Un candidato de pacotilla

Cierre de año trae algunas anécdotas políticas lamentables; entre ellas, la de la “unidad” de varias fuerzas políticas conservadoras y de derecha, en torno a la candidatura del tristemente célebre Waldo Albarracín. El título de esta nota no pretende ser denigrativo; se refiere a la baja calidad del elegido para tal fin por las agrupaciones Sol.bo, del actual alcalde Luis Revilla; Unidad Nacional, del k´encha Samuel Doria Medina y; Comunidad Ciudadana, de Carlos Mesa Gisbert.

Y es que el famoso Waldo Albarracín ya ha inscrito su nombre en la historia como uno más de aquellos golpistas que, en noviembre del año pasado, hicieron coro al fraudulento invento de la Misión de Observación Electoral de la OEA y dieron pábulo a la teoría que sustentó el asalto al poder por parte de la autoproclamada Jeaninne Añez y la gavilla de delincuentes que asumió el gobierno por la fuerza. El ahora candidato propició precisamente la reunión a la que asistieron los golpistas junto a representantes de gobiernos extranjeros gobernados por la derecha y, por tanto, afines a Washington, para elegir entre gallos y medianoche a quién luego se convertiría en la primera figura formal del golpe aquel. Una acción que bien podría encuadrarse en el delito de traición a la patria, por concertar su futuro con potencias extranjeras cuyos representantes diplomáticos tampoco tuvieron escrúpulos para participar en esta descarada injerencia en los asuntos internos de Bolivia.

Previamente, y en su calidad de Rector de la Universidad Mayor de San Andrés, el personaje de marras utilizó los recursos de esa casa de estudios superiores –por tanto, fondos públicos que pertenecen al conjunto de bolivianas y bolivianos– para promover la asonada con acciones previas. Entonces, en franco abuso de poder y sin disimulo alguno, en complicidad con numerosos catedráticos, instó a los estudiantes al bloqueo de calles y a engrosar a los “pititas”, a cambio de calificaciones académicas y otras prebendas. ¿Podremos algún día cuantificar el enorme daño que se ha hecho no sólo a esos futuros profesionales, sino a quienes deben ser beneficiarios de sus conocimientos académicos? ¿Qué solvencia podrá tener un médico que pasó la materia sólo porque el Magnífico Rector instruyó que no se pasaran clases y se engrosara artificialmente la oposición a un gobierno democráticamente elegido? Quizá nunca lo sabremos; o lo apreciaremos por algo más que negligencia médica, siguiendo el ejemplo.

Para el cometimiento de esas acciones, tuvo la indecencia de conformar un comité “de defensa de la democracia”, utilizando la misma sigla de aquel otrora glorioso CONADE, conformado no para dar golpes de Estado, sino para defender al gobierno democrático en aquel entonces presidido por Lidia Gueller Tejada, frente a los narco militares Luis García Meza y Luis Arce Gómez. Entonces, las organizaciones de trabajadores y campesinos, de intelectuales y de partidos democráticos, conformaron ese comité, de cuyo pasado y de cuya sigla se aprovechó sin tapujos el ahora propuesto candidato a alcalde por la derecha golpista.

De pacotilla, ciertamente, es también la alianza que lo promueve. Son, en última instancia, los mismos golpistas que se reunieron para dar el golpe artero a la democracia el año pasado, con masacres de militares y policías golpistas que se vendieron por treinta monedas de plata. Al menos, así lo confirma la confesión propia del mismísimo Luis Fernando Camacho, que alardeó que de la vergonzosa operación de soborno se ocupó su propio padre, a quien la historia identifica como el asesino de universitarios y luchadores sociales abatidos en los predios de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, en aquel infausto golpe de agosto de 1971.

Con absoluto desprecio por la memoria popular, Waldo Albarracín hace gala de malabarismo verbal para disfrazar la historia, y dice en su mensaje de aceptación de su candidatura, que la asume para “Defender la democracia, porque aquí estamos aliados y unidos aunando fuerzas y esfuerzos para defender las tendencias democráticas en contra del autoritarismo”. Tal vez nos equivocamos y, en ese caso, pedimos las disculpas del caso, y se refiere al autoritarismo del pueblo, que le ha dado una verdadera paliza electoral a los tres grupos que, ahora, pretenden oxigenarse buscando una alcaldía.

¿Alegarán “monumental fraude” en marzo? No sería nada extraño.

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