Coordenadas de una coyuntura de emergencia

Una dura batalla se libra en el departamento de Santa Cruz, el gobernador pretende arrasar con el partido de Rubén Costas y lograr la hegemonía política, unos personajes chilenos, penetran a territorio boliviano y demuestran que algunos jefes policiales, se encuentra en el negocio de los autos robados en Chile.

Hemos sido testigos que miembros de la aduana nacional son descubiertos destripando movilidades decomisadas para ser vendidas por partes, la justicia sigue en su práctica pendular respecto al juicio de Jeanine Añez, los consorcios descubiertos son cosa del pasado y no dan señales de cambio.

Todo lo señalado está empañando la gestión de gobierno, la certidumbre y confianza en el gobierno por estas evidencias se debilitan. El golpismo, por su parte, sigue con su estrategia de desgaste con varios frentes abiertos al gobierno.

El escenario de lo político no es, exclusivamente la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) podríamos decir que es el escenario “chico” de la política, el espacio mayor de lo político, entendido como un campo es el conjunto de la sociedad, esa sociedad que los golpistas han sabido interpretar y manejar con mucho éxito desde mucho antes del 21 de febrero del año 2016.

Ese espacio político ha sido cedido, sin dar batalla a los golpistas, quienes actúan en ese amplio campo con cuerpos de intelectuales, de instituciones como los Colegios de Profesionales, de Universidades, trabajan con aliados en el magisterio y mantienen sus medios de comunicación que posicionan agendas como la del boicotear el Censo de Población y Vivienda, además, de la elección del Defensor del Pueblo.

La vieja política derechista está cobrando vida, pretendiendo dar lecciones de gobierno y de democracia, no otra cosa son las “apariciones” de ex miristas transformados en “sin miedo” aconsejando “negociar” en el parlamento, es decir, retornar a la democracia “pactada” o “aconsejar” un juicio de responsabilidades para la ex senadora Jeanine Añez; demostrando su total desconocimiento de que nos encontramos en otro periodo de nuestra historia demarcada por la nueva Constitución Política del Estado.

La ausencia de cuadros políticos del MAS, ha dejado en la solitaria figura de Evo Morales el trabajo político, intento empañado por las discrepancias inocultables entre servidores públicos y Evo Morales.

La famosa “batalla de las ideas” no existe, sólo un constante monólogo de los académicos e intelectuales al servicio del proyecto restaurador de la vieja república colonial, oligárquica, racista y patriarcal.

La iniciativa política esta en el campo de los golpistas, aunque bien sabemos que en la ALP nunca se ponen de acuerdo y su rol de propuestas políticas no tienen ningún peso a la larga porque mantienen su objetivo y eso supera cualquier coyuntura democrática.

Por el contrario el MAS como organización política tampoco tiene peso en el gobierno y Evo Morales trata de irradiar acción y pensamiento político desde el trópico cochabambino, como lo hizo durante unos 15 años antes de llegar al gobierno, lamentablemente esta estrategia no es la más aconsejable por el tipo de trabajo que implica, sobre todo en el movimiento indígena originario campesino y por el nuevo contexto existente en el mismo trópico (por ej: la ausencia de un enemigo tangible como la DEA).

El déficit del trabajo político urbano, es el otro gran vacío, las organizaciones de profesionales solamente son agencias de empleo y no productores y reproductores de pensamiento y acción político-ideológica.

La repetición de frases hechas no es trabajo político, el frenar debates internos no es un acto revolucionario, entregar direcciones políticas orgánicas a personajes de dudoso pasado político-ideológico, tampoco es revolucionario.

¿Se abandonó la postura revolucionaria y se optó por el pragmatismo político? A veces no es necesaria una respuesta, los actos hablan por sí mismos.

Los ciclos de posibilidad revolucionaria, en la historia de Bolivia, tienen periodos muy cortos, recordemos el ciclo del llamado “socialismo militar” o la rebelión popular de abril del 52, que no duró ni dos años como gesta revolucionaria.

Los 15 años del proceso de cambio han demostrado que existe una fuerza efectiva y potencial en el proyecto que tiene su origen en las bases indígenas originarias y campesinas, dispuestas a continuar con el ciclo de transformaciones; ésta es la esperanza y la fuerza que debe guiar las acciones del gobierno, de lo contrario la sombra de la derrota puede mostrarse a futuro debida a nuestros propios errores.

*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

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