Desmantelamiento

Erradicar el comunismo, ha sido el pretexto principal, desde 1945, para que todas las administraciones de gobierno en EEUU, intervengan de encubiertas o frontalmente en todos los lugares del mundo donde existía el “peligro para la democracia”; con el tiempo el discurso fue actualizado y “comunista” fue reemplazado por “terrorista” argumento basado en una tragedia autoejecutada con el propósito de renovación argumental del discurso intervencionista.

La calificación de “terrorista” fue la excusa perfecta y todos los países con influencia de EEUU, incluidos los países con regímenes “progresistas” incluyeron la figura “terrorista” en su estructura jurídica, así el colonialismo seguía su marcha. El avance mundial del fascismo se ha incubado en esos discursos supremasistas.

En Bolivia, con el ajuste estructural, desapareció el cuerpo visible y colectivo de los comunistas o sea los proletarios mineros, que en las fuerzas sociales de resistencia dejó su lugar protagónico a los pueblos originarios. Quéchuas, aymaras, guaraníes, moxeños decidieron tomar el cielo por asalto y lo hicieron, transformaron un Estado monocultural en un Estado Plurinacional, claro que esto quedó escrito en las páginas de la Constitución Política del Estado y el proceso de implementación interrumpido en el año 2019.

No es novedad afirmar la correspondencia que existe entre los gobiernos de la derecha política boliviana con los mandatos y deseos de EEUU, por lo tanto “terminar con el terrorismo” ahora tiene una nueva manera de enunciación, se trata de los demonios, de los diablos, del eje del mal y en esta correspondencia. Uno de esos “demonios” es el MAS como movimiento político, entonces terminar con este “demonio”, personificado en un Lucifer chapareño, es el discurso y preocupación central del gobierno.

El objetivo declarado por todos los candidatos de la derecha boliviana, se está implementando paulatinamente, el desmantelamiento del Estado Plurinacional se está realizando, sin las medidas de shock pronosticadas, un lento proceso de aprobación del parlamento, para reconcentrar la tierra y abrir el mercado de tierras, anhelo de la rosca latifundista; por otra parte una política tributaria que obliga al pequeño productor, comerciante a pagar impuesto, perdonar y suspender esta obligación a los ricos, aprobar decretos dejando de lado los preceptos constitucionales, los anuncios de reformas laborales, son los indicadores de este desmantelamiento.

El Estado “nacionalista” 1952, tuvo igual suerte en la década de los 50 – 60, las oligarquías regionales y los herederos de la rosca minero-feudal, se hicieron del poder, mediante golpes de estado, claro está, restituyeron el antiguo régimen, en un proceso de “restauración”, cosa parecida es el objetivo de la hegemonía política que nos gobierna, pero….pero…los tiempos han cambiado, la acumulación de una conciencia colectiva con identidades claras, ha demostrado su fuerza en las jornadas de enero del presente año y las protestas espontáneas por las contradictorias medidas tomadas luego de la tragedia del avión siniestrado en la ciudad de El Alto, son las pulsaciones de un cuerpo con vida, de una memoria histórica presente.

En este escenario violento ocasionado por la codicia imperial, son importantes los logros locales, esos pequeños pasos de rearticulación de identidades, de pequeños grupos reflexivos, de organizaciones sociales casi destruidas, de los movimientos de mujeres, y sobre todo de la recuperación de la memoria de resistencia.

No podemos terminar estas líneas sin la manifiesta solidaridad con los pueblos de Palestina, de Irán, de Venezuela y la heroica Cuba, que resisten las agresiones salvajes del imperialismo.

Antonio Abal O.

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