La última y pequeña víctima del odio

La noticia nos ha impactado, estremecido y angustiado. Circula a través de las redes solidarias de internet, porque, hasta el momento de escribir estas líneas, la prensa “libre” y los medios de comunicación guardan el acostumbrado silencio y miran para otro lado. Patricia Hermosa, ex jefe de gabinete de Evo Morales, ha perdido su bebé en la cárcel.

Acusada –nada nuevo bajo el sol– de sedición y terrorismo por la dictadura de la autoproclamada Jeaninne Añez, fue encarcelada con una premura que, por supuesto, no se aplica para los delincuentes de cuello blanco que asesinan a la población diariamente, con sus asquerosos negociados. De nada ha valido su condición de mujer, de madre en estado de gravidez, para que los esbirros del amenazador y amenazante Arturo Murillo, cumplan las órdenes de máxima severidad con todo lo que huele a masismo, a evismo, a indio, a pueblo.

Estas “autoridades” se han pasado por el trasero las garantías de la Constitución Política del Estado, que señala expresamente en el parágrafo I del Artículo 74, que es responsabilidad del Estado la reinserción social de las personas privadas de libertad, velar por el respeto de sus derechos, y su retención y custodia en un ambiente adecuado, de acuerdo a la clasificación, naturaleza y gravedad del delito, así como la edad y el sexo de las personas retenidas.

El nuevo Código del Sistema Penal, aprobado a fines del año pasado por la Asamblea Legislativa Plurinacional, estableció con firmeza que, para todo delito a las mujeres embarazadas y que tienen a su cargo a niños menores hasta un año, “no se les aplicará esta pena de prisión preventiva”.

Jeaninne Añez, mujer y madre, no ha respetado ni siquiera lo que ella misma firmara, el Decreto Presidencial 4226 del 4 de mayo de este año, que establece la necesidad de medidas sustitutivas y la reevaluación de casos de personas privadas de libertad, especialmente de “las personas mayores y mujeres embarazadas o con hijos lactantes…”.

En este y otros casos, ha podido más el odio y la ceguera política de quienes no perdonan a un gobierno popular y revolucionario que devolvió la dignidad a indios y mestizos y que aprobó una Ley contra todo tipo de discriminación. ¡Igualarnos con estos salvajes! ¡Inaudito! Ahora hay que sentarles la mano, con la ley en la mano o con la ley en el… “A estos masistas hay que darles tal escarmiento, que mañana no tendrán ganas de volver”, habrán pensado y hablado los represores a la hora de sus evaluaciones y toma de decisiones.

¿Qué se puede esperar de esta banda de desalmados? ¿De esos pititas infelices que se autodenominan Resistencia Juvenil Cochala, ávidos de patear mujeres campesinas que marchan pacíficamente? ¿Qué sentimiento de humanidad pueden tener quiénes son, finalmente, asesinos por encargo de asesinos? ¿Justicia en tiempos de dictadura? ¿Habrá culpables en el caso del asesinato del bebé de Patricia?

Pero la vida es más fuerte que la muerte. El hálito de vibras buenas de ese pequeño ser indefenso, condenado a muerte antes de nacer, alimenta los corazones de cientos de miles de madres como Patricia, que luchan por un mundo mejor, por el Vivir Bien, por sus derechos, que son los derechos de todas y de todos. Que siembran amor en cada uno de sus actos, que claman justicia con justicia, porque hartos estamos de tantos crímenes, negociados y asquerosidades, en tan poco tiempo.

¡Animo, Bolivia! La ya larga y tenebrosa noche de terror, parece estar llegando a su fin. Brillará pronto el sol de la libertad y la vida renacerá.

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