, el sentido de esa misión.

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