Los sacrificios han sido constantes en la historia, unas veces para aplacar la furia de los dioses, otras para rendir pleitesía. El sacrificio más famoso es el de Jesús de Nazareth, un sacrificio para salvar a una comunidad de hombres y mujeres.

En este gobierno se ha sacrificado a una pieza de su maquinaria, figura muy discutida y con afanes histriónicos para conseguir popularidad, pero este sacrificio obedece a un fortalecimiento de la familia presidencial.

El alejamiento del señor Rafael Quispe no tiene el acento político de ajustes para mantener la imagen de solidez de un gobierno que se resquebraja muy rápidamente, es una más de las nieblas que pretender empañar la opinión del ciudadano de a pie que cada día se enfrenta a los atropellos a la dignidad humana.

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