Manuel Gonzáles Prada fue un peruano que acuñó la frase que sirve de título a esta nota. La usó para denunciar los terribles niveles de corrupción de la sociedad de su época; ahora la rescatamos para graficar la dramática situación por la que vive Bolivia, a manos de una banda delincuencial que se hizo del poder mediante un golpe de Estado.

Al ya denunciado escándalo por la compra de inservibles respiradores de España, realizada nada más ni nada menos que por el yerno de la presidenta autonombrada, y que salpica no sólo a los ministros y funcionarios encargados de las adquisiciones estatales, sino que enloda también a Jeaninne Añez, se suman nuevos y más hechos de corrupción. Bolivia es, hoy en día, un país saqueado por miserables asaltantes de cuello blanco, que se han distribuido el botín de guerra para robar lo más que se pueda, en el menor tiempo posible, habida cuenta de la corta de vida que tiene y que le resta a esta dictadura. Lo último filtrado por la prensa al respecto es la denuncia de la esposa del defenestrado ministro de Salud –sin duda, involucrado hasta el cuello en el negocio de marras– que afirma, con toda razón y sin que ello sea un atenuante para el delito cometido por su cónyuge ministro, que la señora Jeaninne Añez estaba completamente al tanto de todas las compras que se hacen en la materia. Más claro, agua.

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