A los por demás graves problemas que van desgastando de manera vertiginosa a la dictadura de la autoproclamada Jeaninne Añez, se suma ahora un tsunami de descontento, protesta y movilización de las autoridades subnacionales. La razón es muy simple: luego de años de estabilidad económica y disponibilidad de recursos frescos, los municipios del país languidecen por inanición.

Conviene recordar siempre que, en ese tiempo pasado, era posible planificar el desarrollo local porque se tenía la certeza de contar en el momento oportuno con los recursos financieros que fueron posibles gracias a la nacionalización de nuestros hidrocarburos. Y si no, habrá que preguntarle al permanente opositor gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, cuya popularidad la debio en un 100% a planes de electrificación rural financiados con recursos del Estado Plurinacional provenientes de aquella decisión soberana.

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