Etiqueta: Yo apoyo a mi médico

El año pasado, justamente por estas fechas cuando el invierno arrecia y la sequedad en las zonas tropicales se nota en el ambiente, los medios masivos de comunicación se dieron a la tarea de denunciar las quemas que provocaron no pocos incendios. Decían los comedidos “expertos” –nombre que se daban los eternos odiadores cuya piel un poco más clara los hace sentir superiores– que todo era culpa de los collas que se habían venido por estas tierras bajas, alentados por un gobierno de salvajes.

Entonces, también, se habló de un ecocidio y se identificó al culpable, que no era otro que el muy indio de Evo Morales, cuyas huestes de bárbaros masistas se daban a la tarea de quemar sus chacos sin cuidado alguno. Verdes políticos y ecologistas de escritorio clamaron entonces que debía, de una buena vez por todas, declararse desastre nacional y permitir que la cooperación internacional se hiciera cargo del asunto, habida cuenta de la incapacidad del gobierno de aquel entonces. El rasgado de vestiduras trascendió las fronteras hasta conmover a no pocas ONG y a la burocracia internacional, que decía tener lista la ayuda para combatir el entuerto.

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Hipócrates fue un famoso medico griego que nació casi quinientos años antes de Cristo. Observador acucioso del organismo humano, es el más célebre de los médicos del mundo; no sólo por sus conocimientos en una época de escaso desarrollo de la ciencia médica, sino por su amor al prójimo procurando evitarle sufrimientos y por su respeto a la vida humana. Inspirado en ese ejemplo, en 1948 se redactó el juramento apodado “hipocrático” en una convención realizada en Ginebra, Suiza; una suerte de compromiso que es prestado por los profesionales que se gradúan en esa rama. Es cuando solemnemente repiten el texto siguiente: “En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad. … Tendré absoluto respeto por la vida humana”.

En las postrimerías del gobierno de Evo Morales, el pueblo boliviano fue víctima de una de las más criminales y largas huelgas que se recuerdan en la historia moderna: a título de mejores condiciones de trabajo y otras demandas, los médicos negaron el servicio a miles de pacientes, olvidando el juramento realizado. Una millonaria campaña adornaba las vitrinas de negocios elegantes, autos último modelo y centros privados de salud, con la consigna “Yo apoyo a mi médico”. El pretexto encubría su férrea oposición a que el país contara con un Sistema Único de Salud (SUS) que pretendía aminorar las abismales diferencias en la calidad de los servicios de salud, hasta ahora basados en una estructura de seguros gremiales absurdo. Tan pronto fue derrocado Evo, desaparecieron como por ensalmo todas las preocupaciones y reclamos de los galenos, que retornaron mansos y tranquilos a sus fuentes de trabajo. Ya habían cumplido su parte en el complot made in USA para sacar del poder al irreverente indio que afirmaba que la salud es un derecho humano y no una mercancía.

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El incremento de casos de contagio con corona virus y su virtual concentración en los departamentos de Beni y Santa Cruz, forman parte de las múltiples aristas que tiene el pésimo tratamiento de esta pandemia en el país. Cada día, la prensa amordazada y autocensurada da cuenta de nuevos casos, tanto de contagio como de desenlace fatal, desmintiendo los supuestos logros y avances con que quiere hacer campaña electoral la autoproclamada presidenta. La dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho coadyuva al empeoramiento de la situación con una pésima gestión salpicada por negociados y chambonadas que dejan al descubierto la esencia misma de un gobierno hecho por el imperialismo yanqui sin más propósito que alinearlo a sus políticas de dominación en su “patio trasero”.

Una primera pésima señal fue el cambio de ministro de salud, en medio de la crisis. No es que el anterior fuera una lumbrera ni mucho menos; es también parte de esa rosca de galenos que no vaciló en sabotear de manera permanente, salvaje e irresponsable, todo intento del gobierno popular y democrático de Evo Morales por reestructurar los servicios de salud en el país. Recordemos las huelgas por días, semanas y meses que dejaban a los pacientes a la intemperie del servicio, apoyadas por una muy bien financiada y orquestada campaña que se sintetizaba en la consigna “yo apoyo a mi médico”. En ese entonces, la “dictadura” de Evo, como todavía sostienen algunos despistados pititas, buscó de manera incesante el diálogo y la concertación, convencido de la buena fe de los galenos privilegiados que se escudaron y se escudan detrás de los colegios médicos.

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