Un réquiem para “DEMÓCRATAS”

Estamos viviendo tiempos de incertidumbre. Ninguno de los órganos del Estado se encuentra cumpliendo con las obligaciones que tienen. Es natural observar a paramilitares que hacen gala de su impunidad y protección legal, los partidos políticos se han convertido en instrumentos privados de los intereses personales y de clanes familiares y el respeto a las normas legales es una actitud del pasado.

La renuncia de la candidata a la presidencia por el Frente JUNTOS, se inscribe en ese estado de anomía que se vive en Bolivia desde noviembre del 2019.

La derecha moderna boliviana, al igual que el MNR se organiza después de la guerra del Chaco (1932 1935) con el nombre de Falange Socialista Boliviana (FSB) en 1937 y con la característica del uso de la violencia como método, en su cruzada anticomunista, tal como ocurrió en el congreso de la izquierda boliviana en 1940, disuelta por la irrupción de militantes de la FSB. De ahí en adelante la derecha boliviana tendrá este sello como su principal característica.

El correlato de la FSB, en los años 70 será Acción Democrática Nacionalista (ADN) que logró llevar a la presidencia a Hugo Banzer (dictador militar desde 1971, hasta el año 1979) en 1997, partido que murió juntamente con su caudillo el año 2001.

La derecha boliviana se reorganizó en la ciudad de Santa Cruz, con el denominativo Movimiento Demócrata Social, más conocido como “Demócratas” esta organización política fue fundada por Rubén Costas, antiguo militante de ADN. Los “demócratas” han sido anulados políticamente, con la reciente decisión de Jeanine Añez.

La corta vida de los “demócratas”, apenas siete años, nos señalan la fragilidad del empeño por construir un partido serio y con presencia en todo el territorio boliviano por parte de la derecha boliviana y es que el centro generador de un proyecto regional anclado en la ciudad de Santa Cruz y promovido desde el Comité Cívico de esa ciudad, impide una irradiación al resto de los departamentos y obliga a este núcleo a pactar con organizaciones regionales para enfrentar elecciones nacionales. El último intento fue JUNTOS, un frente que realizó una alianza con organizaciones políticas regionales como Sol Bo de la ciudad de La Paz, Unidad Nacional que tiene representación en la ciudad de El Alto y con TODOS agrupación política de la ciudad de Tarija.

Es bueno, para confirmar la afirmación de la fragilidad de la derecha boliviana, detenerse en la figura de Adrián Esteban Oliva Alcázar que fue militante y jefe de juventudes del MNR, luego miembro del partido político Convergencia Nacional, de Camino al Cambio, hasta que finalmente fundó el partido político Vanguardia Integración, organización que le permitió ser gobernador del departamento de Tarija con la Alianza UD-A. Actualmente fundó la organización política TODOS y el año 2019 apoyó al candidato Carlos de Mesa, en las actuales elecciones cambio de dirección apoyando a la presidente Jeanine Añez.

El caso de Adrián Oliva, es el de muchos políticos profesionales de la derecha boliviana, que se ingenian siglas y acuerdos para mantenerse vigentes, en la política regional sin lograr presencia nacional. El descalabro de la política como servicio al bien común es producto de este comportamiento, que no ocurre solamente en Bolivia sino se ha convertido en una constante en varios países de América latina.

La actitud de Jeanine Añez no hace otra cosa que confirmar que la política en Bolivia responde más a los intereses de los poderes fácticos regionales, que no pueden constituirse en representación política nacional y cuyo interés, hoy por hoy, es impedir el retorno del Movimiento Al Socialismo (MAS) al gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia.

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