Diversas fuentes de información han dado cuenta de un hecho por demás preocupante: militares de Bolivia se dedican al ciberespionaje de sus propios conciudadanos, so pretexto de controlar la «sedición» y desarrollar un trabajo permanente de inteligencia. Este lamentable rol al que rebajan a las Fuerzas Armadas de Bolivia es, apenas, la punta del iceberg.

Qué se esconde debajo de esa actividad violatoria del derecho a la privacidad consagrado por nuestra Constitución Política del Estado? Nada más ni nada menos que la entrega de la seguridad nacional a intereses extranjeros. ¿A dónde va a parar toda la información recopilada por los diligentes uniformados? Sin duda alguna, a las agencias de espionaje de Estados Unidos y del Mossad israelí, inicialmente.

En la misma línea de entrega de la soberanía nacional por parte de la dictadura de Jeaninne Añez, no hace mucho que ha sido publicada la denuncia del entrenamiento militar de soldados ecuatorianos en territorios palestinos ocupados ilegalmente por el estado sionista de Israel, bajo bendición del imperialismo yanqui. Es parte del pago que hace el presidente ecuatoriano Lenin Moreno a sus amos del Norte, por el inestimable servicio de haberlo ungido como primer mandatario de ese país.

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