Cuando el fuego era azul

El año pasado, justamente por estas fechas cuando el invierno arrecia y la sequedad en las zonas tropicales se nota en el ambiente, los medios masivos de comunicación se dieron a la tarea de denunciar las quemas que provocaron no pocos incendios. Decían los comedidos “expertos” –nombre que se daban los eternos odiadores cuya piel un poco más clara los hace sentir superiores– que todo era culpa de los collas que se habían venido por estas tierras bajas, alentados por un gobierno de salvajes.

Entonces, también, se habló de un ecocidio y se identificó al culpable, que no era otro que el muy indio de Evo Morales, cuyas huestes de bárbaros masistas se daban a la tarea de quemar sus chacos sin cuidado alguno. Verdes políticos y ecologistas de escritorio clamaron entonces que debía, de una buena vez por todas, declararse desastre nacional y permitir que la cooperación internacional se hiciera cargo del asunto, habida cuenta de la incapacidad del gobierno de aquel entonces. El rasgado de vestiduras trascendió las fronteras hasta conmover a no pocas ONG y a la burocracia internacional, que decía tener lista la ayuda para combatir el entuerto.

En verdad, muchos se creyeron que el pavoroso desastre había aparecido justo ese año del 2019; que era un fenómeno único producto de la incapacidad e insensibilidad del gobierno al que había que combatir. Nadie sospechaba que era pretexto y consigna para tumbar al indio, como lo fue la otra famosa de los servicios de salud y la campaña del “yo apoyo a mi médico”, con que nos aturdían todos los días. Formaba parte del libreto de ese entonces, mostrar en la televisión las imágenes de pobres animalitos aterrados que eran rescatados por manos bondadosas del terrible incendio, exasperando de esa forma los ánimos y apelando, como todas las noticias deliberadamente manipuladas, al sentimiento del hombre y de la mujer de la calle. ¡Un motivo más para desear la pronta salida del indio que gobierna mal a este pródigo país!

Cuando alguna voz sensata intentaba explicar que el fenómeno de las quemas del oriente boliviano que producen pavorosos incendios es una constante desde que se ha impuesto el modelo de desarrollo agropecuario a gran escala, inmediatamente era acallada con el anatema de “masista”. Nadie –o muy pocos, con la voz embargada– identificaba las causas de estos desastres, que se encuentran precisamente en un tipo de agricultura que prioriza el monocultivo, el uso de transgénicos y la saturación de herbicidas y otros venenos, para favorecer al sector agroexportador. Y todo ello, en nombre de la seguridad y la soberanía alimentaria, haciéndonos creer que esa actividad está destinada al noble propósito de proveer de alimentos a la gente.

En ese nadie se incluye, por supuesto, a autoridades del gobierno de Evo Morales que torcieron de a poco el sentido de la Revolución Democrática y Cultural que caracterizaba los orígenes de ese proceso. Fresca está en la memoria la triste escena en la que, en una Cumbre Agropecuaria realizada en Santa Cruz, la dirigencia campesina manipulada por un ministro de Estado, terminaba por aceptar con sorda rabia, lo que se les decía era el progreso y el crecimiento económico.

Hoy, julio del 2020, los titulares de prensa se nutren de la desgracia. El periódico La Razón destaca en primera plana que “El fuego devora 91.342 hectáreas en el parque nacional Otuquis” para, a reglón seguido, señalar que “Entre el 1 de enero y el 22 de julio de 2020 se registraron 48.668 focos de calor; durante el mismo período, en 2019 se registraron 44.902; un incremento de 8,3%”.

¿Qué indican estas cifras? Que cada año, con el permanente ensanchamiento de la frontera agrícola que beneficia a los grandes productores del sector agro exportador boliviano, también se masifican esas prácticas de quema y chaqueo, que dan origen al desastre. Dicho en pocas palabras, que hoy, 2020, estamos peor en la materia que el año pasado; que de seguir por ese camino, el 2021 y los subsiguientes años, los incendios serán mayores. ¡Menos mal que ahora tenemos una presidenta blanquita que es del lugar y conoce del tema!

¿Dónde están las voces “patrióticas”, las damas “cívicas” y los verdes de todos los tonos que el año pasado protagonizaban marchas en Santa Cruz? Ironías de la política, muchas de ellas ataban pititas para poner en el gobierno a una banda de delincuentes para el que hoy sólo tienen boca para pedirle que postergue una y otra vez las elecciones.

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