El Abaddon del siglo XXI

La Iglesia católica ese poder nacido en las catacumbas y la creencia profunda de la fe en la redención de los pobres, de los marginados, fue reemplazado por una burocracia que a lo largo de su vida se ocupó de perfeccionar esta máquina que ya tiene más de dos mil años de vida y que ha servido para dominar conciencias y acumular poder y riqueza.

En Bolivia la historia de la Iglesia Católica, ya lo dijimos antes, llega del brazo de Pizarro y se adueña de vidas y haciendas, la iglesia tiene sus propios pongos y m’itanis y utiliza el derecho de pernada cometiendo el pecado de la carne constantemente.

Hasta hoy ésta práctica es socapada y protegida por la burocracia eclesial, la pederastia no es castigada sino “perdonada” y sus autores mantenidos dentro de esta verdadera cofradía de charlatanes con sotana.

El poder terrenal es la obsesión de estos predicadores de la muerte, porque no defienden la vida sino organizan la muerte, como en noviembre del 2019. Echan agua bendita a las máquinas de la muerte. Sus palabras huecas, diseminadas en los púlpitos, están llenas de mentiras y que obligarían a ponerse colorado al mismísimo Jesús de Nazareth. En el libro El Silencio de Horacio Verbitsky (ed. La página 2006 Argentina) se puede leer una trama de poder y traición que involucra al actual Papa.

La Iglesia católica pretende darnos lecciones de moral, cuando toda su historia está llena de inmoralidades, quiere dar lecciones de piedad cuando no le tembló la mano para quemar a miles de mujeres consideradas “brujas”, quiere dar lecciones de democracia cuando es una organización vertical, monárquica con una cohorte y un príncipe.

En el proceso descolonizador, una de las batallas más duras, es la batalla de la subjetividad individual, aquella forjada en los catecismos y los cuadros de un infierno imaginado para construir el miedo en la infancia, que será el chip activado durante toda la vida de hombres y mujeres que fueron obligados a una “entrega” a su poder mediante el bautizo.

¿Qué existen buenos cristianos? Claro que sí, como existen buenos militares, buenos policías y buenos abogados, pero son un grano de arena en las dunas institucionales de esos cuerpos corporativos.

El Estado Plurinacional permite y garantiza la libertad de culto, como un derecho individual, derecho cooptado, no solamente por la Iglesia católica sino por todos esos instrumentos imperiales denominados iglesias evangélicas (con excepción de algunas históricas) que son hoy el caballo de troya para destruir culturas, pueblos, naciones y Estados.

La descolonización, en su espesura práctica, pone a prueba al sujeto para revisar su propia vida, colonizada y su acontecimiento descolonizador. Es pues un desafió de práctica de vida, no de teorías etéreas a la que nos acostumbró una academia colonial.

Los 14 años transcurridos en uno de los primeros experimentos de autodeterminación política, han dejado innumerables experiencias para continuar con el intento de construir un Estado Plurinacional, una de esas experiencias es que la descolonización no debe ser solamente un postulado, una hueca palabra, sino debe tener su primer lugar en la batalla de la verdadera independencia.
Descolonizar es romper los viejos moldes que deformaron la conciencia de nuestras raíces, de nuestros símbolos y códigos, de nuestras comidas y nuestras danzas.

Son tiempos de construcción y confrontación, no se puede descolonizar y reconciliar al mismo tiempo. La reconciliación, a estas alturas del desarrollo de la conciencia plurinacional, es una postura reaccionaria y conservadora, por eso mismo su abanderada es la Iglesia católica, esa que promovió y bendijo la muerte de Atahuallpa, de Túpac Katari y su esposa Bartolina, de Zarate Willka, y para este tiempo, de los hermanos de Senkata y Huayllani.

*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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