Etiqueta: Dictadura de Jeaninne Añez

NUESTRA PALABRA No 14

Acorralada por distintos frentes sociales e institucionales, repudiada hasta por los suyos por su deslealtad y ruptura del mandato de transición, la presidenta de facto y candidata Jeanine Añez no tuvo más remedio que promulgar la Ley N° 1304, el pasado 21 de junio. Esta Ley formulada por la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), en función a sus atribuciones constitucionales, da curso a la realización de las elecciones generales el día 6 de septiembre de 2020, tal como el Tribunal Supremo Electoral (TSE) lo propuso y lo consensuó con las distintas tiendas electorales. Con esta certeza, nuestro país ahora se prepara para ejercer su derecho a la democracia plena que, en las actuales circunstancias, equivale directamente a defender la vida.

La democracia es la soberanía del pueblo para decidir su propio destino, así lo establece la Constitución Política del Estado (CPE), en su Artículo 7, señalando que: “La soberanía reside en el pueblo boliviano, se ejerce de forma directa y delegada. De ella emanan, por delegación, las funciones y atribuciones de los órganos del poder público; es inalienable e imprescriptible”, de modo que nadie puede arrogarse el derecho a proscribirla como hoy lo hace y pretende extremar el régimen de Añez.

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A los por demás graves problemas que van desgastando de manera vertiginosa a la dictadura de la autoproclamada Jeaninne Añez, se suma ahora un tsunami de descontento, protesta y movilización de las autoridades subnacionales. La razón es muy simple: luego de años de estabilidad económica y disponibilidad de recursos frescos, los municipios del país languidecen por inanición.

Conviene recordar siempre que, en ese tiempo pasado, era posible planificar el desarrollo local porque se tenía la certeza de contar en el momento oportuno con los recursos financieros que fueron posibles gracias a la nacionalización de nuestros hidrocarburos. Y si no, habrá que preguntarle al permanente opositor gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, cuya popularidad la debio en un 100% a planes de electrificación rural financiados con recursos del Estado Plurinacional provenientes de aquella decisión soberana.

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Fiel a su estilo, Carlos Mesa reaparece –video mediante– para dar su palabra ante la crisis que vive la dictadura. E inicia su speach afirmando que, si hubiera que elegir una palabra para este histórico 20 de mayo de 2020 en el que él nos habla, el vocablo elegido seria “decepción, gran decepción”. No es para menos, pues la dictadura presidida por la autoproclamada Jeaninne Añez debería ingresar, con méritos sobradamente propios, al libro de records de Guiness por la cantidad de delitos cometidos en ejercicio de gobierno, en un tiempo histórico extraordinariamente corto. Y don Carlos Mesa, junto a Luis Fernando Camacho, el otro padre putativo de la dama encumbrada, no puede menos que sentir decepción.

Fiel a su estilo periodístico, se conforma con lanzar algunas preguntas sobre lo que está pasando. Y se cuestiona si la presidenta se enteró del escándalo de la compra de los famosos respiradores que ahora no la dejan ni respirar, por la vía de las redes sociales o por qué medio. Vaya preocupación de don Carlos Mesa; similar a la de cualquier padre que teme por los malos pasos que va dando la hija a la que cree haberle dado vida política, como si los verdaderos padres de este engendro fuesen ángeles asexuados y no demonios que hacen cumplir las órdenes que vienen desde Washington.

Carlos Mesa, fiel a su estilo, está convencido de que es el tiempo de mostrarse como un papá bueno. Como tal, entiende que no todo es culpa de la pobre e inocente señora. Tiene ella nada más ni nada menos que enfrente a los verdaderos jinetes del Apocalipsis, encarnados en el MAS. Y arremete a renglón seguido contra la “violencia criminal” de los seguidores de Evo Morales.

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Literalmente, el escándalo por la compra de los respiradores o ventiladores hecha por la dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho, tira excrementos por todo lado e intenta –por la vía de los grandes medios– involucrar hasta al defenestrado MAS, como culpable del delincuencial y doloso negociado que se hace con la salud del pueblo.

El tema, políticamente manejado, encuentra a dos seudo contrincantes en posición de apronte, aunque repartiéndose sonrisas por si acaso esto termine por favorecer al candidato de los salvajes e indios. Carlos Mesa se frota las manos, cada vez que salen a luz los nombres de los ministros, viceministros, directores, cónsules y demás comedidos que, de seguro, algo mordieron con el sobreprecio desvergonzado. Finalmente, piensa, son hombres y mujeres de la otra candidata.

El tema es serio. No han sido unos cuantos centavos, ni el famoso “10% de comisión” de las compras estatales: se trata de un sobreprecio que va más allá de la prudencia; entre tres y cuatro veces el valor real de mercado, por cada aparato, además de caro, inservible. ¿Dónde está ese dinero? ¿Se evaporó? Tal vez una respuesta audaz del muy inteligente ministro Murillo es que esa platita está en los bolsillos del Evo en Buenos Aires, ya que su aparato de inteligencia ha detectado que “Fernando Valenzuela, responsable de la Dirección Jurídica del Ministerio de Salud, fue relacionado con el MAS ya que llegó a esa cartera de Estado junto a Gabriela Montaño”; como reseña una comedida nota de prensa. En suma, todos salpicados, menos el ilustre e ilustrado candidato Carlos Mesa, pieza de recambio de la embajada norteamericana, seguramente preocupada porque su mujer de confianza le salió corneta.

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Pese a la censura impuesta a la prensa, no dejan de filtrarse a través de diferentes canales, las expresiones de protesta de la población humilde de Bolivia, en contra de los continuos desatinos de la dictadura de Jeaninne Añez, Carlos Mesa y Fernando Camacho. Esta vez, los medios masivos y los medios alternativos de comunicación no han podido ocultar, al menos, dos de las más recientes expresiones que son síntoma del cansancio nacional: los sendos bloqueos de pobladores de Quillacollo, Cochabamba y del norte de Potosí.

El conjunto de medidas impuestas a punta de bayonetas y amenazas de castigo divino por la dictadura no ha dado remedio a ninguno de los graves problemas que cotidianamente debe enfrentar la población, en particular, aquella de condición humilde, que se caracteriza por llevar el pan al hogar con el trabajo diario en el mercado, en el taller, en la carpintería, en la movilidad de transporte público, en el pequeño solar campesino, en la tienda de barrio…

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