Etiqueta: Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR)

Luis Revilla es la imagen más clara del envilecimiento de la política como búsqueda del bien común, pero también es la síntesis de una generación que buscó en el MIR esa recuperación de la praxis revolucionaria, los vericuetos y desplazamientos del MIR y su ocaso, todo ello lo encontramos en el ex alcalde Revilla.

“¡Jodidos estamos todos!” Fue la respuesta que Oscar Eid Franco dio a un joven de apellido Lazcano que pedía instrucciones acerca de su futuro. Eid Franco, el cerebro de los giros y acomodos del MIR, estuvo involucrado en un caso de narcotráfico y cumplió su sentencia en la cárcel de San Pedro. Ese fue el fin político del MIR, pero sus divisiones internas mantuvieron vigencia política como el MBL, que terminó en una alianza con el MNR.

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¿O el frente de Luis Larrea se ve perdido o están tratando de ganar tiempo? No sabemos cuáles son las intenciones del presidente del colegio médico paceño que otra vez propone cuarentena y postergar las elecciones subnacionales. O lo que es peor llamar a un paro medico que debería ser considerado como un atentado a la Salud Publica.

Curiosamente en la misma línea el dirigente cívico de Santa Cruz, Fernando Castedo, ha planteado a los tres niveles de gobierno que lo que se vive actualmente es mucho más duro que lo que se vivió el año pasado, en ese sentido, plantea la postergación de las elecciones del próximo 7 de marzo.

No es posible que los caprichos políticos y un estado de ánimo exaltado del dirigente de los médicos y ahora candidato a la alcaldía, intente cambiar el escenario electoral, que como sabemos, el TSE ha señalado que no habrá modificación del calendario. Cualquier consideración de postergación de las mismas debe sujetarse a informes y datos precisos, no a sensaciones, no a demandas políticas. La intensidad de la pandemia y el crecimiento del número de casos será una variable decisoria respecto a la temporalidad de la votación.

Habrá que esperar los reportes especializados. Es poco responsable por tanto adelantar criterio absoluto sobre si las elecciones deben realizarse o no en la fecha prevista. La movilización ciudadana durante la jornada electoral debe contar con todas las medidas de bioseguridad, como se hizo en los comicios de octubre pasado. Corresponde pues cuidar la salud ante el rebrote del coronavirus y, al mismo tiempo, preservar nuestro derecho a elegir en democracia.

No podemos olvidar los exabruptos de Larrea, sus palabras adjetivadas para referirse a las autoridades de salud del gobierno del ex presidente Morales, denotan un complejo de superioridad. Pero también su mala educación se hizo evidente en el diálogo propuesto por el ministerio que sin argumentos valederos y simplemente para demostrar su jerarquía y poder abandonaba las reuniones, no sin antes insultar a las anteriores autoridades.

Otro aspecto de sus afanes políticos que ya se había denotado en 2019 cuando, la otrora alianza “Bolivia dice No” de Oscar Ortiz le propuso ir como candidato a la vicepresidencia en lugar de Edwin Rodríguez. O quizás, más que llamar la atención, era la confirmación de la línea de ese frente político que buscaba a radicales y confrontadores. Larrea refleja esa vieja herencia colonial del desprecio a los demás. Las expresiones de éste, han definido su racismo respecto al actual gobierno y sus operadores de salud.

Tampoco debemos olvidar que Luis Larrea es militante del MNR y seguramente le aflige una doble frustración al constatar la virtual muerte de este partido político, ello hace que destile todo su odio a quienes considera culpables de esa situación. O es que lo que dicen que Larrea es hijo de uno de los asesinos de Lucho Espinal, Enrique Larrea, de ahí su carácter represor que se expresa en conductas violentas como las que evidenciamos.

Su pasado golpista, su mala educación y su comportamiento de intolerancia hacia otros actores de la vida política del país, desde su puesto de dirigente y ahora de candidato, evidencian su intención de dirigir las acciones del Ministerio de Salud. Bien sabemos que el gobierno no cederá a sus apetitos cuyo tinte político es muy evidente.

*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

Ha contestado Jerjes Justiniano a mi nota referida a su camaleonismo pero, como siempre, para no responder nada. Me atribuye desconocimiento de una parte sustancial de la historia de la política boliviana, para inmediatamente lanzar dardos ponzoñosos contra la figura y la obra de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Inútil faena. De Marcelo se acuerda el pueblo y es objeto de estudio y seguimiento no sólo de los muchos intelectuales honestos que abundan en nuestra América. Del que se autoproclamaba socialista, casi nadie…

Señala que “Marcelo Quiroga Santa Cruz fue un divisionistas de izquierda (sic!)…”, para, a continuación, tergiversar la historia y mostrar una faceta del líder socialista que no corresponde a su trayectoria: “Lo patriótico y lo responsable era estrechar filas en torno a la UDP sin embargo Marcelo no lo hizo, aunque primero le pidió al Dr. Hernán Siles Zuazo ser él el candidato…”. Con esta versión, Marcelo pasa a ser un politiquero de la misma calaña del autor del brulote; un simple interesado en ser candidato a como dé lugar, a negociar y negociarse sin más ni más.

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Estamos viviendo tiempos de incertidumbre. Ninguno de los órganos del Estado se encuentra cumpliendo con las obligaciones que tienen. Es natural observar a paramilitares que hacen gala de su impunidad y protección legal, los partidos políticos se han convertido en instrumentos privados de los intereses personales y de clanes familiares y el respeto a las normas legales es una actitud del pasado.

La renuncia de la candidata a la presidencia por el Frente JUNTOS, se inscribe en ese estado de anomía que se vive en Bolivia desde noviembre del 2019.

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En 1985, el Ajuste Estructural llega de la mano del viejo MNR, un partido que enarboló consignas revolucionarias, que ya se encontraban, como demandas en los movimientos sociales de la época como los campesinos, fabriles y mineros “Minas al Estado y tierras al indio” formaban parte del imaginario revolucionario, que se fue construyendo desde las cálidas tierras del Chaco. “La guerra del Chaco, con su absurdo carácter de duelo multitudinario entre soldados desnudos, es el fenómeno a partir del cual comienzan la conciencia y la rebelión de las clases nacionales”i nos dice René Zavaleta. Y es que hasta entonces los patrones de hacienda y los dueños de las minas decidían el destino de Bolivia.

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El titulo de la columna, es una frase extractada de una conferencia que diera Augusto Céspedes (el Chueco), el 24 de julio de 1973 en el instituto de Investigación y Capacitación Política “Carlos Montenegro”.

En esta conferencia titulada La táctica del golpe del 21 de julio de 1946 Augusto Céspedes caracteriza a la oligarquía en Bolivia como el grupo social y económico que “se mantiene en el poder mediante la violencia, una violencia sistemática y metódica” de élite y casta que además “asimilaba todo aquello que se llamaba revoluciones; las neutralizaban o las absorbían y continuaban mandando sin mayor preocupación”.

En esta misma conferencia hace referencia a esa democracia falsa y entreguista denunciando los abusos de la casa Grace, la Railway, las compañías molineras y las grandes empresas mineras.

Argumenta que el gobierno de Gualberto Villarroel, el presidente derrocado y asesinado en un farol de la plaza Murillo ese aciago 21 de julio, era acusado de nazi fascista, por exigir mejores precios para el estaño que se vendía a los EEUU y sus aliados a precio de gallina muerta. Calcula en bases a estudios realizados entonces por Fernando Baptista, que Bolivia había regalado 600 millones de dólares de entonces para la defensa de la civilización occidental.

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La respuesta parece obvia, pero definitivamente no lo es. Más allá de cómo se nos presentan a los ojos las cosas, es preciso entenderlas en sus lógicas internas, en sus vericuetos, en sus idas y vueltas, para comprenderlas no solo en sus formas, sino también en sus contenidos.

Pese a su alejamiento del Gobierno, indudablemente Evo Morales continúa siendo el contingente donde se atesora la esperanza de los sectores más pobres del país: del pequeño productor campesino, del migrante que vive en las zonas suburbanas que circundan nuestras ciudades capitales, del trabajador por cuenta propia, de los constructores, maestros y ayudantes, del vendedor ambulante.

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