¡Y se abrirán las grandes alamedas!

Tal como vaticinó Salvador Allende. Él y otros héroes de la democracia chilena han sido reivindicados de manera masiva y popular, como lo fue en 1970 en el triunfo de la Unidad Popular y su llegada al poder, y posteriormente en este siglo, con casi el 80% de los votantes chilenos optando por descartar la Constitución impuesta sobre su país por la dictadura de Augusto Pinochet y sus padrinos en el Departamento de Estado y la CIA estadounidenses.

En la elección de hace una semana, se dio otra lección democrática eligiendo los 155 miembros de la Convención Constitucional, que en julio iniciará los trabajos para la redacción del nuevo texto de la Carta Magna que será sometido a plebiscito a mediados de 2022, dejando en el basurero de su historia a los Pinochet, los Lagos, los Bachelet y los Piñera.

En este escenario, sobresale la derrota política de la derecha, que no ha logrado su objetivo de conquistar al menos 52 cupos, el tercio que le otorgaría la minoría necesaria para bloquear cualquier contenido en la nueva Constitución, es decir, para proteger el núcleo de granito neoliberal de la actual institucionalidad.

La derecha solo ha obtenido 37 representantes. Completarán la Convención Constitucional un heterogéneo grupo de 48 candidatos independientes (muchos situados en las posiciones antineoliberales), 17 miembros de los pueblos originarios, 28 hombres y mujeres elegidos con el apoyo del Partido Comunista y del Frente Amplio y 25 electos con el respaldo de las fuerzas que integraron la extinta Concertación.

Parecía difícil levantar una nueva fuerza política popular desde 2019 hasta mayo de 2021. Porque ahora históricamente Chile pasó de un ciclo destituyente a uno constituyente. Por lo tanto, el contexto cambió con respecto a octubre de 2019.

Además, en noviembre de 2019, mientras la revuelta estaba en pleno apogeo y tras la mayor huelga nacional desde el final de la dictadura, varios dirigentes del Frente amplio (izquierda alternativa) firmaron el acuerdo «para la paz y una nueva Constitución» con la derecha parlamentaria, acuerdo que incluye todos los límites mencionados. Eso provocó una crisis que ha conducido a su explosión y a la separación de su ala izquierda.

Lo que está claro es que, actualmente, no hay un “giro a la derecha” porque, aunque las fuerzas conservadoras y reaccionarias parecían recuperar terreno, bien a través de victorias electorales, por medio de golpes institucionales o de golpes de Estado, no consiguen estabilizar su nuevo poder, ni parecen tener un plan de gobierno para la región. En este marco, las fuerzas de izquierda, centro-izquierda o nacional-populares, permanecen como opciones concretas a los ojos de millones de personas latinoamericanas, incluso mirando al futuro cercano de noviembre.

Claramente los partidarios de la democratización en Chile han logrado una victoria. Por lo menos, ya lo comprobamos en 2019, ese fue un primer paso. Esto ha sido posible gracias a la presión del movimiento popular. Hace un año y medio, parecía imposible cambiar la Constitución a brevedad. Esta brecha es una consecuencia directa de la rebelión de octubre de 2019, que obligó a la “casta” política a abrir una puerta.

Asistimos a un nuevo resurgimiento del pueblo como sujeto político, cincuenta y un años después de la Unidad Popular, mientras que estos 30 últimos años la vida política funcionó a la inversa, con una pequeña casta, estrechamente vinculada con el oligopolio económico, que gobernaba y dominaba una sociedad atomizada y fragmentada por el neoliberalismo.

Los pueblos marginados en Chile, siete representantes mapuche, dos aymara y uno rapa nui, quechua, atacameño, diaguita, kolla, kawésqar, yagán y chango, aquellos que sueñan un Estado Plurinacional, que resurgen en el camino de recuperar su democracia, su dignidad e identidad, encuentran en medio al gran pueblo chileno que, como en tiempos de Allende, empieza a abrir las grandes alamedas, caminos de esperanza para un pueblo que diseña un futuro cargado de nuevos bríos y con el alma de sus poetas y artistas que construyeron la paz, como Neruda, Víctor Jara, Violeta Parra y tantos que viven en el corazón del Chile glorioso.

*Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y el Caribe

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