Estado de situación

Algunos ingenuos, pensaron que el Estado Plurinacional estaba construido solamente a partir de la promulgación de la nueva CPE, que habíamos superado el Estado colonial y su fase liberal. La falta de un proceso sostenido de formación de conciencia plurinacional hizo que esta idea se propague y, de manera intencionada, se concentró la construcción del Estado Plurinacional solamente en el Órgano Ejecutivo, que no logró implementar una estrategia de consolidación del poder popular, especialmente en los centros urbanos.

La ausencia de esta estrategia, logró que la política tradicional se apoderé de todos los resquicios del poder estatal, la burocracia retomó su vieja práctica colonial ejerciendo lo que Foucault denominó “microfísica del poder”, esta práctica en los hechos permitió la sobrevivencia y reproducción del Estado colonial.

Hoy, luego de la recuperación del sistema democrático de gobierno, vemos como la estructura estatal se mantiene en la vieja matriz colonial y la política se ha mercantilizado de tal manera que hemos retornado al viejo sistema liberal del “cheque contra cheque”, porque no otra cosa es la disputa de espacios de poder, no por avanzar en el “proceso de cambio” sino por la facilidad de amasar fortunas particulares.

Las recientes decisiones del sistema judicial, es la muestra palpable de la crisis estatal, que no es el agotamiento de su forma liberal, por el contrario, es su consolidación, debido a que se ha naturalizado la mercantilización de la justicia y la evidencia de su poder e influencia en la misma estructura de poder político.

Entonces todo el discurso de la democracia liberal de la división de poderes no es nada más que un mal recuerdo de la “apariencia” que según Maquiavelo debería caracterizar a la nobleza y siguiendo a este autor diremos que hemos naturalizado la corrupción, la política como enriquecimiento personal, el desclasamiento y la pérdida de identidad cultural, que la policía sea uno de los mayores peligros para la seguridad ciudadana, y todo esto porque, como dice Maquiavelo “El que engaña encontrará siempre quién se deje engañar.”

Y en esto, los actuales medios de comunicación privados y estatales se han convertido en los voceros de esa “naturalización de la desmemoria” (la fase desmemoria es un aporte de Marcelo Valko).

Entonces ¿Qué quedó del proceso de cambio? Personalmente pienso que lo valioso de los últimos 20 años de la vida política en el país en la utopía como el horizonte claramente identificado y vivido intensamente en los días de la Asamblea Constituyente. Esa utopía que combina más realidad que sueños, porque emerge de las raíces profundas de nuestras culturas con el nombre de “vivir bien”.

Como señaló el Che, en su afirmación de que el Marxismo es una guía para la acción: “se han descubierto las grandes verdades fundamentales, y a partir de ellas, utilizando el materialismo, día a día se va interpretando la realidad” esas “grandes verdades” provenientes del Marxismo han sido enriquecidas, en Bolivia, con la definición de un nuevo sujeto histórico: los pueblos originarios y su filosofía otra, como posibilidad de propuesta civilizatoria.

Nos encontramos, en medio de esa disputa histórica entre los resabios del Estado colonial y su desmontaje, por supuesto que no vemos acciones decididas que vayan encaminadas a desmontar el Estado colonial, por eso la necesidad de retomar la utopía y caminar.

Los escollos para este caminar se encuentran ya en el seno mismo de las organizaciones que comenzaron la marcha, les conquistó el brillo de efímero poder y la acumulación individual, proceso necesaria para depurar la herencia genética de la colonialidad.

El derrumbe del Estado colonial, en su forma liberal es la tarea continental, las pulsaciones de los pueblos originarios a lo largo del Abya Yala son la utopía, que se acerca y aleja con la intensión de hacernos avanzar, nada está perdido todo está siendo construido.

*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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