Preocupantes señales desde el Gobierno

Las festivas concentraciones populares que dieron la bienvenida al nuevo gobierno presidido por Luis Arce y David Choquehuanca han trasladado su escenario a la ruta de retorno de Evo Morales. Las multitudinarias manifestaciones de regocijo a su paso, no sólo ratifican su calidad de líder indiscutible del MAS IPSP, sino que confirman la esperanza de cambio de bolivianas y bolivianos, severamente castigados por la crisis generalizada en la que ha dejado al país la dictadura.

Tras el anuncio de la conformación del nuevo gabinete, sordas protestas se han dejado oír, particularmente en los movimientos sociales –verdaderos artífices del aplastante triunfo electoral de este 18 de octubre pasado– para mostrar su desacuerdo con lo que se consideraba un principio consensuado: el no retorno de antiguas autoridades y la conformación de un gabinete con la fuerza política suficiente para diseñar una estrategia para encarar los grandes desafíos que se tiene por delante.

Uno de los casos que más preocupación causa es el del sector salud. No vale la pena redundar sobre los efectos de la pandemia en la población. Pareciera también innecesario recordar que diversos especialistas en el mundo entero han coincidido en la necesidad de contar con un sistema de salud estatal fuerte, capaz de brindar atención rápida a aquellos sectores que, por su condición de pobreza, se muestran como los más vulnerables a la propagación del COVID 19. Y que estas premisas, en el caso boliviano, deben aterrizar en una –esta vez sí– clara decisión de poner en marcha gradualmente el Sistema Único de Salud que considere, asimismo, la inclusión de la medicina tradicional y las llamadas medicinas alternativas convergentes.

Un ex ministro del Acuerdo Patriótico, el puente entre los ríos de sangre de la dictadura banzerista con la socialdemocracia en el país, no es precisamente una garantía para que aquello ocurra. Por el contrario, se trata de un profesional formado a la vieja usanza, que priorizará probablemente la medicina basada en el actual sistema anacrónico de salud, privilegiando a las empresas privadas que, a título de clínicas y laboratorios, hicieron su agosto durante el gobierno anterior, cobrando precios exorbitantes por salvar vidas. ¿Es que no hay más médicos de mérito en el MAS IPSP?

En segunda fila van apareciendo rostros que tampoco alientan buenos augurios. Es el caso de un ex ministro de Salud del gobierno de Evo Morales, quien se caracterizó precisamente por poner un freno a los intentos por estructurar el Sistema Único de Salud y vio salpicada su gestión con observaciones que incluían su falta de título profesional y no pocas desafortunadas declaraciones que violaron los principios de privacidad que deben primar entre médico y paciente. Ahora, ha sido designado como viceministro de Defensa Civil, por encima de otros meritorios y jóvenes profesionales.

Por cierto, todas estas autoridades merecen el derecho de la duda. Sin embargo, ante la gravedad de la crisis que debe enfrentarse, es necesario tomar todos los recaudos para contar con los mejores profesionales –hombres y mujeres– que, por decirlo en el argot futbolístico, “se pongan el equipo al hombro” y tengan la suficiente autoridad moral y política para propiciar los necesarios cambios que deben producirse, si de verdad se quiere profundizar el proceso en su perspectiva socialista y comunitaria.

Una primera tarea es precisamente hacer un diagnóstico profundo sobre el Poder Ejecutivo, para determinar si su actual estructura es funcionalmente operativa para la tarea estratégica. Sabido es que muchas de esas instancias son una herencia del pasado que, ni siquiera con la promulgación de la nueva CPE, pudo ser armonizada con las nuevas necesidades del naciente Estado Plurinacional.

Abrigamos la esperanza de que, una vez concluida esa fase, los cambios que se produzcan sean llevados a cabo por probados militantes del MAS IPSP, con la conducción política, seguimiento y monitoreo de los movimientos sociales; particularmente de aquellas “masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados; […] las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina” de las que nos hablaran el Che y Fidel.

Que las malas señales no se ratifiquen en concesiones graciosas a la derecha, fuente de traición y caída. La historia enseña y no tenemos derecho a tropezar dos veces en la misma piedra.

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