Las visiones discriminadoras de comunicadores y medios

Un par de imbéciles ha puesto de manifiesto el tratamiento discriminador de comunicadores y medios de comunicación que, micrófono, cámara y/o computadora como arma, se creen con el derecho de agredir e insultar impunemente [imbécil: 1. adj. Tonto o falto de inteligencia. U. t. c. s. U. t. c. insulto. Diccionario de la Real Academia de la Lengua]. Todo, claro está, en nombre de la libertad de expresión; eufemismo que esconde, en realidad, la libertad de empresa comunicadora, dispuesta a vender sus espacios y su voz al mejor postor que, por lo general, es el que mejor puede pagarle, sin interesar de dónde vienen las treinta monedas.

Los dos tipos a los que hacemos referencia dicen ser “periodistas” europeos y se han referido al nivel intelectual de los militantes del Movimiento al Socialismo. Uno de ellos abre el tema, conjeturando que “En Bolivia hay una gran masa de la población que es ignorante, que no está al tanto de las noticias de política, de economía, etc.” El otro, ni corto ni perezoso, coincide con la ofensiva presunción, afirmando que “Yo creo que sí, de eso no me cabe absolutamente ninguna duda, porque el votante medio del Movimiento al Socialismo es un votante con un nivel intelectual nulo, prácticamente inexistente, ya no te digo cultural, no, no tienen prácticamente nivel”. Es el mismo mercenario que se prestó, no hace muchos días, a atacar mediáticamente a Evo Morales, sin darle derecho a réplica, sobre supuestos hechos delictivos. Confesó, porque de otra no le quedaba, que todas las “pruebas” le habían sido proporcionadas por el bocón del ministro Arturo Murillo. Huelgan los comentarios.

En suma, esta sui generis interpretación sociológica explica cómo una recua de asnos –con las debidas disculpas a tan noble animal– de más de tres millones de bolivianas y bolivianos, ha depositado su voto para elegir presidente y vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, a Luis Arce Catacora y David Choquehuanca, respectivamente. En el otro extremo, brillantes demócratas, cultos y cultivados, a pensar del perdedor Luis Fernando Camacho, han elegido a la crema y nata de Santa Cruz, como sus representantes en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Nunca antes, sostiene el aspirante presidencial a quien más del 85% del electorado le ha dado la espalda, Santa Cruz ha tenido una representación tan genuina de decencia y solvencia intelectual y moral, medida, tal parece, por el tono de piel y el grosor de la billetera de quienes se sumaron entusiastas a la propuesta del ex cívico cruceño. Las amenazas de arrasar en ese departamento con más del 70% del voto popular se han trasmutado, por ahora, en el slogan de “defendamos lo que es nuestro”, en un claro llamamiento sedicioso a cuestionar las elecciones nacionales. La gran prensa, el gobierno llamado por ley a poner freno a todo acto subversivo y los políticos y “analistas” del sistema, callan la gravedad del hecho en siete idiomas.

Esta doble moral que caracteriza a los grandes medios de comunicación en Bolivia, amordazados por los intereses a los que representan y defienden, explica también la tibia reacción ante el retardo en la entrega de la información sobre el resultado de las elecciones, inicialmente prevista para las ocho de la noche y, finalmente, entregada a regañadientes pasada la medianoche del 18 de octubre. ¿Es posible imaginar semejante conducta si hubiera estado de presidente el defenestrado Evo Morales? ¡Horror de horrores! ¡Dictadura! ¡Ha ahí la prueba del monumental fraude masista! Pero no, con doña Jeaninne hay que ser tolerantes; total que errar es de humanos.

Otro caso de singular tratamiento diferenciado es el supuesto fraude electoral de las elecciones de octubre del 2019. Un acucioso equipo de investigadores ha comparado todas y cada una de las actas que sirvieron de “prueba” a la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) para afirmar que hubo un “inexplicable” variación en la tendencia lógica del cómputo. Más raudo que una gacela, Tuto Quiroga preguntó el año pasado en conferencia de prensa, comedidamente concurrida: “¿saben qué significa eso? ¡Fraude!“. E inmediatamente, los medios masivos de comunicación se dieron a la tarea de repetir y repetir la mentira, en grandes titulares. Carlos Mesa aportó con un adjetivo más: monumental fraude.Un mínimo de decencia y equilibrio informativo, obligaría a estos medios a publicar en la magnitud de esos mismos titulares, los resultados de la investigación comparativa: el MAS IPSP no sólo sacó la misma votación en todas y cada una de las mesas observadas por la MOE de la OEA, sino que demostró que en varias de ellas, la votación fue inclusive superior a los resultados mostrados como “prueba” del “inexplicable” explicable.

Que grupos violentos y de paramilitares perdedores anuncien a voz en cuello su decisión de resistirse a aceptar el veredicto popular, merece poca o ninguna atención. Es la democracia, pues. Todos tenemos derecho a expresarnos, ¿no? A menos que tengas tinte azul, que eso es dictadura de la que el pueblo se cansó y que no quiere que vuelva nunca más.

Pero, ¡qué tozudo es este pueblo boliviano!

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